Bailarines del semáforo: los hermanos que llevaron el folklore a la Ruta 22 en Roca

Ya no es tan eterno el semáforo de Mendoza y Ruta 22 desde que Patricio y Carolina van a bailar. A través del arte callejero buscan subsistir, pero también cambiarle el día a la gente.





Amantes de la danzas folklóricas, los hermanos Patricio y Carolina Cáceres son los nuevos bailarines de la la Ruta 22. Hace casi tres meses empezaron con el proyecto de impregnar de arte e identidad popular la calzada de la autovía, en uno de los accesos a Roca. Y hoy ya son furor.

El es docente y ella estudiante, son apasionados del movimiento y pareja de baile hace más de 17 años. Los hermanos brindan un innovador espectáculo callejero a la gorra para los miles de viajantes, trabajadores, estudiantes, turistas que transitan la pesada arteria día a día.

La señal de inicio es la luz roja y desde ahí ya nada es igual. El elocuente espectáculo de chacarera, zamba o escondido -que dura lo que tarda el semáforo en habilitar el paso- cada día cosecha más adeptos, aplausos y sobre todo sonrisas. Ese cruce, para muchos, es sinónimo de una larga y tediosa espera para llegar a casa.

“Hace tiempo pensé en hacerlo pero no sabía quién me podía acompañar en esta locura”, contó entre risas Patricio (34), Es profesor de Folklore y Música y buscó en esta iniciativa una forma de auto sustento, ya que a pesar de las horas en Educación, con sus trabajos no llegaba a fin de mes.

Nos alegra sacarle una sonrisa a la gente que va amargada mirando el celular. Sacarlos de la rutina al menos un minuto del día»

Patricio Cáceres, profesor de Danzas Folklóricas

Su compañera de aventuras terminó siendo su hermana, Carolina (29) quien actualmente está cursando Profesorado de Danzas Españolas en el IUPA. Ella es niñera y hace ventas de comidas y rifas para pagar sus estudios.

“Imaginate que vas por la ruta, cansado y quieres llegar a tu casa. Mirás el numerito del semáforo y se hace eterno. Nosotros jugamos con eso… poder sacarle una sonrisa a la gente”, comentó Patricio. “La gente está como muy robotizada y nosotros vamos a romper eso bailando libremente, al aire libre”, agregó Carolina.

La repercusión es muy buena. Bocinas, halagos. Algunos se bajan y graban videos, sacan fotos o quieren conversar. “Hasta nos han regalado comida”, contó Patricio. El factor sorpresa es clave.

Con Patricio somos pareja de baile desde mis 12 años. Es mi hermano, mi compañero, somos un equipo”

Carolina Cáceres, bailarina y estudiante del IUPA

Una vez, en un semáforo juntaron 3.000 pesos en 1 minuto y no lo podían creer. Un hombre les dio 2.000 y otro 1.000, comentaron. “Ahora si llegamos a fin de mes con dinero en nuestros bolsillos. Es increíble. En la parte económica nos fue muy bien, pero lo que nos alimenta más es la respuesta de la gente”, agregaron

Además, piensan mover este espectáculo a otros accesos de la en distintas ciudades del alto valle. También participan en una banda de folklore y de otros ritmos como candombe y salsa; y se preparan para participar en el Ballet de Río Negro.

Pasión de infancia y de barrio


Era futbolero pero decidió dejar de entrenar por miedo a lastimarse los pies y no poder bailar. “De chiquito me amenazaban con sacarme el folckore porque me la pasaba bailando. Me distraía de la escuela”, rememoró Patricio contando cómo fue que esa pasión nació en la casa de su vecino, el gran “Cacho” Villegas, referente del folklore huerguense que les enseñó a bailar a él y a su hermana.

Bailar lo llevó a la guitarra, la guitarra al bombo y del bombo al canto, alguna que otra vez.  Él baila folklore desde los nueve años y ya es Profesor. En 2018 y 2019 fue a Cosquín con la delegación oficial de Río Negro.

Patricio y Carolina bailando en una escuela en 2019.

Ahora, un poco alejado de la competición, prefiere destinar su tiempo a llevar la danza a los barrios, los centros de jubilados y en escuelas. Para él, lo mejor es enseñarle a sus alumnos de escuelas rurales y a “los lugares donde quizás no se llega”, contó.

Carolina baila desde sus cinco años. Su meta es perfeccionarse para vivir de lo que le gusta. “Quiero tener mi academia y vivir del arte”, contó la joven quien con lo que gana solventa sus estudios y vestuarios de danza para la universidad. 

“Para mi el baile es un cable a tierra. Con mi hermano siempre fuimos pareja para bailar. Siempre íbamos juntos, de la mano, siempre me llevaba. Siempre fuimos equipo”, dijo. 

Dato

3000
pesos les aportaron una vez dos personas en tiempo récord: tras un minuto de baile en la Ruta 22.



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