Las señales que se dan siguen siendo negativas
Las políticas fiscales y monetarias desmedidamente expansivas son el origen del problema inflacionario que atraviesa nuestra economía. Para peor, el desdoblamiento del mercado cambiario potencia las expectativas de devaluación y de inflación, alimentando la presión sobre el nivel general de precios. Además, las restricciones a las importaciones reducen la competencia y (también) contribuyen con las presiones inflacionarias. En pocas palabras, la decisión por parte del BCRA de aplicar políticas fiscales y monetarias desmedidamente expansivas para “fogonear” el crecimiento económico terminó generando lo que muchos economistas presagiaban: sostenida y elevada inflación atenta contra la tasa de crecimiento del nivel de actividad. De hecho, en el 2012 fuimos el país de la región con más inflación y el único cuya tasa de aumento de precios se aceleró, a pesar del enfriamiento del nivel de actividad económica que atravesó nuestra economía. Hay diferentes variables que alimentan la inflación y explican por qué el aumento del nivel general de precios no se frena, aun en un marco de fuerte desaceleración del nivel de actividad doméstica. – Política fiscal: A pesar de la brusca caída en la tasa de crecimiento de los recursos tributarios (del 28% al 25% respecto del 2011), se mantuvo una política de gasto expansiva, que hizo crecer las erogaciones primarias a un ritmo promedio del 29% interanual. Es decir, cuatro puntos por arriba de su fuente natural de financiamiento. Esta dinámica intensificó el uso de fuentes heterodoxas (resultado cuasifiscal del BCRA + rendimiento de cartera de la Anses), que se expandieron un 40% en forma combinada, aportando nada menos que 27.000 millones de pesos anuales. Con todo, no se logró reducir el desequilibrio fiscal que por el contrario subió, observándose un resultado primario negativo por primera vez desde el 2003. – Política monetaria: En un marco en el cual el nivel de actividad habría crecido 1,4% promedio anual, la emisión del 2012 se mantuvo elevada y cerró con un aumento entre puntas del 39%. En este marco, no debería sorprender que la inflación haya cerrado en 25,6% anual el año pasado y que la cotización del dólar blue haya subido 39% (equivalente a la emisión). Es decir, con un crecimiento económico prácticamente nulo, la creación de dinero “se fue a precios” y al dólar paralelo. Cabe resaltar que la creación de dinero –neta de Lebacs– fue de $82.000 millones y el 85% de la misma (70.000 millones) se destinó para financiar al fisco. Esos 70.000 millones de pesos se conformaron de 60.600 en concepto de adelantos y 9.400 millones de utilidades contables. Los últimos datos del primer trimestre del 2013 muestran que el incremento de la base monetaria se ubica en el 37% anual. No se nota por ahora una aceleración, pero tampoco una disminución. – Mercado paralelo del dólar: El aumento del dólar paralelo del 39% también ejerce presión sobre el nivel de precios. Los agentes económicos con capacidad de fijar precios o salarios comienzan a ajustar sus ingresos para cubrirse de la pérdida que podría ocasionar una devaluación oficial que cierre la brecha entre el dólar oficial y el blue. – Precios: Los últimos aumentos autorizados por el gobierno en el 2012 elevaron el piso inflacionario e impactaron tanto en el cierre del año pasado como en el comienzo del 2013. El 2012 terminó con una inflación (punta a punta) en torno del 25,6% anual, lo que implicó una aceleración de más de dos puntos porcentuales respecto de la del 2011 (22,3%). En resumidas cuentas, los hechos parecen indicar que, con una economía estancada, la emisión de dinero para financiar al Tesoro durante todo el corriente año impactará en la inflación y en el mercado del dólar paralelo.
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