“Los países más ‘educados y civilizados’ quieren atacar Siria”

Redacción

Por Redacción

Desde el comienzo de la humanidad el corazón del hombre demanda, nunca llega a estar completamente satisfecho. En él se tejen sentimientos diversos como la envidia, el resentimiento, el recelo y la codicia, entre muchos otros, pero todos juntos desembocan en necesidades que debemos satisfacer. En otros tiempos –3.000 años antes del nacimiento de Jesucristo, estiman los historiadores y arqueólogos–, cuando las poblaciones de seres humanos empezaron a organizarse como sociedades, los pueblos llamados sumerios, que habitaron las planicies aluviales de los ríos Éufrates y Tigris, ya posiblemente hayan sido invasores, usurpadores, dominantes. ¿Los motivos? ¿Habrán sido las tierras y el agua para la agricultura y las mejores pasturas para el ganado? Si nos detenemos unos instantes a reflexionar, en toda la historia de la humanidad encontraremos esta “causa y efecto”, esta “necesidad y acción” impregnada en los genes de todos los hombres. Pueblos guerreros y pueblos pacíficos, pueblos invasores y pueblos invadidos, pueblos represores y pueblos reprimidos, conservadores y separatistas. Así ha sido durante siglos este devenir oscilante en el desarrollo histórico de todas las naciones y razas que habitan hoy el mundo hasta nuestros días. Y van quedando nombres que perduran en la historia, que recordamos y que nos recuerdan nuestros propios orígenes como nación y el de otras naciones, conformando así nuestro entorno cultural, nuestra riqueza intelectual y aquí satisfaciendo otras necesidades como las de identidad, reconocimiento y nacionalismo. Pero seguramente detrás de todos esos hombres que reconocemos en el mundo como próceres hubo mucha sangre humana debajo de la tinta que impregna las hojas de los libros, seres humanos como cualquiera de nosotros que perdieron la vida, sus familias, sus hogares, sus tierras, sus sueños, su libertad… Dominantes y dominados, avasallantes y avasallados, triunfadores y vencidos, conquistadores y conquistados… así ha sido nuestra historia a través de los siglos. Y ahora surge indefectiblemente una pregunta para esta era de la modernidad que transitamos: tantos siglos de “evolución”, tantos años de “cultura y educación”, tantas universidades de renombre de las que nos jactamos por ser “las universidades más calificadas” del mundo por su potencial cultural y por la envergadura de su capital humano… ¿nos han hecho más humanos? Tantos seres racionales educados y formados intelectualmente viviendo en una era informática y tecnológica en la que han estallado los conocimientos y la información que decimos haber dejado atrás la barbarie, el despotismo, el autoritarismo en la mayor parte del mundo. ¿Nos sentimos y actuamos más humanizados? Hoy la “policía del mundo”, los países más “educados y civilizados”, quieren atacar Siria argumentando que el régimen de Al Assad habría utilizado armas químicas contra su propio pueblo. ¿Cuáles serán las verdaderas “necesidades” de estas personas en esas tierras de confrontadas etnias y religiones con fronteras impuestas que se ufanan de ser las “protectoras” de la humanidad? Los principales mandatarios del mundo agrupados como G20 se han reunido en San Petersburgo para expresar, entre otras cosas, su postura ante este posible bombardeo, algunos preocupados por Siria. Pero en muchos de estos países selectos hay “armas de destrucción masiva silenciosas” que van matando sus pueblos lentamente y de las que nadie habla, como la falta de educación y salud pública, la inseguridad, la desnutrición infantil, el desempleo, el flagelo de la droga, la prostitución y la trata de personas. Consecuentemente, el crecimiento humano en conocimientos, ciencia, tecnología y razón no es directamente proporcional a su crecimiento espiritual. “La injusticia hecha en perjuicio de uno solo es una advertida amenaza contra todos”. Ralf W. Emerson Flavio Amarillo DNI 20.097.847 Las Grutas

Flavio Amarillo DNI 20.097.847 Las Grutas


Desde el comienzo de la humanidad el corazón del hombre demanda, nunca llega a estar completamente satisfecho. En él se tejen sentimientos diversos como la envidia, el resentimiento, el recelo y la codicia, entre muchos otros, pero todos juntos desembocan en necesidades que debemos satisfacer. En otros tiempos –3.000 años antes del nacimiento de Jesucristo, estiman los historiadores y arqueólogos–, cuando las poblaciones de seres humanos empezaron a organizarse como sociedades, los pueblos llamados sumerios, que habitaron las planicies aluviales de los ríos Éufrates y Tigris, ya posiblemente hayan sido invasores, usurpadores, dominantes. ¿Los motivos? ¿Habrán sido las tierras y el agua para la agricultura y las mejores pasturas para el ganado? Si nos detenemos unos instantes a reflexionar, en toda la historia de la humanidad encontraremos esta “causa y efecto”, esta “necesidad y acción” impregnada en los genes de todos los hombres. Pueblos guerreros y pueblos pacíficos, pueblos invasores y pueblos invadidos, pueblos represores y pueblos reprimidos, conservadores y separatistas. Así ha sido durante siglos este devenir oscilante en el desarrollo histórico de todas las naciones y razas que habitan hoy el mundo hasta nuestros días. Y van quedando nombres que perduran en la historia, que recordamos y que nos recuerdan nuestros propios orígenes como nación y el de otras naciones, conformando así nuestro entorno cultural, nuestra riqueza intelectual y aquí satisfaciendo otras necesidades como las de identidad, reconocimiento y nacionalismo. Pero seguramente detrás de todos esos hombres que reconocemos en el mundo como próceres hubo mucha sangre humana debajo de la tinta que impregna las hojas de los libros, seres humanos como cualquiera de nosotros que perdieron la vida, sus familias, sus hogares, sus tierras, sus sueños, su libertad… Dominantes y dominados, avasallantes y avasallados, triunfadores y vencidos, conquistadores y conquistados… así ha sido nuestra historia a través de los siglos. Y ahora surge indefectiblemente una pregunta para esta era de la modernidad que transitamos: tantos siglos de “evolución”, tantos años de “cultura y educación”, tantas universidades de renombre de las que nos jactamos por ser “las universidades más calificadas” del mundo por su potencial cultural y por la envergadura de su capital humano… ¿nos han hecho más humanos? Tantos seres racionales educados y formados intelectualmente viviendo en una era informática y tecnológica en la que han estallado los conocimientos y la información que decimos haber dejado atrás la barbarie, el despotismo, el autoritarismo en la mayor parte del mundo. ¿Nos sentimos y actuamos más humanizados? Hoy la “policía del mundo”, los países más “educados y civilizados”, quieren atacar Siria argumentando que el régimen de Al Assad habría utilizado armas químicas contra su propio pueblo. ¿Cuáles serán las verdaderas “necesidades” de estas personas en esas tierras de confrontadas etnias y religiones con fronteras impuestas que se ufanan de ser las “protectoras” de la humanidad? Los principales mandatarios del mundo agrupados como G20 se han reunido en San Petersburgo para expresar, entre otras cosas, su postura ante este posible bombardeo, algunos preocupados por Siria. Pero en muchos de estos países selectos hay “armas de destrucción masiva silenciosas” que van matando sus pueblos lentamente y de las que nadie habla, como la falta de educación y salud pública, la inseguridad, la desnutrición infantil, el desempleo, el flagelo de la droga, la prostitución y la trata de personas. Consecuentemente, el crecimiento humano en conocimientos, ciencia, tecnología y razón no es directamente proporcional a su crecimiento espiritual. “La injusticia hecha en perjuicio de uno solo es una advertida amenaza contra todos”. Ralf W. Emerson Flavio Amarillo DNI 20.097.847 Las Grutas

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