Mafalda o Quino podrían ser el nombre de muchas calles

No hay Mafalda sin Quino y no hay Quino sin Mafalda. A esta altura, el personaje de la simpática niña se metió en la misma vida y biografía de su creador, a tal punto que bien podríamos decir que son parte del patrimonio de los argentinos. Y por qué no, parte del folclore.


Con lo que implica Mafalda y lo que fue y será por siempre Quino, se ganaron el reconocimiento eterno de la gente, del país, que debería homenajearlos con bastante más que una estatua en algún barrio de Buenos Aires.
Se me ocurría comparar a Mafalda y a Quino con muchos ilustres desconocidos que figuran en los nombres de las calles, muchos de los cuales llegaron sin merecerlo a ocupar esos lugares. Hay estadios, edificios completos que sumaron nombres largamente cuestionados solo por demagogia y por hacer de un reconocimiento callejero un mérito. Y resulta que de solo repasar en sus trayectorias pobrísimas, se nos cae por el piso ese reconocimiento.
Pero Mafalda y su creador tienen méritos sobrados para ser nombres de calles y de lugares en este país propenso a reconocer a quienes no se lo merecen tanto y deja de lado a quienes tienen reconocidas trayectorias.
Mafalda debería ser uno de nuestros símbolos culturales, al igual que Quino, por cuyas obras la Argentina se instaló también en el mundo. Prueba clara de eso es la enorme repercusión que tuvo la muerte de Quino, quien fue tapa de los diarios y portales más importantes del mundo.


Mafalda no fue un personaje menor, fue tan maravillosa esa creación que implicó que por varias décadas y aun hoy su pensamiento esté plenamente vigente. Es cuestión de cerrar los ojos y trasladarnos en el tiempo para entender frases de cuatro década atrás que siguen en pie.
Mafalda y Quino se merecen estar en la memoria de todos y seria saludable que muchas calles en muchos pueblos llevaran sus nombres.


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