Leyes que cambian el sistema republicano

Redacción

Por Redacción

HUGO GRIMALDI (*)

Finalmente se apagó la luz en el escenario, se produjo el cimbronazo y la Argentina ya no es la misma. El kirchnerismo ha decidido a su estilo, de manera avasallante, en una sola noche y por ley, un cambio de fondo en el sistema republicano de gobierno. En tanto, sus operadores políticos y mediáticos trabajaron desde el mismo cierre de la sesión de la Cámara de Diputados para transformar en víctimas a los suyos o para hacer creer que lo que ha ocurrido en materia de agresiones (mutuas) en el recinto ha sido lo más relevante de un paquete de normas que, aunque sea difícil de visualizar por las mayorías, hace tambalear la democracia representativa. Desde el costado político, lo que para algunos fue una provocación lisa y llana y para otros un avance extraordinario en el llamado constitucionalismo popular mostró en el Congreso a un actor excluyente, el oficialismo, dotado de un cerebro ideológico que pensó una estrategia de desgaste que fue ejecutada a rajatabla, con la colaboración militante de 130 voluntades. Si bien el tratamiento a mata caballo que eligió el gobierno para imponer el número a como diere lugar ha dejado un sabor más que amargo en quienes creen en el debate, lo concreto es que los kirchneristas terminaron sacando del juego al adversario que, además, se fue solo del ring, olvidando el compromiso tomado con sus votantes. Bajo la fachada instrumental de que “todo el mundo quiere cambiar la Justicia” y que por eso hay que “democratizarla”, la Casa Rosada maquilló la cosa impulsando además tres leyes de fondo cuyo único fin fue sumarle poder al Ejecutivo o, dicho de otra manera, restárselo a la Justicia, por el condicionamiento que sufrirán de ahora en más los magistrados. Cada una de ellas tiene sus bemoles, ya que los expertos creen que en todas existen severos vicios. “Están flojas de papeles”, sintetizó un abogado de fuste. Como aún sigue vigente el control de constitucionalidad por parte del Poder Judicial, es más que probable que aquellos que se sienten agraviados comiencen a presentar, apenas se publiquen en el Boletín Oficial, recursos de amparo para que los jueces digan si son o no son válidas. Ya desde el día anterior se olía que esto iba a terminar así, ya que había un solo actor con vocación de cubrir todos los espacios, tocar de primera entre los propios y sobre todo marcar el ritmo de la contienda: el kirchnerismo. La desteñida oposición se conformó con mostrar apenas una carpa, desacreditar a los ministros de la Corte o ser funcional al kirchnerismo, probablemente a la espera de que todo termine para acudir a la Justicia. Con las leyes Antiterrorista y de Emergencia Económica en vigencia, más la aprobación de buena parte de este cuerpo dedicado a la Reforma Judicial, se arma ahora una trilogía que les da a los Ejecutivos de turno casi la suma del poder público, pero sobre todo la potestad de terminar con casi todos los derechos que tutela la Constitución. Por más que al gobierno no le interese ni la falta de seguridad jurídica ni el llamado clima de negocios, lo cierto es que las sanciones de estas tan controvertidas leyes le han puesto la frutilla del postre a la cuestión económica, de la que el precio del dólar paralelo es apenas el eco de la desconfianza. Mientras en el Congreso el oficialismo festejaba, con un peso apenas hoy se podían comprar 11 centavos de dólar, manifestación bien clara de cómo visualizan la situación quienes tienen algún patrimonio para defender. En tanto, asustado, el ministro de Economía balbuceaba frente a las cámaras de la televisión griega: “Me quiero ir”, mientras una colaboradora decía que en la Argentina de la inflación “de eso aquí no se habla”. Todo muy triste, muy denigrante. (*) Director periodístico de la agencia DyN


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