Los misterios del cerebro adolescente



Teresa Torralva*

Hace décadas, se daba por sentado que el mayor período de desarrollo cerebral sucedería en los primeros años de vida, pero en ese entonces no contábamos con las herramientas necesarias para mirar dentro del cerebro y determinar con mayor precisión su desarrollo en las diferentes etapas de la vida. Los grandes avances en métodos tales como la RMN estructural y funcional nos permiten entender que no todo termina de desarrollarse en los primeros años de vida, sino que el desarrollo cerebral continúa hasta pasados los 20 años. La adolescencia se trata de una de las etapas de transición más importantes en la vida del ser humano y se caracteriza por un ritmo acelerado de crecimiento y cambios.

Esta fase viene condicionada por una serie de procesos biológicos que son prácticamente universales, aunque la duración y las características propias de este periodo pueden variar a lo largo del tiempo y las distintas generaciones. Algunos ejemplos de esto son el inicio más temprano de la pubertad, la postergación de la edad del matrimonio, la generalización de la comunicación, la incorporación de la tecnología a la vida cotidiana y la evolución de las actitudes y las prácticas sexuales.

Los adolescentes, mientras se adaptan a los nuevos roles y responsabilidades, navegan en un territorio poco familiar o desconocido a través de la prueba y el error, buscando novedades, experiencias excitantes y nuevas recompensas. Esto se manifiesta habitualmente en conductas irresponsables y riesgosas mientras intentan entender sus nuevos impulsos y relaciones. ¿Por qué sucede esto?

Desarrollos desparejos y disparatados subyacen a esas conductas. La región prefrontal del cerebro, que se ocupa de las llamadas funciones ejecutivas y del control de impulsos, se va desarrollando lentamente y a un ritmo parejo a través de la adolescencia. A medida que los niños crecen y se convierten en adolescentes y luego en adultos, el desempeño en tareas de control de impulsos va mejorando, logrando gradualmente resistirse a las recompensas inmediatas, considerando el largo plazo, a través de esta maduración lineal de esta región cerebral.

Por el contrario, otras regiones (subcorticales) relacionadas con la emoción, la motivación y la recompensa, presentan un desarrollo rápido en la adolescencia temprana, sobrepasando la lenta maduración de las regiones prefrontales. Dado que las interacciones entre la corteza prefronal y estas regiones subcorticales juegan un rol fundamental en la regulación de la conducta, la disparidad entre los componentes emocionales e intelectuales en la toma de decisiones adolescente genera decisiones sesgadas y vulnerables.

Los adolescentes en esta etapa funcionan como un “lamborghini sin frenos” con un sistema de procesamiento emocional que se activa con facilidad y un sistema de control cognitivo (frenos) todavía inmaduro.

La ciencia del cerebro adolescente tiene que hacerse un camino y de esta forma brindar las herramientas necesarias para que los miembros de la comunidad, los profesionales de la salud y la educación y los padres tengan más recursos para promover su desarrollo, acompañarlos a transitar esta etapa de la mejor manera posible, y a la vez, y de ser necesario, intervenir eficazmente ante el surgimiento de determinados problemas.

(*) Neuropsicóloga, directora ejecutiva de Fundación Ineco (Instituto de Neurología Cognitiva) para la investigación en neurociencias y del Departamento de Neuropsicología; autora del libro “Cerebro Adolescente”, donde cuenta lo que sabe la ciencia sobre este período de la vida


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