El regreso de Valeria Luiselli: cómo es «Principio, medio, fin», su nueva y deslumbrante novela

Siete años después de "Desierto sonoro", la escritora mexicana vuelve con "Principio, medio, fin", donde narra el viaje por Sicilia de una madre y su hija tras una separación. Un viaje que se convierte en una reflexión sobre la memoria, la ficción y ese territorio incierto donde vivimos casi todos: la mitad de las cosas.

Una madre y una hija viajan a Catania, Sicilia, después de una pequeña gira por Europa, donde la madre -escritora-, presentó algunos de sus libros o participó en clubes de lectura poco concurridos. Lo que la mujer quiere en ese lugar específico de Italia es resetear su vida, volver a empezar. Viene de una separación que dejó a su familia ensamblada partida en dos: el hombre con su hijo y ella con su hija de doce años. Ahora, son dos otra vez y se las tienen que apañar, inventar una nueva rutina, un nuevo principio.


Lo que hace Valeria Luiselli -escritora mexicana, autora de la fundamental “Desierto sonoro”– es construir una maravilla que nos lleva de la mano por un relato que se pregunta por la sustancia del tiempo; por lo que hacemos y nos hacen las relaciones; por la memoria, la que se pierde y la que se va formando; y por las historias que nos contamos.


La novela de Luiselli se llama “Principio, medio, fin”, y no sólo marca su regreso a las librerías tras siete años, sino también el debut en castellano de la editorial Feltrinelli, que la publica.


A la vez, mientras el libro nos lleva de viaje con esa madre y esa hija -y de alguna manera también con la abuela y bisabuela de la niña-, y aprendemos sobre filósofos y dioses romanos y griegos, Luiselli nos guía al corazón de la escritura: a cómo se concibe la trama que empuja una historia, a cuánto de realidad hay en una ficción e incluso, cuánto de ficción hay en la realidad. Porque la niña de 12 años, que puede o no ser la hija de la autora de este libro, recuerda momentos que no ocurrieron sino que su madre contó en otro libro -“Desierto sonoro”, por ejemplo-, pero, de tanto oírlos o leerlos, los cree reales. ¿Quién no recuerda -o cree recordar- hechos que, luego descubre, no tienen nada que ver con lo que en verdad ocurrió?


En la contratapa, la escritora argentina Samanta Schweblin dice que en esta novela laten “cinco corazones a la vez: hija, madre, abuela, bisabuela y lector”. Y esa imagen le queda justa. Es que, mientras la madre y la hija se mueven por la isla, tratando de restablecer un orden mínimo, aparecen otras dos mujeres en la distancia: la abuela de la niña, que desde México manda mensajes cada vez más raros, como si la memoria se le fuera deshilachando, y una bisabuela ya muerta, la Nana, que vivió en Sicilia.


La Nana fue campesina hasta que se disfrazó de hombre para ayudar en una excavación arqueológica y encontró así un mosaico de Proteo enterrado. Un mosaico que la Nana se llevó cuando emigró de Europa con destino a Nueva Orleans, aunque, naufragio mediante, terminó en Veracruz, México. Un mosaico que ahora, madre e hija quizás quieran devolver al lugar al que perteneció para reestablecer el orden de un mundo que amenaza con erupcionar, metafórica y realmente, con el Etna echando humo y con incendios en la isla, como telón de fondo.

Valeria Luiselli, la escritora mexicana que regresó a las librerías tras siete años (Foto: Clayton Cubitt)


El libro marca el regreso de la escritora después de “Desierto sonoro”. En esa novela, también daba voz a los niños – a los niños perdidos en la frontera entre Estados Unidos y México- mientras la familia ensamblada que forman la narradora y su hija y un estadounidense y su hijo, emprendían un largo viaje hacia California, donde finalmente se separarían.


Los desplazamientos, las separaciones, los comienzos y los finales forman parte de la literatura de Luiselli. Pero esta novela es sobre todo una reflexión sobre el medio, ese momento que a veces parece poca cosa, apenas un lugar de paso.

Lo escribe así: “La primera cualidad de la trama, dice Aristóteles, es su completud: una trama es un todo. Y un todo, dice en la Poética, es simplemente algo que tiene un principio, un medio y un fin. Define el medio, la mitad, simplemente como aquello que está entre el principio y el final. De algún modo, relega la parte de en medio a una existencia secundaria, a un lugar definido en virtud de lo que no es. Tal vez haga falta una defensa de la parte del medio, de la mitad de las cosas, porque tarde o temprano todos estamos a la mitad de algo, atrapados entre una cosa y otra, imposible volver a nadar a la orilla pero conscientes de que la otra orilla está todavía muy lejos”.


Y todavía más, lo reflexiona en relación a la hija y a la abuela y al lugar de la narradora, porque esta es también una novela sobre ese período de la vida: “Cuando los padres y madres van de salida, todavía aquí, vivos, pero dejando de ser quienes eran, ellos que sostuvieron el mundo para uno, un mundo que no estamos seguros de saber sostener solos todavía, sostenerlo por nosotros mismos y para nuestros hijos, no en el sentido de sustento económico, ni práctico, sino en un sentido más profundo, de ser los que construyen una noción de tiempo y de espacio, el ritmo de los días, el orden de las cosas; cuando todo eso se les va de las manos y recae en las nuestras, ¿Qué hacemos con todo, dónde lo colocamos?”.

La novela está dividida en cuatro partes. Cada una lleva el nombre de un viento del Mediterráneo: Levante, Ponente, Scirocco y Maestrale. “Los griegos pensaban que era en uno de los acantilados de los alrededores que el dios Eolo los albergaba a todos, dispensándolos a su antojo: del norte, el Maestrale frío y seco, y también el Grecale y la Tramontana; del sur y suroeste los cálidos Libeccio y Mezzogiorno; del oeste, el ponente, que trae cielos despejados y aguas quietas; del sur y sureste, el bestial, ardiente e insoportable Scirocco, que trae arenas desde el Sahara y pinta el cielo de rojo y llena a gente de rabia, ansiedad y locura. Y, por fin, este suave y húmedo Levante, que está por llegar desde el este, y que traerá a las corrientes marinas un azul mucho más profundo”.

Foto: Clayton Cubbit


Lo que tiene la novela es que, aunque haga referencias a dioses griegos y romanos, o a los filósofos de entonces, nunca expulsa al lector. Al contrario, funciona como funcionan los mejores libros: contagiando ganas de leer más, de volver a los clásicos, de abrir, por ejemplo, la “Historia Natural” de Plinio el Viejo, que murió tras una erupción volcánica cuando aún no se comprendía del todo que las montañas eran capaces de escupir fuego.


Ninguna de esas citas son una anécdota: todas son una forma de decir que nosotros también estamos ante un mundo que no terminamos de entender, frente a una realidad que cambia y todavía no sabemos nombrar del todo. “Eso es parte del corazón que late en la novela. Y también es el motivo por el cual están presentes en ella los antiguos; son las primeras personas que documentaron el mundo natural y se preguntaron por él. Nos parecemos a ellos, porque también tenemos enfrente un mundo no narrado, no explicado. Nosotros también estamos ante una realidad que no entendemos”, dijo Luiselli en una entrevista publicada en el diario El País, el 25 de abril.


La novela se mueve en ese borde -entre la catástrofe y el recomienzo- sin caer en el sermón, y sostiene ese camino desde la relación madre e hija: una conversación hecha de lecturas, caminatas, preguntas, pequeñas huidas con un robo de libros memorable, e incluso un cambio de narrador. Y en ese borde, exactamente entre la catástrofe y el reseteo, están las preguntas sobre quienes sostuvieron el mundo para nosotros, y sobre ese mundo que todavía no estamos seguros de saber sostener porque estamos ahí, a mitad de camino.

“Si la vida es una especie de arco y una está parada más o menos a la mitad por ahí de los cuarenta, parada, pues, en su ápice, lo que se observa es, de un lado, a los hijos entrando a la vida, empezando su camino, y del otro lado del arco, a los padres, en su camino hacia afuera, retirándose. La mitad, entonces, es ese lugar difícil desde el que se observa cómo la vida se encuentra con la muerte, cómo la llegada se anuda con la partida. La mitad es el lugar donde el principio y el final se entrelazan de manera terrible e irremediable”, escribe.


De ese nudo, terrible e irremediable, está hecha esta novela. Bienvenida Valeria Luiselli
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