Los dos Río Negro
El apuro político podría incentivar obras y acciones muy necesarias.
RÍO NEGRO
ALICIA MILLER amiller@rionegro.com.ar
En la economía real, en la que mueve a miles y miles de familias en Río Negro y Neuquén, las crisis de la fruticultura, la ganadería y el petróleo ensombrecen el futuro de muchas personas. En la visión económica del gobierno provincial todo es prosperidad. Llueve dinero, que no costó más esfuerzo que aprobar la prórroga de varios contratos de explotación de hidrocarburos. Río Negro es una provincia de contrastes fuertes. En el discurso oficial somos una jurisdicción ordenada y rica. Esa visión se hace demasiado estrecha en cuanto uno recorre rutas y ciudades. El contexto de la actividad frutícola es muy preocupante: el gobierno nacional sigue privilegiando un esquema de política monetaria pensado para hacerse del excedente de rentabilidad de la Pampa Húmeda. Pero que deja sin oxígeno a las economías regionales. La valletana paga sus insumos en dólar paralelo, asume el costo de una política salarial que acompaña a la inflación y cobra sus exportaciones en dólar oficial. Los excluidos de ese circuito no están mejor: el mercado interno, deprimido por el amesetamiento de la economía, no ofrece una alternativa atractiva. Los productores frutícolas pequeños y medianos son quienes más sufren. Pero la persistencia de la situación amenaza incluso al sector exportador, más concentrado. En ese marco, la acción sindical para obtener un aumento salarial –lógica a la luz de la inflación galopante– suma presión a una olla que hierve. El condimento picante lo aportan la interna del gremio y la brecha en el Frente para la Victoria. El gobernador, su gabinete y los parlamentarios nacionales de la provincia mantienen silencio. Cuesta recordar que representan a Río Negro en la Cámara de Diputados, por el Frente de la Victoria, Herman Avoscan y Luis Bardeggia –ambos del sector de Weretilneck–, además de Jorge Cejas, Josue Gagliardi y María Emilia Soria. Y, en el Senado, Silvina García Larraburu, Miguel Pichetto y Magdalena Odarda. Cejas, Pichetto y Odarda participaron de la reunión que días atrás se realizó en Buenos Aires, con representación de exportadores y cámaras. Pero –como lamentablemente era de esperar– la propuesta de cinco puntos no pasó el filtro de Kicillof o la presidenta estuvo demasiado ocupada. Más allá de esos esfuerzos, la dirigencia política no parece tomar conciencia de lo que la crisis frutícola implica para la provincia y su gente. Engolosinado por los “petrodólares”, Alberto Weretilneck busca dar idea de que su gobierno camina. Se trata del mismo que tiene las rutas provinciales virtualmente intransitables, que no ha acompañado con inversión la necesidad de infraestructura de Río Negro, que en casi un año no pudo resolver la rotura del acueducto de Arroyo Ventana que provee a Sierra Grande y a la minera y que mantiene hospitales colapsados. La situación en Sierra Grande es emblemática de un estilo de conducción del Estado que no le sirve a nadie. La provincia no tiene –como sí tenía en un pasado no tan lejano– cuadrillas con formación y recursos como para hacer obras de mediana envergadura. Así, depende de licitaciones que, como en el caso del acueducto, suman tiempo y trastornos. ¿Qué ciudad puede estar diez meses sin suficiente provisión de agua? ¿Qué industria puede sobrevivir allí? ¿Qué actividad turística? ¿Qué hará el Estado ahora? ¿Dar subsidios? Lo peor es que la falta de agua en Sierra Grande no comenzó cuando, el 7 de abril de 2014, un tremendo temporal arrasó los dos acueductos que van desde Los Berros y el arroyo Ventana y 130 metros de uno y 30 kilómetros del otro quedaron como “un puñado de escarbadientes tirados en el suelo”. Dos meses antes de aquella noche fatídica, el 12 de febrero de 2014, un artículo publicado en este diario comenzaba: “El Estado provincial aún está en deuda con esta ciudad con un paquete de obras públicas que estaban comprometidas para evitar problemas de suministro de agua”. Se recordaba allí la promesa incumplida del exministro de Obras Públicas de Alberto Weretilneck, Fernando Vaca Narvaja, de construir una cisterna de agua potable en Playas Doradas, rehacer la red urbana que –con roturas crónicas– causa un desperdicio de millones de litros al año –se estimaba en 9 millones de pesos el gasto del arreglo– y reparar el vértice 52, donde el acueducto se divide en dos, por un lado para Sierra Grande y por otro para la minera MCC. Cuando sucedió el temporal, la situación tomó dimensiones de desastre. Desde entonces, todo fue trámite y burocracia. Recién en la primera quincena de enero comenzó el trabajo de reparación. Y desde entonces, Sierra Grande, la minera MCC y el balneario Playas Doradas están con servicio mínimo o interrumpido. La empresa china que explota el hierro de la sierra se vio obligada a suspender a 450 trabajadores por no poder producir. En enero, un incendio de campos agravó la situación, quemando líneas eléctricas, animales y propiedades a lo largo de 30 kilómetros y 60.000 hectáreas a pesar de los esfuerzos de los bomberos, sin que en el Río Negro de la realidad hubiera cómo frenarlo. Cuando, esta semana, la provincia no asistió a la reunión con los vecinos y transmitió –a través de un funcionario municipal– que iniciaría la gestión para comprar 400 tanques domiciliarios de agua, la paciencia de los serranos se colmó y salieron a interrumpir en forma intermitente el tránsito en la Ruta 3. Entre obras y elecciones Río Negro asistió –otra vez– al besamanos orquestado por la presidenta de la Nación para refinanciar los pasivos provinciales usando la ocasión para realizar un acto político. En virtud de ese mecanismo y de los contratos petroleros, al Estado de Río Negro no le faltará dinero este año. La atención, entonces, está puesta en con qué eficiencia y sabiduría esos recursos serán orientados a satisfacer las necesidades de infraestructura y servicios de los rionegrinos. En un año electoral el tema es trascendente, por la arraigada costumbre de muchos políticos de priorizar su utilización proselitista por sobre el interés común. Tal vez el ejemplo presidencial llevó al gobernador Alberto Weretilneck a condicionar a su intervención la distribución de los fondos petroleros que les corresponden a los municipios. Por fortuna, esta semana la Provincia redujo la exigencia de presentación de proyectos convirtiéndola en el mero envío de una nota con el listado de las obras a realizar. Los intendentes del Frente para la Victoria dieron su conformidad y el entendimiento evitará que las ciudades –y sus pobladores– sean rehenes de una trama de diferencias políticas. Ahora, una y otros competirán por las realizaciones y el mérito que ellas puedan generar en el electorado. Es de esperar que las obras sean soluciones oportunas y óptimas a la gran cantidad de problemas pendientes en el Río Negro de la gente.
RÍO NEGRO
Registrate gratis
Disfrutá de nuestros contenidos y entretenimiento
Suscribite por $1500 ¿Ya estás suscripto? Ingresá ahora