Lopibi: conexión afrolatina y roquera

La banda valletana ultima detalles de su disco “Canciones de la tierra blanda”. En el camino, Pía Arroyuelo, su alma máter, nos revela de qué sonidos están hechos.



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De a cuatro. Diego Ortega, Juan Atienza, Pía Arroyuelo y Facundo Azar.

Cuantos más seamos arriba del escenario, mejor”, arenga Pía Arroyuelo, alma máter de Lopibi, un grupo al que le gusta crear músicas enraizada en el afro y el candombe uruguayo, pero que también sabe conjugar el rock blusero y algo de folclore por si hiciera falta. La esencia se resume así: la intención de ser muchos sobre las tablas expresando las raíces de esta tierra, la de América y sus muchas facetas artísticas.

Ahora son un trío, pero originalmente fueron un dúo, integrado por Pía en voz, ukelele y guitarra, y Juan “El Bichi” Atienza en percusión y coros. Con el tiempo se sumó Diego Ortega en bajo y el cipoleño Facundo Azar en la guitarra eléctrica, quien en el último tiempo pasó a ocuparse de la producción. “Somos muchos más”, asegura. “Pasaron los años y quedamos nosotros, porque somos muy demandantes”, bromea.

Por estos días están cerrando los detalles de su nuevo disco “Canciones de la tierra blanda”, una serie de composiciones que cuentan y recrean eso que nos genera la lluvia, la que según Luis AlbertoSpinetta, y que parafraseó Pía, “lava las heridas”.

El material está siendo trabajado por Lucio Jara, desde Las Perlas, en su Limay Records. Allí registraron gran parte de las canciones y están reuniendo a su vieja cuerda llamada Comparsita La Familia para sumarle tambores y algunos vientos. El lanzamiento será durante el verano. Mientras tanto, seguirán tocando entre el Valle y la Cordillera.

El abordaje musical del trío es, de momento, un yin y yang entre lo afro y latino que aporta Juan, y el blues rockero y en parte pop que identifica a Pía, también está marcada por la cuerda uruguaya. “Hacemos todo lo que nos gusta, ritmos muy nativos, y nosotros le decimos música de raíz. Nos gusta pensar en unos tambores africanos con un bajo distorsionado”, precisó y agregó: “tenemos ideas muy grandes”.

Un camino a la música

Pía tiene 27 años y es de Bahía Blanca, pero se vino a la región desde muy joven. Terminó la secundaria en Neuquén capital y regresó a su ciudad para estudiar periodismo. Así terminó haciendo un programa de radio cultural y conoció la música, para nunca más separarse de ella. No hace demasiado volvió al Alto Valle, luego de una breve estadía en Montevideo y Valizas, donde se embebió del candombe uruguayo. En un cumpleaños del “Bichi” surgió la propuesta y formaron Lopibi.

Contó que la banda sonora de su crianza estuvo liderada por Queen, Led Zeppelin, Vox Dei y Charly García, músicas que eran del paladar de su padre. Además, todo fue atravesado por el coletazo de los ochenta, que como siempre en Argentina, llegó una década más tarde y durante los noventa era común “curtir el pop de Madonna o de Cyndi Lauper”, recuerda. “Mi viejo se dio cuenta de que yo podía cantar porque escuchábamos a Los Nocheros y yo imitaba a Rubén Ehizaguirre”, evocó. “De ahí saqué mis primeras técnicas”, pensó nostálgica

La difícil tarea de reconocerse artista

“Hace dos meses que vivo solo de nuestras fechas”, dice orgullosa Pía. Es común pensar con torpeza que lo que hace un artista no es un trabajo real, y nunca faltan los dinosaurios que recomiendan “conseguir un empleo serio”. Pero no, el artista es un laburante más, y a ellos y ellas todo les cuesta como a cualquiera. La nafta, el alquiler, los impuestos, los instrumentos, los equipos, el traslado, todo vale dinero y el ambiente muchas veces es reacio a entender eso.

“Cuesta crear la conciencia de que uno es artista, hacerse a esa idea de que es un trabajo. Nos cuesta comportarnos como tal”, reflexiona la joven. “Es difícil tener que hablar de que esto es un laburo y que todo te sale mucha plata, cuesta también hacer entender que nos tomamos esto en serio”, dice.

Además, el tema discográfico es algo contradictorio y la industria empuja a creer en la posibilidad de tener algún contrato. “Siempre está la cuestión de pegarla, pero nosotros no queremos firmar contrato con nadie”, argumenta. “Queremos trabajar sin presiones más grandes que las propias, eso que nos exigimos y que sabemos que podemos cumplir”, explica con didáctica.

“Nosotros queremos vivir de la música, porque no hay otra cosa que querramos hacer tan bien”, resumió. Además, la banda forma parte de la Casa María Chuzena, un espacio cultural en el que se comparten actividades artísticas. “Surge, principalmente, como forma de resistencia ante todo lo adverso de nuestro sistema social actual”, aclaran. Un lugar adonde se reivindica lo “alternativo”.

Otra de sus pasiones es el periodismo, y fantasea con hacer un programa de radio. “Con la banda y la casa, los eventos y toques, no sé si me da”, se cuestiona.


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