«Contado desde adentro»: una exjueza y un forense del Alto Valle revelan cómo convirtieron el crimen real en una saga policial, «Muertes administradas»

Alejandra Berenguer, recientemente jubilada, y Gustavo Breglia, médico forense, presentan "Muertes administradas", la primera entrega de una saga ambientada en el Alto Valle que toma como punto de partida décadas de experiencia en investigaciones criminales.

Por Verónica Bonacchi

Hay algo que distingue a los buenos policiales: la sensación de que quien escribe conoce el territorio que pisa. En “Muertes administradas”, ese territorio es exactamente el lugar donde sus autores trabajaron durante décadas. Alejandra Berenguer acaba de jubilarse tras 33 años como fiscal y jueza. Gustavo Breglia continúa desempeñándose como médico forense. Durante años, compartieron edificio, expedientes y conversaciones técnicas. Ahora, a dúo, escribieron una saga policial.


El libro, publicado por Editorial Dunken, es apenas el comienzo.
Mientras presentan esta primera entrega ya tienen terminadas dos novelas más y una cuarta en marcha. Los protagonistas son una médica forense, Gabriela Tabares; un policía tan eficiente como oscuro, Luis Contador; y Martha Bustillo, una fiscal inteligente que llegó a la historia después de que Berenguer leyera el primer borrador y advirtiera que faltaba una voz capaz de equilibrar el relato. Los tres forman el tridente de esta saga que será presentada en la Feria del libro de Roca.

Gustavo Breglia y Alejandra Berenguer, en el hall del diario Río Negro, con su libro, «Muertes administradas».


La historia transcurre en el Alto Valle, aunque nunca nombra una ciudad en particular. Los escenarios, el río, el viento, los galpones, las chacras y las rutas son reconocibles para cualquier lector de la región, pero también podrían pertenecer a muchas otras ciudades patagónicas.


En diálogo con Lecton, ambos hablaron sobre el origen de la saga, el trabajo de escritura a cuatro manos y el modo en que la experiencia profesional terminó inspirándolos y convirtiéndose en un policial.


-¿Cómo surgió la idea de escribir no uno sino tres libros?
-En principio eran tres, aunque ya empezamos el cuarto -cuenta Berenguer-. Terminamos el tercero con tanto envión que seguimos escribiendo. Tuvimos que frenar porque primero había que publicar este, pero la idea siempre fue construir una saga. Nos dimos cuenta mientras escribíamos el segundo libro -dice Breglia-. Había demasiadas historias para contar y los personajes seguían creciendo. El tercero termina cerrando un círculo y resignificando cosas que aparecen desde el primer libro.


-¿Cómo se conocieron y decidieron escribir juntos?

-Trabajábamos en el mismo edificio -dice Berenguer-. Él como médico forense y yo como jueza. Empezamos hablando de un caso puntual y de una investigación que finalmente no prosperó. Después descubrimos que los dos éramos lectores de policiales y ahí apareció Agatha Christie.


Breglia retoma la historia: “Yo tenía un borrador escrito desde 2020. Era un esqueleto, con dos personajes principales. Se lo pasé para que lo leyera y ella me dijo inmediatamente: “Acá falta un personaje”. Ese personaje terminó siendo Martha Bustillo, la fiscal. Y ahí empezó todo: el ida y vuelta que los convirtió en coautores.


Berenguer recuerda que al principio no quería figurar como coautora. “Le dije que el libro era suyo. También tenía mis reparos porque todavía era magistrada y la novela es bastante irreverente. Tiene una mirada crítica sobre el sistema de investigación del que formé parte durante más de treinta años. Finalmente me convenció y terminamos escribiéndolo juntos”.


-¿Cómo funciona una escritura a cuatro manos?
-Teníamos lo que llamábamos “reuniones editoriales” -explica Breglia-. Alejandra llegaba con casos reales que había investigado durante su carrera. Los desarmábamos, los mezclábamos, los ficcionalizábamos y después cada uno seguía escribiendo en un documento compartido.
Berenguer agrega: “Llegó un momento en que escribíamos al mismo tiempo. Él modificaba un párrafo mientras yo estaba cambiando otro. Era muy divertido.


-¿Cuánto hay de ustedes en los personajes?
-Muchísimo -admite Berenguer-. Martha se parece bastante a mí. Yo fui fiscal varios años, aunque fui más tiempo jueza que fiscal. Pero el tiempo que fui fiscal, fui fiscal de comisaría, la primera de la provincia. Entonces, vivía dentro de una comisaría. En ese momento, se creó una división judicial: yo tenía mi oficina y un empleo judicial; el resto eran 50 policías, 47 hombres y 3 chicas. Entonces, mucho tiempo fui fiscal de comisaría, después fui fiscal y después jueza de instrucción. La jueza de instrucción, como el código todavía no se había modificado, también investigaba. Ahora, desade hace 10 años, eso no ocurre. Pero antes era diferente. Así que tuve muchos años de investigación y muchos de los casos vienen hilvanados de distintas experiencias o son combinaciones de distintas experiencias y Marta, que es la fiscal, se parece bastante a mí.


Breglia coincide, aunque pone un límite. Con razón: el personaje de la médica forense de la historia es completamente fría y despiada. “Los personajes parten de algo autorreferencial, pero sólo en los primeros escalones. Después todo es ficción. Pero creo que el esqueleto, el andamiaje, sí es un poco autorreferencial. Lo importante es que el libro transmite con bastante fidelidad cómo funcionan la Justicia, la policía y el cuerpo médico forense”
Como dicen los dos: “ Está contado desde adentro”.

El primer libro está más bien dedicado al personaje de la médica forense, Gabriela Tabares, que es una suerte de Dr. Jekill y Mr Hyde. «Tuvimos que humanizarla un poco. Es parte del personaje, el tema es cuando ella acepta la propuesta que le hace el oscuro policía. Y necesitábamos tener con quién confrontar, entonces ahí aparece Marta, la fiscal. Porque si no era muy lineal -dos tipos haciendo fechorías-; necesitábamos a alguien que pudiera mediar un poco y aparece Marta, que después también se prende. La forense y el policía estaban desde un inicio».

Si el primero se ocupa de Tabares, el segundo está destinado a la fiscal, y el tercero, al policía, Luis Contador.

-¿Y hay situaciones reales?

-En algunos capítulos hay situaciones que fueron absolutamente ciertas. Hay muchos capítulos que hicimos a partir de situaciones ciertas, y que dieron pie a engancharlos con otras situaciones, mezclarlos, y hacer un caso. Son situaciones ciertas que confluyen; capaz con tres o cuatro hechos arman un capítulo, explica Breglia.

Uno de esos recuerdos pertenece a la propia Berenguer. Recién llegada como fiscal a una comisaría, en un ambiente casi exclusivamente masculino, decidió volver al día siguiente de un homicidio para reconstruir la escena del crimen. “La noche que ocurrió, cuando se desconocieron unas bandas y hubo muerta, algo más habitual de lo que el común de la gente considera, yo fui a la comisaría y les dije a todos: mañana a las 7, todos con rastrillos arrancamos. ¿Qué está diciendo, doctora? Que añana con rastrillos vamos a buscar, porque acá no se está haciendo la tarea, no podemos saber quién disparó primero, a dónde dispararon, las trayectorias, nada. Hay que hacerlo bien. Y al otro día, a las 7 de la mañana, fuimos. Algunos me habrán detestado más y otros me empezaron a querer. Ese capítulo, que está ficcionalizado, realmente existió.


-La historia transcurre en el Alto Valle, pero nunca dicen exactamente dónde. ¿Por qué?

-Queríamos que cualquiera pudiera reconocer el lugar -explica Berenguer-. Puede ser Neuquén, Cipolletti, Allen, General Roca o cualquier otra ciudad. Las dinámicas son muy parecidas.


-Sin proponérnoslo -agrega Breglia-, el paisaje terminó teniendo muchísimo peso. El río, el frío, las estaciones… Todo eso le dio una identidad muy local a la saga.


-Los personajes están lejos del héroe clásico, justiciero. Son bastante incómodos.
-Son antihéroes -responde Breglia-. El libro tiene una mirada crítica sobre la Justicia, la policía, algunos sectores de la Iglesia, del sindicalismo y, más adelante, también de la política. Pero nada de eso nace de la fantasía. Todo está inspirado en situaciones que, de una u otra forma, vimos durante años.


Mientras “Muertes administradas” comienza a llegar a las librerías, ambos ya piensan en lo que viene. Dicen que todavía quedan muchos casos por resolver.


Cómo adquirirlo


“Muertes administradas”, publicado por Dunken, se consigue en las librerías de la región, o puede pedirse a través de las redes del dúo autoral: @el_tridente_la_saga.


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