Los 'hacheritos', dueños de la Fiesta del Montañés
Niños y jóvenes se llevaron todos los aplausos. El domingo habrá carrera de mozos y más concursos.
SAN MARTIN DE LOS ANDES (ASM).- Dicen las historias del pueblo, que cuando el siglo pasado despuntaba entre los primeros aventureros de la montaña, se podían oír los sonidos inquietantes del jabalí o ver las pisadas del puma sobre la nieve. Dicen también que el esfuerzo por deslizarse entre las nieves del Chapelco valía la pena, aunque en general era empeño para una sola vez por jornada, porque a muy pocos les daban las piernas para intentar un segundo ascenso con los esquíes de madera de lenga al hombro. Dicen que antes nevaba mucho más y que no había un vecino que no saludase a otro de vereda a vereda…
Con ese espíritu se inició ayer la Fiesta Nacional del Montañés, en su 25 edición, una de las celebraciones más tradicionales de los sanmartinenses, que el cabo refleja la identidad de una aldea que ya dejó de serlo para convertirse en ciudad. Y allí estuvieron los hacheritos, que en la plaza San Martín dieron cuenta de los rollizos de álamo, como aperitivo del gran concurso de hacheros del domingo. Catorce niños y adolescentes de entre 9 y 15 años se pusieron pecheras blancas y sacaron astillas a los «palos», en medio del gentío que los animaba a pesar del frío.
El ganador fue Juan José Cardozo, de 15 años, con un tiempo de 1 minuto y 15 segundos. Juan José es del barrio Parque Sur; se dedica a la escuela y a peón de albañil. Y ahora podrá aventurarse a la guitarra, tal el primer premio para el ganador. El segundo lugar correspondió a Daniel Antifil, de 14 años, con un tiempo de 1.34 y domiciliado en Chapelco. El tercero fue para Darío González, de 12 años, con un tiempo de 2.16, y vecino de Puente Blanco.
Las actividades comenzaron a las 16.30, con el tradicional desfile de pioneros, que compartieron lugar de privilegio en la caminata entre las plazas Sarmiento y San Martín, donde se desarrolló el resto del programa que continuaba al cierre de este despacho. Cientos de residentes y turistas siguieron las evoluciones de la columna, con esa sensación de simpatía y respeto que se tiene por aquellos que construyen la identidad de un lugar.
Hoy, desde las 11, las actividades continuarán en cerro Chapelco. Habrá jornada de competencia con el slalom y el Memorial Federico Graeff, a la vez que la base se transformará con la música rock. Desde las 21, se desarrollará un recital de la banda Grado Cero y grupos locales en el club Lácar.
Los premios en Chapelco
Chapelco vibró ayer con el Trofeo Américo Astete (puntaje F.I.S), que por suma de tiempos del doble Slalom Gigante fue para el estadounidense Paul Pukket, con un tiempo de 2.20.14 (parciales de 1.14.24 y 1.05.90), mientras que en mujeres la victoria fue para la francesa Ingrid Bott, con un crono total de 2.19.84 En varones, el segundo lugar correspondió al chileno Duncan Grobb (2.20.44) y el tercero fue también para el chileno Jorge Mandrú (2.20.95).
El mejor argentino sobre un total de 97 competidores fue Matías Marcaccini, en séptimo. Para las damas, la segunda colocación fue para la argentina Miriam Vázquez (2.19.87), y la tercera para la norteamericana Alice McKennis (2.20.03), entre 54 clasificadas. El trofeo Américo Astete es un tributo a uno de los pioneros y entusiastas de cerro Chapelco, socio del club Lácar -organizador de los eventos-, y uno de los fundadores de su escuela de esquí. Fue también el constructor del refugio Villa Mahuida, diseñador de las pistas de Chapelco, y activo e incansable organizador de competencias de esquí y de los deportes de montaña.
SAN MARTIN DE LOS ANDES (ASM).- Dicen las historias del pueblo, que cuando el siglo pasado despuntaba entre los primeros aventureros de la montaña, se podían oír los sonidos inquietantes del jabalí o ver las pisadas del puma sobre la nieve. Dicen también que el esfuerzo por deslizarse entre las nieves del Chapelco valía la pena, aunque en general era empeño para una sola vez por jornada, porque a muy pocos les daban las piernas para intentar un segundo ascenso con los esquíes de madera de lenga al hombro. Dicen que antes nevaba mucho más y que no había un vecino que no saludase a otro de vereda a vereda...
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