“Los K ya le
Pieza clave en la oposición del radicalismo al kirchnerismo, Aguad está convencido de que se desmorona el poder oficial, que “le teme a la gente y a las investigaciones por corrupción”.
entrevista: Oscar Aguad, diputado nacional por la UCR
Carlos Torrego
carlostorrengo@hotmail.com
–¿Es gorila?
–Fui gorila, ya no. Soy muy respetuoso del peronismo, de su historia, sus luchas. Lo valoro, y desde la valoración también hablo de sus errores y soy crítico, pero no desde lo irreductible del gorilismo.
–¿Habló con “Lilita” luego de que le cuestionara el desdén con que, dijo, usted trataba al peronismo? La cuestión de los choripanes…
–Ella no entendió por dónde iba mi reflexión. O sea: el kirchnerismo utiliza la pobreza para llenar las plazas. Una cosa es movilizar a la gente a un acto, llevarla porque no tiene en qué hacerlo y darle un choripán para que coma mientras se moviliza, y otra muy distinta es utilizar a los pobre que compran planes sociales para llenar las plazas.
–A mucho menos de un año de andar –hace 10– el gobierno de Néstor Kirchner, usted fue el primer político al que escuché decir que estaba abierta la posibilidad de que el kirchnerismo derivara en absolutismo. ¿Qué le hacía pensar en esa dirección?
–Yo me reservo mi tiempo para estudiar la política desde lo medular del discurso, las gestualidad de sus protagonistas, los imaginarios que creo que los mueven en ésta o aquella dirección. Y así puse la lupa en Kirchner y el kirchnerismo. Concretamente en la concepción de poder que iban expresando a medida que se asentaban como poder… Y me di cuenta de que, si uno raspaba nada más que un poquito el ideario kirchnerista, no eran otra cosa que populistas. Mucho antes del año me di cuenta… La realidad me decía que acumulaban poder legítimamente, pero estaba en ellos, desde los parámetros de reflexión que le señale recién, casi en entre líneas primero pero luego en términos más firmes, la convicción de hacer del poder un capital electoral y nada más. Mantenerse en el poder sí o sí: propio del populismo. Violentar toda racionalidad en relación al manejo de lo público… así se dilapidaron reservas, 12 millones de cabezas de ganado, manejo necio del tema energético, etc. Dilapidación que se corresponde con otra característica muy concreta del populismo: tirar por la borda lo logrado en tiempos de vacas gordas, tiempo que acá tuvimos.
–Seguramente se explica desde lo ideológico, ¿pero cómo explicar en términos muy prácticos esa doble vía: tener y tirar?
–Creo que hay una única respuesta: el populismo es incapaz de generar riqueza y manejarla responsablemente. ¡Ésa es la matriz que lo define!
–Pero al momento –a poco andar el kirchnerismo– que usted detecta que será populismo, lo que usted define como dilapidar no existía. Diríamos que es un tiempo en que se gobierna criteriosamente. ¿Hay algo en particular, quizá desde lo discursivo, que a usted le dice por dónde irán?
–Sí, aunque no sé si lo valoré en los términos que usted señala. Note que el kirchnerismo, a la hora de fundamentar decisiones, iba la categoría soberanía… Todo se hacía con el argumento de alguna soberanía, “la energética”, la de “la mesa de los argentinos”, “la previsional”… Habría que trabajar lo que ha sido el “soberanía” en los discursivo del kirchnerismo…
–¿Qué cree que fue o es?
–Un engaño. Por eso todo el discurso del kirchnerismo está vaciado de contenidos serios. Se está vaciando de lo que tuvo de capital social y ahora, desesperado, se inyecta cada vez de más autoritarismo para vaciar el capital institucional que lo pueda condicionar desde ese plano. Esto es la mentada reforma de la Justicia. Estamos en una situación muy, muy complicada…
–Cuando se define un cuadro político de “muy muy complicado”, nada es neutro. Libera la posibilidad de mucho imaginario. ¿Qué impresión tiene de la evolución de la temperatura?
–Me parece que quizá no termine bien.
–¿Qué lo determina?
–Estamos ante fanáticos, populistas y fanáticos. El kirchnerismo hoy es eso. Por lo tanto, ajeno a toda conducta crítica sobre sus pasos, su presente, su futuro… ¿Cómo explicar, por caso, lo dicho por el viceministro de Economía Kicillof sobre que “la seguridad jurídica es horrible”? Eso es dicisionismo del más puro Carl Schmitt frente a la teoría normativa de Kelsen… Es decir: las naciones no deben hacer de la norma estática una exigencia sino por la decisión de quien gobierna… Lo aconsejó incluso el vice de Justicia, Julián Álvarez: adaptarse a la realidad que define el poder.
–¿Cree que habrá violencia?
–Ya la hay: Argentina está dividida por esta concepción del ejercicio del poder. División que llega a la familia, la amistad. Pero confió. Tenemos una suerte: el papa Francisco.
–Ya tiene mucho barullo con su propia tropa.
–Pero puede jugar un papel muy fuerte aquí…
–¿Habla con sus pares del kirchnerismo pero en términos particulares, en tren de confesiones?
– Sí, mucho.
–¿Qué encuentra?
–Hablo con toda la bancada kirchnerista. Hay un núcleo duro, Rossi, por caso. Es un convencido total de lo que hace, recibe órdenes y es un soldado de la primera hora… No doy más nombres. Pero sí, hay otros que están convencidos de que están cometiendo errores, lo dicen en consideración a una historia, a amistad. No digo que sea el caso de quienes se confiesan en privado, pero en el kirchnerismo hay mucho miedo.
–¿De qué tienen miedo? Mire que es un poder con mucha experiencia de estar entre las sogas…
–Pero nunca habían estado con tantos frentes abiertos. Y ya le tienen miedo al ruido que le llega desde la calle, a la gente en estado de creciente movilización, mirándolos a los ojos y diciéndoles los que les dice.
–¿O sea miedo en relación a perder las elecciones?
–No sólo miedo en proyección a las elecciones: miedo aquí, ahora. Están muy alarmados por las denuncias de corrupción porque han cometido muchos delitos. En consecuencia, les corre el frío por la espalda cuando se preguntan, todo este marco de miedo, con qué pruebas vendrán las denuncias… Lanata, para el caso.
–¿Qué debe hacer el radicalismo de cara a los tiempos por venir?
–Volver a recuperar voluntad de poder. Y organizar ideas para darle contenido a esa voluntad.
–¿Complejo? Al menos reflexionando de cómo está el partido.
–Complejo si no asumimos que debemos fracturar una historia que todavía no nos hemos explicado hacia adentro del partido.
– ¿Qué historia?
–La de ausencia de autocrítica. No se puede colocar al partido en tren de poder que cuente en la lucha por el poder, si todavía no nos explicamos claramente qué no pasó con el gobierno de Raúl Alfonsín y de Fernando de La Rúa. ..
–¿No es ir muy lejos en la historia de cara a las exigencias del presente?
–No se puede medir esta necesidad desde esa variable. Se trata de explicarnos los porqués. Qué déficit tuvimos en el campo de las ideas, en la práctica política concreta. Tampoco se trata de personalizar culpas. Se trata de saber lo que no podemos repetir. Un acto amplio, generoso de revisión…