Los buscadores del oro negro

Se cumplen cien años del arribo de las familias que llegaron en busca del crudo y “fundaron” Huincul

Las otras historias detrás del petróleo

Andrea Vázquez cutralco@rionegro.com.ar

El momento en que se decidió la búsqueda del petróleo en la zona marcó además el nacimiento de una población. Este año se cumple el “centenario” del comienzo de la búsqueda del petróleo en Plaza Huincul. Fue un equipo técnico de hombres que llegó para iniciar las tareas que concluyeron tres años después con el hallazgo del denominado oro negro. En Huincul, la vecina Mirtha Solari, está dedicada desde hace años a la recopilación de datos y testimonios que permiten reconstruir la historia de esta zona. Y en ese camino es que Mirtha, quien a la vez es depositaria de fotografías y otros documentos que los familiares de aquellos pioneros le confían, hilvana la historia del nacimiento del pueblo, que si bien fue institucionalizado como municipio en 1966, comenzó a vivir muchas décadas antes. Mirtha recuerda que en noviembre se cumplieron 100 años “del arribo a Plaza Huincul, territorio neuquino, de los hombres que lograrían tres años después el descubrimiento del petróleo en el Pozo Nº 1”. En aquel momento, el joven argentino Enrique Martín Hermitte, ingeniero civil en Minas recibido en París (Francia), ya sabía desde hacía más de quince años que tanto en el sur mendocino como en el centro neuquino se visualizaban “depósitos asfaltosos”. “Así como estaba seguro en 1907 cuando envió a Comodoro Rivadavia perforadoras de mucha profundidad y encontró el petróleo que buscaba, también lo estaba cuando decidió hacer lo mismo en Plaza Huincul, por donde ya pasaban las vías ferroviarias desde 1914”, relata. Un par de años antes había dispuesto que el doctor Anselmo Windhausen realizara en la zona los estudios pertinentes que luego los completó otro alemán, el doctor Juan Keidel. Fue precisamente este último quien consideró dos sitios con posibilidades de hallar petróleo: uno, a la altura del kilómetro 1.295, 1.100 metros al norte de las vías ferroviarias y el otro, un anticlinal a la altura del mismo kilómetro pero unas dos leguas al sur. “El ingeniero Hermitte eligió el primero teniendo en cuenta la proximidad de agua que ofrecían tres lugares: a 1.000 metros del sitio indicado por Keidel, la aguada de Carmen Funes, apodada la Pasto Verde; en el kilómetro 1.297 del Ferrocarril del Sur un pozo perforado por los ingleses al tender las vías hasta Zapala y que sólo había que reperforar (en Plaza Huincul no hubo estación hasta 1921), y Challacó, donde sí había estación, pozo de agua y tanque de almacenamiento”, describe. Hermitte tomó a su cargo, entre otros, al ingeniero Enrique Pedro Cánepa y a Juan Soufal, técnico en Máquinas. El viaje El relato indica que entre septiembre y octubre de 1915 se envió a Cánepa a Neuquén, quien luego debía seguir hasta Challacó y desde allí, en sulky, hasta la aguada de Plaza Huincul. Reconoció el sitio, evaluó los recursos humanos, de combustible (leña), carros y bueyes y principalmente el caudal de agua que surgía de la vertiente. Regresó a Buenos Aires, donde organizó todo para volver el 13 de noviembre, en un tren que también traía vagones con materiales para el campamento minero y, como lo dispusiera el gobernador Eduardo Elordi, acompañaron el director de la Cárcel de Neuquén, guardiacárceles, presos que ayudarían en la descarga de los materiales y Juan Soufal, que llegó junto con su familia. “A partir de entonces comenzó a escribirse otra etapa, otro asentamiento humano en Plaza Huincul”, refiere Solari. El primero había ocurrido en 1895 cuando la puestera Carmen Funes fue censada dentro de la categoría “población”. A finales de 1915 y años subsiguientes, durante la búsqueda y hallazgo del petróleo, se incorporó personal técnico y administrativo que, con sus familias, se nucleó en viviendas con todos los servicios básicos, lo que se conoció como Campamento Uno y Campamento Central –hoy barrios Uno y Central–. El hallazgo se produjo finalmente el 29 de octubre de 1918. El crecimiento Esta nueva situación motivó a los ingenieros Cánepa y Hermitte a disponer, en el año 1920, la construcción de un hospital y una escuela primaria, edificios que se elevaron al sur de las vías ferroviarias. En 1921, en el kilómetro 1.297 por fin el tren se detuvo en Plaza Huincul al habilitarse una estación. “Como era de esperar, simultáneamente con la construcción de estos edificios basales para cualquier población comenzó a desarrollarse el tercer conglomerado humano con numerosos comerciantes, en calidad de ‘permisionarios’ de la Dirección de Minas primero y desde 1922 de Yacimientos Petrolíferos Fiscales, que se asentaron definitivamente”, sostiene Solari. “Este noviembre de 1915 se cumplieron cien años de la llegada de aquellos buscadores de petróleo. Cien años desde que llegó aquel matrimonio con sus niños y ante estas viejas fotografías color sepia que muestran precarias instalaciones, obreros sin casco en alpargatas, jinetes que recorrían los pozos a caballo y otras curiosidades, hijos, nietos y bisnietos de aquellos, entre los cuales algunos perdieron la vida y otros resultaron mutilados en la boca del pozo petrolero como el caso de mi padre”, concluyó Solari. Antes de la fecha histórica, aquella en la cual el petróleo salió de la entrañas de la tierra, hubo personas que dejaron parte de su vida. Las efemérides suelen ser injustas con este tipo de historias, que sin embargo fueron una condición necesaria para el desarrollo urbano y de toda la provincia.

Trabajadores en los talleres de YPF, un siglo atrás.


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