Macri y el posible final del juego


Los votos se cuentan de a uno y Macri aún tiene la posibilidad de aspirar a un balotaje. En la otra orilla, la incógnita Fernández-Cristina. Garantía y a la vez principal acechanza a la estabilidad del sistema, el peronismo ya está listo para un inesperado regreso.


El presidente Mauricio Macri se enamoró de las multitudes. Podría decirse que ese deslumbramiento llegó algo tarde en su carrera política. Macri es ingeniero, no sociólogo, y hay que considerar además el relativo desinterés, cuando no rechazo, que el concepto de multitudes ha venido despertando en el pensamiento universal desde mediados del siglo pasado. Que lo explique mejor Jaime Durán Barba. A este inesperado puerto llegó el presidente empujado por una sucesión interminable de tormentas, muchas autoinfligidas, y la última de las cuales fueron las primarias.

Tal vez en las multitudinarias marchas que protagonizó en las calles de todo el país, Macri haya terminado por descubrir que es capaz de encarnar un nuevo liderazgo político en un tiempo de adversidades. Acaso se trate apenas de una despedida. Es un misterio qué clase de transformación operará este inesperado diálogo con las multitudes tanto en el electorado como en la voluntad del presidente. Pero ha sido el hecho político sobresaliente de esta campaña agotadora.

Los votos se cuentan de uno en uno y Macri aún tiene la posibilidad de aspirar hoy a un balotaje. Si se confirman en cambio los resultados de las primarias de agosto, habrá concluido un ciclo por el que sus contemporáneos lo juzgarán con severidad si se emplearan los criterios que él mismo propuso, como la lucha contra la pobreza. El juicio será implacable, no importa lo que más adelante pueda decir la historia.

Hubo una pérdida de confianza de los actores económicos y el deterioro cada vez más marcado de las variables, con un fuerte impacto en la actividad y el nivel de ingreso.

Macri ha gobernado en los últimos dos años con un único doble objetivo: contener el dólar y obtener la reelección. No hubo mucho más que eso. Igual de limitada fue su agenda en los primeros dos años de gestión: básicamente se propuso restaurar algunas formas de la institucionalidad degradadas durante la etapa tardía del kirchnerismo y superar el desafío de las elecciones de medio término. En las dos instancias, el presidente no pudo o no supo articular consensos políticos con la oposición dialoguista y decidió postergar la agenda de reformas económicas pendiente.

El resultado fue una progresiva pérdida de confianza de los actores económicos y el deterioro cada vez más marcado de las variables macroeconómicas, con un fuerte impacto en la actividad y el nivel de ingreso.

Macri recurrió al Fondo Monetario para un programa de salvataje cuando se le cerraron los mercados internacionales de crédito con los que venía financiando el gasto, inició un demorado ajuste fiscal e impulsó un profundo apretón monetario. Nunca pudo sacar a la economía del pantano en el que ingresó a partir de abril de 2018, cuando el gobierno estuvo a punto de desmoronarse con el inicio de una mega devaluación.

El derrumbe que siguió al inesperado resultado de las primarias lo llevó a un giro dirigista, con medidas de contención social ante una nueva depreciación de la moneda, la postergación de vencimientos de la deuda de corto plazo y el envío de un proyecto para una renegociación con los bonistas. Debió rendirse finalmente a una reimplantación del cepo cambiario, dando una vuelta de campana a la que acaso haya sido su primera medida de gobierno.

Entre estas urgencias el presidente ensayó algunas agendas paralelas. La más significativa fue la de la interrupción voluntaria del embarazo. Tomó un extendido reclamo social y promovió un debate en el Congreso sobre la despenalización del aborto. Profundizó una grieta en torno a una cuestión sensible que divide a las sociedades en todo el mundo y buscó pararse en una posición neutral. No convenció ni a unos ni a otros y sólo en las últimas semanas dejó en claro su posición contraria a la legalización del aborto, con la intención de fidelizar el apoyo de esos sectores, empoderados después del triunfo parlamentario.

Ante una nueva y profunda crisis de final incierto, Macri se enfrenta a la posibilidad de un temprano final del juego. En la otra orilla, la incógnita que plantean Alberto Fernández y Cristina Kirchner. Garantía y a la vez principal acechanza a la estabilidad del sistema, en estos tiempos de revueltas el peronismo ya está listo para un regreso inesperado.


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