Leo Genovese recorre la región con su trío

El pianista Leo Genovese regresó al país para dar clínicas y mostrar algo de todo lo que aprendió durante años en el exterior con grandes maestros. En la semana visitará la zona. Estará con su trío el miércoles 18 a las 21 en el Camping Musical Bariloche, el jueves 19 a las 21 en el Aula Magna de la Universidad Nacional del Comahue, Neuquén y el viernes 20 a las 21 en el Auditorio Ciudad de las Artes de Fundación Cultural Patagonia de Roca.

Por Redacción

Música

Buscando de Internet se lo puede ver en el Théâtre du Châtelet, al borde del Sena en París, con el Spring Quartett que integra junto a Jack DeJohnette, Joe Lovano y Esperanza Spalding; tocando “The ethiopen blues” en Burghausen 2014, Alemania, a orillas del río Salzach, casi frontera con Austria; o en el recital “Live in Gdansk”, Polonia, en agosto del año pasado, desde un teclado Yamaha y nada menos que con Herbie Hancock en piano, la antes citada cantante, contrabajista y bajista , Wayne Shorter en el saxo y la baterista Terri Lyne Carrington.

Leonardo Genovese (36) nació en Venado Tuerto, Santa Fe, donde empezó a jugar con el piano alrededor de los 6. En 2001 comenzó a cursar en el Berklee College of Music de Boston, Massachusetts, donde se graduó en el 2003. Su primer álbum, “Haiku II”, en el que ya aparecen Demián Cabaud en contrabajo y el baterista Francisco Mela, actuales acompañantes en su paso por la región, fue editado ese año, seguido por “Planet Safety” (2007), “Desbloqueado” (2008) y “Semillas” (2010), trabajos que el pianista define como “sólo una manera de documentar dónde estaba en esos momentos”. Desde 2005 salió de gira internacional y grabó con Esperanza Spalding, quien canta en su más reciente placa solista.

Con base en su Venado natal, donde fue jardinero y ordeñó vacas, recorre Argentina y se presentará en la región. El encuentro con “Río Negro”, ocurrió durante su paso por Santiago del Estero, después de terminar una clínica, como la que dará en las tres ciudades de nuestra región. Una vuelta al pago que parece estar conmoviéndolo, llenándolo de afecto, abrazos y aplausos con otro aroma.

-Todos nuestros conciertos están siendo bien distintos, bien en particular para cada pueblo al que nos acercamos, de acuerdo a quienes nos vienen a ver, según el salón donde nos presentamos. Todo eso no nos condiciona, nos invita a una búsqueda diferente relacionada con el verdadero momento en el que estamos. Es nuestra manera de vivir la improvisación.

-Buscando material, te he visto en el concierto de Polonia, en Gdansk, con Esperanza, Hancock, Shorter y Lyne Carrington… Tu toque es tan sutil, con una digitación tan perfecta, dulce, conmovedora y serena, que lo hacen único. ¿Cómo lo fuiste construyendo, si te parece así o aún está en desarrollo?

-El Maestro Wayne Shorter me dijo que no existe una pieza de música terminada. Entonces, para mí, también el sonido es un fiel reflejo de mi vida, del tiempo que estoy viviendo. En ese video fue algo sutil porque ese era el rol, esa fue la noche, pero si me oís en otro, tal vez no expresarías los adjetivos que usaste.

-La historia pasa por la eterna cuestión humana de la búsqueda constante.

-Exacto, exacto. Ese es nuestro proceso. Desde Bill Evans, todos quienes están en esto y son seres iluminados de alguna manera, te dirán que esa búsqueda, ese proceso es, hasta incluso, lo que importa, más que el resultado final, si es que hay alguno.

-El camino y no la meta.

-Por ahí vamos.

-Además de tocar, das clases, clínicas alrededor del mundo, transfiriendo como los viejos sabios, data, información, yeites, recursos…

-Se arman de acuerdo a quién viene a las clínicas y dónde estamos, pero en algunos casos se maneja información, data, y otros tiene más que ver con pasar la antorcha caliente, con dar un mensaje de esperanza.

Lo que encontró en su vuelta a Argentina

-Te fuiste nada menos que en el 2001, fatídico para Argentina. El salto de catorce años, ¿qué país te muestra?

– Partí en agosto, antes del atentado a las Torres Gemelas (11 de setiembre) y del corralito de diciembre… Definitivamente, encuentro un país cambiado. De chiquito, fue River-Boca, cuando más grande Soda Stereo-Los Redondos de Ricota, y hoy ya más peludo, hallo un país como siempre polarizado y dividido. Me hubiera gustado ver un partido amistoso donde Boca y River jueguen con camisetas mezcladas, ver un concierto de los Redondos y Soda. Y me gustaría ver un partido político que rompa con todo, que cuide a cada uno de los argentinos, hasta el último olvidado en el rincón. Me gustaría ver una política justa, no corrupta, que inspire a nuestro pueblo joven, una política revolucionaria, latinoamericana, de conciencia ecológica para todos los pichones que vienen.

Me gustaría que los partidos políticos se pongan las pilas, se conglomeren en una fuerza imparable, que no se detenga hasta que el último de los argentinos viva en condiciones mínimas razonables. No hablo de tarjetas de crédito ni de capitalismo, sino de condiciones básicas de salud, educación y libertad. Cuando llego y veo que hay temas imposibles de conversar, me duele, eso le genera un cáncer a la patria. Hay que hablar, sacar todo para afuera, cambiarlo todo, mostrar todas las cartas, ser inteligentes e ir para el frente.

Nosotros tocamos así. Cuando me siento al piano, yo toco de una manera que sueño para que mis políticos lideren mi país. Toco desnudo… Sin miedo… Y con un mensaje que unifica. Los que vienen en el grupo, tocan y sienten de la misma forma. Por eso venimos.

Eduardo Rouillet


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