Los desajustes y las sospechas






Las reglas provinciales no valen lo suficiente, y los municipios fijan sus pautas y fronteras. El gobierno de Carreras no tuvo persuasión para ordenar, ni a sus jefes locales y aliados.


Ocurre lo que no debe ocurrir en momentos de decisiones complejas. Falta diálogo institucional y sobran acciones dispersas en el transitar de la pandemia.

Desde el inicio, el gobierno provincial permitió que cada Municipio fijara su criterio territorial. Nunca existió convencimiento ni autoridad para imponer un marco provincial y así los gobiernos locales establecieron fronteras, a partir de sus ponderaciones médicas. Los decretos provinciales y las resoluciones de Salud nunca valen lo suficiente, y la administración de Arabela Carreras no tuvo persuasión política para ordenar, ni a sus intendentes ni a los aliados.

Salud instauró cercos coyunturales en Jacobacci y el Valle Medio, pero desde hace meses diferentes municipios cerraron sus accesos, con sus juicios sanitarios. Otro ejemplo: el decreto 323 prohíbe la apertura comercial los domingos. Eso no ocurrió -entre otras- en Bariloche, que adhirió, reabrió y recién esta semana quedó obligada al cierre con las últimas restricciones para esa ciudad y el departamento Roca.

Este proceso repitió contrariedades, siempre por su desvinculación. Jefes comunales de esas localidades se enteraron por los medios. El cipoleño Claudio Di Tella fue el más sorprendido. Creía -como otros- que las medidas eran para Roca y Bariloche. Las reacciones locales explican que, a las pocas horas, apareció una segunda resolución para excluir a Cinco Saltos, Fernández Oro, Campo Grande, Godoy y Cipolletti, como también moderó su alcance en Regina, Chichinales, Huergo y Catriel argumentando pedidos municipales. El diálogo previo hubiera evitado semejante viraje, que quedó disimulado con el posterior decreto nacional de prohibiciones.


Río Negro arrastra problemas anteriores, como la concesión de los casinos andinos. La rescisión llegó tarde y en pandemia. El tiempo no significó previsión, ni ahuyentó sospechas.


Bariloche revisó la restricción provincial en la “circulación de las personas” y la transformó en limitaciones de concurrencia a los comercios. El cierre no alcanzó al cerro Catedral.

El desacople erosiona la relación de la administración de Carreras con sus intendentes. El senador Weretilneck advierte sobre ese riesgo. Tampoco pacificó el asentamiento de José Deco en la cartera social porque el ministro se amarra al esquema de Carreras: una articulación directa con las entidades y el reparto por sus delegaciones. Así, los gobiernos locales participan solo en algo de la distribución de los módulos de Educación, que cubren los cerrados comedores. Esto también se restringirá cuando próximamente se reemplace esa asistencia por tarjetas.

Viedma sigue esperando por la inauguración del primer invernadero comunitario del plan lanzado por Deco, según lo acordado. Existe, en realidad, otro problema: el duradero malestar de Carreras con el jefe capitalino Pedro Pesatti porque las restricciones capitalinas “molestan y dificultan”. Lo peor es que esas condiciones la obligaron a eyectar dos funcionarios de su creación cuando ellos ocultaron información al ingresar a la Capital. En su enojo, la gobernadora insinuó recurrir a una sede administrativa temporaria. De hecho, hay funcionarios que hace meses no llegan a Viedma, bajo la excusa de la forzada cuarentena.

Desde marzo, el coronavirus hace todo más mudable aunque Río Negro arrastra problemas anteriores. Uno de ellos es cómo seguirá con la explotación de los casinos de Bariloche, Jacobacci y El Bolsón, que ocupan más de 300 agentes. La rescisión del contrato a Entretenimientos Patagonia llegó tarde y en plena pandemia. La empresa echada ya transfirió todo a Lotería, que deberá llegar hasta la próxima concesionaria, que surgirá de una licitación, aún pendiente de lanzamiento. Sin operador, la Provincia deberá afrontar, por lo menos, por seis meses, los salarios del personal y luego ocuparse de las salas.

Carreras no confió en la receta de Weretilneck (rescindir y acordar con Crown, que explota los otros casinos). Lo grave fue que no se avanzó en ningún sentido.

El tiempo y el silencio no se transformaron en previsión y en resolución. Y menos aún ahuyentaron las sospechas que siempre rodean el extravagante negocio del juego.


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