“Lo que no se dice”



En el 2002 el gobierno nacional tuvo la oportunidad histórica de usar las pruebas de la causa Olmos –juez Ballesteros del 2000– para revisar la deuda y pagar sólo lo que tenía pruebas, que no era más del 30/35% de la misma. No lo hicieron y nos embarcaron a los 40 millones de argentinos en una deuda imposible de pagar y seguimos refinanciando todo lo que no podemos saldar. Así, el cuentito va a seguir y seguir, porque es la manera de mantenernos esclavos de los que viven de esta sangría cipaya que supimos conseguir. El gobierno habla de lo que ha hecho en esta década ganada, pero ¿se imaginan si los 189.000 millones de dólares que pagamos durante estos diez años se hubieran reducido al 30%? De haberse revisado la deuda y pagado lo que correspondía, el país hubiera tenido recursos extras por 132.000 millones de dólares a su disposición, lo que en diez años hubiera representado no menos de 1.500.000 puestos de trabajo para la micro, pequeña y mediana empresa, o sea que ¾ millones de personas podrían estar viviendo dignamente, se podrían haber construido 15.000 escuelas, 10.000 kilómetros de rutas y 1.500 hospitales y 30.000 millones quedarían para invertir y seguir invirtiendo en el bienestar de nuestro país, el país de todos y todas. Pero no... arreglamos como ellos quisieron, pagamos y seguimos pagando y honrando una deuda falsa, ¡totalmente falsa! Quienes recuerdan el empréstito de Rivadavia también saben que nuestro país pagó y pagó por una cifra que jamás recibió, por lo que cipayos hemos tenido de sobra en todas las épocas de nuestra historia. Cada vez que usted vaya a comprar algo, no le alcance el salario, vea pibes sin estudiar o sin trabajar, una escuela rota o la calle intransitable, piense que todo eso podría no ser así si no estuviéramos pagando la mentirosa deuda externa e interna que nos quieren hacer pasar por buena. Y no me refiero a ese pobre jubilado que embocaron con bonos, a ellos hay que salir a pagarles mañana mismo. Pero entiéndase que hablamos de una deuda que no tiene pruebas de su origen, salvo los papeles que firmaron nuestros representantes, y todo lo que no tiene pruebas no debe pagarse. Yo voy a su casa y le digo que me debe 50.000 pesos y usted me pregunta de qué. Yo le digo: “No proteste y pague o refinanciemos. Esto se lo dejó su papá antes de morir”... pero usted nunca ve una prueba, ¿me entiende? Eso es la deuda argentina: un montón de papeles, en su mayoría sin respaldo de su origen. Entender qué gobierno nos entrega y cuál nos defiende es de muy fácil comprensión. Quienes sigan pagando sin revisar la deuda externa e interna nos entregan a nosotros, a nuestros hijos, nuestro futuro. Los que no lo hagan y quieran revisar su origen y plantarse para pagar lo que “realmente” debemos, esos señores serán nuestros patriotas del futuro, y digo “futuro” porque no se vislumbra en el horizonte que quienes vengan luego del 2015 sean muy diferentes de los que tenemos hoy en día... ¿o sí? Jorge L. Fernández Avello, DNI 12.862.056 Bariloche

Jorge L. Fernández Avello, DNI 12.862.056 Bariloche


Comentarios


“Lo que no se dice”