«Reliquia», de Pol Guasch: el libro que convierte el duelo en una extraordinaria experiencia literaria
Con una prosa de extraordinaria belleza, Pol Guasch explora en Reliquia el suicidio de su padre y construye uno de esos libros que trascienden la experiencia personal para hablar de la memoria, el amor y las huellas que dejan quienes ya no están.
“Reliquia”, del catalán Pol Guasch, es un libro conmovedor y precioso. Precioso a la manera de esos libros que quedan para siempre. Y es raro decir eso -precioso, tantas veces- cuando se trata de un texto nacido del dolor. El nuevo libro de Pol Guasch, joven prodigio de las letras catalanas, nacido en 1997, autor de “En las manos el paraíso quema”, y “Napalm en el corazón”, es el primero en el que abandona la ficción para hundirse en las entrañas de su propia vida. Y es la historia del suicidio de su padre, que a su vez se suicidó igual que su abuelo, colgándose de la misma viga, en la misma casa.
“Habría agradecido una nota”. Así, con esa frase lapidaria y fundante, comienza este libro que ahora debería formar parte de los libros imprescindibles sobre el duelo. Porque aunque es la historia suya, y la de su padre, que se quitó la vida cuando él tenía 15 años, el domingo 13 de enero de 2013, “Reliquia” es también un libro sobre la ausencia, y sobre lo que deja la ausencia; sobre la herencia, sobre el estigma de una supuesta herencia biológica del suicidio; sobre las familias, los silencios, el amor, la amistad y la escritura.

La portada de “Reliquia” es una fotografía del padre de Pol Guasch, cuando tenía 25 años. El parecido con el autor es inquietante. Guasch tiene dos hermanos adoptivos y él es el único hijo biológico. Todo el peso de esa posible herencia parece recaer sobre él. Y esa semejanza recorre el texto en forma de preguntas: ¿qué heredamos realmente de nuestros padres? ¿La sangre? ¿Los gestos? ¿Los destinos?
Guasch se rebela contra la idea de que el suicidio constituya una especie de mandato inscripto en el ADN. “Ahí está el peso de la herencia dentro del entorno social, la insistencia en lo biológico y, también, lo imposible que es huir de los lazos que te unen a la familia. Este libro es como un intento de escapar de eso, intentar que no tenga que ver con la deuda, sino con la elección libre y la relación amable y escogida entre las personas que te rodean. Creo que intento abrir el concepto de familia, la posibilidad de entendernos de una manera distinta y, por tanto, también aceptar que la herencia no tiene por qué ser una condena, porque nosotros podemos escoger con qué nos quedamos de nuestros padres”, dijo en una entrevista.
Lo primero que descubre Guasch al intentar narrar esta historia es que no tiene prácticamente nada. No hay cartas, ni demasiado archivo familiar que permitan reconstruir la vida del padre. Hay apenas unas fotografías, unas pocas entradas en un diario que el padre estaba escribiendo, algunos recuerdos fragmentarios, los subrayados en un libro zen y las frases repetidas que las familias elaboran para sobrevivir a la tragedia. Ese vacío determina la forma del libro. Si la biografía tradicional se sostiene sobre documentos, “Reliquia” se construye sobre la ausencia.
Para reconstruir esa vida interrumpida, Guasch recurre a escritores suicidas. A las notas que dejaron, a la manera en que se despidieron. Ahí está por ejemplo la poeta Anne Sexton que le deja dicho a su hija que la quiere, que nunca le ha fallado. Ahí está la poeta rusa marina Tsvietáieva, diciéndole a su hijo Mur: “Perdóname, pero en adelante habría sido todavía peor”. Ahí están también Sylvia Plath, y Virginia Woolf, y más.
Pero el libro no es un desfile erudito ni una colección de citas sobrecogedoras. Cada vez que convoca esas voces, Guasch sostiene un diálogo imposible con el padre.
Guasch se pregunta una y otra vez qué habría cambiado si hubiese encontrado apenas unas pocas palabras: un “te quiero”, un “cuida de tu madre”, un “intenta olvidarme”. Nunca obtiene una respuesta definitiva. Al contrario. Con el tiempo descubre que esa falta, tan dolorosa al principio, también dejó un espacio abierto. Una carta impone un relato final; su ausencia obliga a escribir el propio.
Hay una escena poderosa en esa búsqueda. Guasch lee la autopsia de su padre, escrita en una irónica tipografía Comic Sans. Esa letra asociada a lo infantil, a lo banal, termina subrayando el absurdo burocrático con que se registra una muerte devastadora.
El título, “Reliquia”, es una declaración de principios. Guasch contó que tuvo que defenderlo incluso frente a su editor, que lo encontraba demasiado religioso. Para él, sin embargo, no remite a lo sagrado sino al rastro físico de una ausencia. “Es el objeto que ocupa el espacio que antes ocupaba una persona”, explicó. Aquello que es capaz de hacer presente a quien ya no está.
Hay, además, una enorme honestidad en la escritura. Guasch no convierte el dolor en espectáculo rencoroso ni pretende ofrecer una enseñanza. Es un duelo todavía vivo, que respira a través de su prosa.
Guasch escribió este libro diez años después de la muerte del padre. “Diez años para ver que amar consiste en acumular estratos que sedimentan unos tras otros y que cada amor nuevo descansa sobre la ruina de uno antiguo. Diez años para reconocer que fuiste el primer estrato de todos”, escribe. El duelo, parece decir no consiste en olvidar, sino en aceptar que aquello que hemos amado sigue sosteniendo silenciosamente todo lo que vendrá después.
“Reliquia” no intenta explicar lo inexplicable del suicidio . Hace algo mucho más difícil: convierte la escritura en el lugar donde una ausencia puede seguir siendo interrogada. Lo dice así: “Podemos hablar del sufrimiento, escribir del dolor: nos puede ayudar a salir de los abismos, la escritura, a emular las voces que no se han pronunciado -en la más oscura oscuridad, fingir la voz del padre, buscar su luz, a adivinar el atajo que te alejadel infierno o quedarte ahí, a querer quedarte en el infierno un poco más. Leemos sobre los que nos da miedo. Escribimos sobre lo que nos estremece”. Eso hizo Guasch, escribir de lo que da miedo y estremece, y lo hizo de una manera magistral.
“Reliquia”, del catalán Pol Guasch, es un libro conmovedor y precioso. Precioso a la manera de esos libros que quedan para siempre. Y es raro decir eso -precioso, tantas veces- cuando se trata de un texto nacido del dolor. El nuevo libro de Pol Guasch, joven prodigio de las letras catalanas, nacido en 1997, autor de “En las manos el paraíso quema”, y “Napalm en el corazón”, es el primero en el que abandona la ficción para hundirse en las entrañas de su propia vida. Y es la historia del suicidio de su padre, que a su vez se suicidó igual que su abuelo, colgándose de la misma viga, en la misma casa.
Registrate gratis
Disfrutá de nuestros contenidos y entretenimiento
Suscribite por $1500 ¿Ya estás suscripto? Ingresá ahora
Comentarios