Los Robles, un vivero con una gran tradición familiar

Una historia de más de tres generaciones rodea a este típico vivero de San Martín de los Andes, que remonta su historia hasta la década del 40. Hoy, más vigente que nunca, siguen ampliando sus servicios y buscando embellecer la región.

El frente del vivero, una postal hermosa y muy tradicional de San Martín de los Andes, sobre todo para quienes están interesados por la jardinería.

El frente del vivero, una postal hermosa y muy tradicional de San Martín de los Andes, sobre todo para quienes están interesados por la jardinería.

Esto es, ante todo, una historia de sacrificios y valores de una familia emblemática de San Martín de los Andes. Todo comenzó allá por el año 1938, cuando Don Otto Neumeyer - abuelo de Cristina Neumeyer - inició la actividad como viverista cultivando pinos azules (científicamente conocidos como “Picea Pungens Glauca”), para luego diversificar el cultivo hacia otras coníferas y árboles.


“A lo largo y ancho del país hay Piceas producidas por mi abuelo”, comentó orgullosa Cristina a RÍO NEGRO. A fines de los 60, y siendo intendente de San Martín de los Andes, Otto “realizó un convenio con Don Juan Rosauer para plantar rosales en la ciudad. Las que hoy en día distinguen y llenan de colorido a nuestra ciudad”, agregó la nieta.

Ya iniciada la década del 70, el padre de Cristina, Harry Neumeyer (hijo de Don Otto), y siguiendo el legado familiar, comenzó con su propio vivero con diferentes cultivos. Pero lamentablemente unos años más tarde, tras el fallecimiento de Harry; y, con solo 17 años, fue el momento para la joven Cristina Neumeyer, que en el año 1976 inició su etapa de viverista.

A partir de entonces y hasta la fecha sigue en la actividad acompañada de su esposo, hijos y su nuera Nadia.

Tras varios años han realizado diseños y la ejecución de grandes jardines en la zona. En la actualidad se dedican a la producción de una gran variedad de arbustos, árboles, coníferas, florales y plantas de interior, lo que se autoabastece en un gran porcentaje, como por ejemplo e el caso de las lavandas, hebes, spiraeas, clematis motana, abelias e hypericum, entre otras.

Una de las flores del arrayán, conocido como “luma apiculata”, otra de las variantes que se ven por la región.


A lo largo del tiempo también han incorporado fertilizantes, agroquímicos, semillas de césped de prestigiosa marca, macetas y accesorios para jardinería, y demás productos que la comunidad demanda.

“Es el vivero más antiguo de la ciudad, una pequeña empresa familiar que continúa el legado de sus antepasados, manteniendo vivo el espíritu viverista y las ganas de producir cada día más variedad de especies, para fomentar la jardineria y el cuidado de las plantas a las nuevas generaciones” indica Nadia.

Diversificando la franja eterna de clientes, cuentan con expertas jardineras y paisajistas para asesorar hasta los novatos huerteros, los cuales aumentaron considerablemente en este año de cuarentena en casa.

Una de las tantas especies de las que hablan las expertas del vivero es del arrayán, o “luma apiculata”. Esta es una especie nativa de los bosques subantárticos, de la patagonia argentina y chilena.

La clemátides montana, una de las especies típicas que se pueden observar en San Martín.


Tiene un tronco retorcido con forma de arbusto y su corteza color canela -cuando ya son maduros- lisa y sedosa, con manchas blancas y humedad constante.

Según Cristina, puede alcanzar los 12 metros de altura en los mejores sitios de humedad y proteccion del viento y heladas.

Sus hojas son aromáticas de color verde oscuro y brillantes de forma aovadas. Tiene flores pequeñas de color blanco que resisten desde el final de la primavera hasta la despedida del verano.

Esta planta posee propiedades cosméticas y medicinales -ayuda a combatir afecciones estomacales, digetivas y broquiales entre otras- y con sus frutos de color negro, que son bayas comestibles, se preparan riquísimos licores.


“Por lo general lo encontramos en lugares de mucha humedad en el suelo como los bordes de ríos y arroyos o lagos e islas, como es la famosa isla Victoria, donde Walt Disney en su viaje a la Patagonia conoció los huemules y arrayanes e inspiró su pelicula Bambi”, relata Cristina Neumeyer a RÍO NEGRO.

“En el vivero reproducimos por semillas en almácigos y es muy utilizado en jardines cordilleranos, para lugares de semi sombra y húmedos- que para ser una planta nativa, su crecimiento es bastante rápido en comparación con lengas, coihues y cipreses”, acota Nadia, la nuera y también viverísta.

Así, acompañando los jardines y su gente desde hace mas de 70 años, aún vive y muestra todo su vigor el emblemático vivero Los Robles de San Martín de los Andes. Un emprendimiento con una fuerte carga familiar, y sobre todo con mucho esfuerzo.


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