Madre y proxeneta condenados a diez años

La víctima fue una chica de 15 años, traída desde Paraguay. La hacían trabajar en los cabarets que regenteaba su mamá. Fue en Sierra Grande y el caso se inició por una denuncia anónima.

Redacción

Por Redacción

SIERRA GRANDE.- M. R. vivía en un pueblito de Paraguay con sus abuelos y varios hermanos. Era una casa pobre pero confortable. Iba a la escuela y vivía su adolescencia de 15 años en un ámbito con necesidades y algunas disfuncionalidades pero sin mayores peligros. Hasta que su mamá, quien al radicarse años antes en Argentina había adoptado el nombre de Ana, decidió traerla a vivir con ella a Sierra Grande. En el verano de 2008 la fue a buscar y le alquiló a M.R. una piecita muy precaria, a medio camino entre los dos cabarets que Ana regenteaba junto con José Francisco Peralta, su patrón, quien aparentemente también era su pareja.

La investigación demostró que M.R., durante al menos un mes, trabajó allí “a la par” de las otras alternadoras, haciendo “copas y pases” en los locales “Shirley” y “La Sirenita”.

“Ha sido entonces ella y no otra persona quien abusando de su posición de madre y defraudando sus obligaciones parentales expuso a esa niña sencilla, ingenua y en proceso formativo a semejante situación de ‘noche y prostitución’, sacándola de aquel sitio humilde, familiar y seguro, para arrimarla de consuno con Peralta, a los peligros de la vida nocturna y a la prostitución. La ubicó en una pieza casi en construcción y sin comodidades mínimas, entre dos cabarets en plena operación comercial, todo en defecto de la casa humilde pero completa en la que residía con sus abuelos en Paraguay”. Así lo concluyeron los jueces del Tribunal Oral Federal de Roca cuando el jueves pasado les impusieron a Ana y a Peralta una condena inédita de 10 años de prisión como coautores del delito de trata de personas con fines de explotación sexual.

Los acusados seguirán en libertad hasta tanto la sentencia quede firme. Asistieron a todas las audiencias del debate que se realizaron tanto en Viedma como en Roca, pero ninguno de los dos se presentó a la lectura del fallo en el edificio de la Justicia Federal roquense.

Tal como había reclamado en su alegato la fiscal federal Graciela Degrange, los jueces Orlando Coscia (con voto rector), Armando Mario Márquez y Alejandro Silva les impusieron a los acusados la pena mínima legal de 10 años de cárcel, descartando el planteo de los dos defensores –Manuel Maza por Ana y el abogado oficial Fernando Ovalle por Peralta– de “perforar” el mínimo legal por considerarlo excesivamente alto, especialmente a la luz de los siete años transcurridos desde que ocurrió el delito.

Agravantes

Como agravante, los jueces valoraron que los tratantes han “mostrado desprecio y cosificación al ser humano a punto extremo, anteponiendo el objetivo económico al cuidado de una adolescente en clara situación de vulnerabilidad personal y social. “Normalizaron” en la psiquis de la perjudicada, con sus acciones disvaliosas, la promiscuidad y ejercicio de la prostitución, aún cuando quien la involucraba en el negocio era ni más ni menos que la propia madre, provocándole lesiones internas con difícil pronóstico de recuperación”.

Ana fue declarada “coautora penalmente responsable de los delitos de trata de personas en la modalidad de traslado y acogimiento con fines de explotación, agravado por ser madre de la víctima menor de edad, en concurso ideal con promoción de la prostitución de una menor de 18 años de edad, agravado por ser ascendiente de la víctima”. En tanto que el dueño de los cabarets deberá responder como “coautor del delito de trata de personas en la modalidad de acogimiento de una persona menor de edad con fines de explotación, en concurso ideal con promoción y facilitación de la prostitución de una menor de 18 años”. (Redacción Central)

Río Negro

Archivo


SIERRA GRANDE.- M. R. vivía en un pueblito de Paraguay con sus abuelos y varios hermanos. Era una casa pobre pero confortable. Iba a la escuela y vivía su adolescencia de 15 años en un ámbito con necesidades y algunas disfuncionalidades pero sin mayores peligros. Hasta que su mamá, quien al radicarse años antes en Argentina había adoptado el nombre de Ana, decidió traerla a vivir con ella a Sierra Grande. En el verano de 2008 la fue a buscar y le alquiló a M.R. una piecita muy precaria, a medio camino entre los dos cabarets que Ana regenteaba junto con José Francisco Peralta, su patrón, quien aparentemente también era su pareja.

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