Los dólares de Scioli

Por Redacción

Como nos recordó hace siete meses el exjefe de Gabinete y actual senador Aníbal Fernández, la razón por la que tantos prefieren ahorrar en dólares estadounidenses a arriesgarse haciéndolo en pesos nacionales no tiene nada que ver con su supuesta falta de patriotismo. Se debe exclusivamente a que, a través de los años, la moneda yanqui, a diferencia del peso, ha conservado buena parte de su valor. Así, pues, al pedirle al gobernador bonaerense Daniel Scioli cambiar en pesos los poco más de 200.000 dólares que tiene depositados, la presidenta Cristina Fernández de Kirchner lo instaba a entregarlos a un Estado despilfarrador y llamativamente ineficiente que, andando el tiempo, se las arreglaría, el impuesto inflacionario mediante, para devolverle monedas. En efecto, el empobrecimiento de la una vez relativamente próspera clase media del país, un fenómeno que según parece no ha perjudicado demasiado a los políticos profesionales, puede atribuirse a la negativa de los gobernantes de turno a defender el valor del peso nacional. Scioli atribuyó su voluntad de aferrarse a sus dólares a que los precisa porque todos los años tiene que trasladarse al exterior por motivos médicos, puesto que en 1989 perdió el brazo derecho en un accidente que sufrió mientras participaba de una carrera motonáutica. Aunque Scioli dista de ser el único habitante del país que necesita dólares, euros u otra divisa fuerte para comprar los bienes, insumos o servicios que el “modelo” de Cristina no está en condiciones de ofrecer, por tratarse de un gobernador provincial y, para más señas, un “presidenciable”, los pesificadores del gobierno no podrán tratar su planteo con el mismo desprecio que suelen manifestar ante las súplicas de personas menos influyentes. De más está decir que las alusiones de Cristina, Gabriel Mariotto y, claro está, Aníbal Fernández a los dólares que tiene Scioli no se inspiraron en su reciente conversión al patriotismo monetario sino en el deseo de desprestigiarlo, ya que les molesta sobremanera el hecho de que conforme a las encuestas de opinión sea mucho más popular que la presidenta, pero parecería que sus esfuerzos en tal sentido no han sido del todo exitosos. Por el contrario, al aseverarse indignados porque Scioli tiene una cantidad no muy grande de dólares en un banco, Cristina y sus laderos sólo lograron llamar la atención a un problema que es decididamente mayor: el supuesto por el patrimonio mucho más imponente de la presidenta misma. Aunque Scioli no necesitaba justificar nada, puesto que, como señaló, “todo el mundo sabe lo que yo tenía” y, según parece, en la actualidad tiene menos que cuando inició su exitosa carrera política, para contestar a las insinuaciones de los interesados en denigrarlo dio a entender que sería inútil acusarlo de haber aprovechado las oportunidades brindadas por el poder para enriquecerse ilícitamente. Como no pudo ser de otra manera, el matutino porteño que según Cristina y sus militantes está detrás de todos los males del país, “Clarín”, interpretó así las palabras de Scioli. A esta altura, los kirchneristas entenderán que la presidenta cometió un error absurdo cuando procuró “explicar” la evolución de su propio patrimonio ensañándose con Scioli. De todos los dirigentes nacionales importantes, el gobernador bonaerense es el menos vulnerable a las acusaciones genéricas de corrupción porque antes de dedicarse a la política poseía una fortuna personal envidiable. Puesto que es de prever que en los meses próximos el tema de la corrupción se ponga de moda, como suele suceder cuando un “proyecto” antes hegemónico entra en una fase declinante, el que Scioli, además de representar un estilo nada agresivo muy distinto del kirchnerista, pueda afirmarse ajeno a las prácticas que han permitido a otros amasar patrimonios personales impactantes con toda seguridad le otorgará muchas ventajas en la lucha por la sucesión. Así las cosas, a los kirchneristas les convendría concentrarse en otras características, genuinas o meramente supuestas, de la gestión de Scioli, ya que, por razones que deberían serles evidentes, les resultaría contraproducente procurar desacreditarlo porque se ha negado a cambiar 200.000 dólares fuertes en pesos que, como todos saben muy bien, están destinados a desaparecer quemados en la hoguera inflacionaria.


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