Maíz colorado de la Norpatagonia

Una especie autóctona recuperada mediante un trabajo conjunto del INTA y la Facultad de Ciencias Agrarias. Entre los beneficios, la variedad genera una mejora en la calidad para la cría animal y permite a los pequeños productores autoabastecerse.

En forma posterior a la crisis vivida en el año 2001 que afectó a las economías familiares, desde instituciones vinculadas a la producción agropecuaria, como la Universidad del Comahue y el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) se pensó en ampliar el horizonte de los materiales regionales con los que se contaba para el consumo y lograr excedentes de los mismos para su multiplicación. En este marco surgió una línea de investigación que pretende lograr la recuperación del cultivo del maíz colorado, con el objetivo principal de destinarlo a la cría de animales.

En el año 2002, se formalizó un acuerdo entre el INTA –Programa Pro Huerta– del Ministerio de Desarrollo Social de la Nación (MDS) y la Facultad de Ciencias Agrarias de la UNCo, para llevar adelante un “Plan de producción regional de semillas”. El proyecto se basó en la incorporación de conocimientos prácticos suficientes para que el productor generara su propia semilla, logrando con el tiempo el autoabastecimiento de la misma.

La demanda de los agricultores familiares locales por encontrar una variedad de maíz que se desarrollara en la Norpatagonia, y la obtención final de un grano útil para la alimentación de animales de granja tales como pollos, gallinas ponedoras, y porcinos, motorizó el trabajo interinstitucional.

Desde el trabajo iniciado en la Facultad de Ciencias Agrarias de Cinco Saltos sobre el seguimiento de variedades antiguas que estaban en el país y en la zona, se hizo una selección y mejora de las mismas a fin de lograr una variedad más estable.

El proceso consistió en el cruzamiento simple, entre dos variedades de polinización abierta con características distintivas; posteriormente se procedió a una selección masal con las mejores mazorcas. La misma consistió en escoger espigas con caracteres cualitativos y cuantitativos deseables de las mejores plantas de maíz, haciendo una siembra al año siguiente. Este procedimiento se repitió durante seis temporadas, logrando una variedad de polinización libre, con características ideales respecto al ciclo del cultivo, calidad y cantidad de grano en la mazorca, para las condiciones agroclimáticas de la Norpatagonia.

La selección masal puede ser una herramienta muy efectiva para el mejoramiento del maíz en los programas que no cuentan con grandes recursos, permitiendo el mejoramiento de muchas características importantes de los maíces como madurez más temprana, menos altura y tamaño de la mazorca, mayor índice de cosecha, entre otros factores.

El procedimiento utilizado es tal vez el método de mejoramiento de maíz más antiguo y posiblemente se haya originado al mismo tiempo que comenzó la domesticación de la planta de maíz.

Se recuperó de esta manera para la agricultura familiar, y a través de dicho proceso, la disponibilidad de semillas de maíz del tipo “colorado” que se había dejado de comercializar a mediados de la década del 80 del siglo pasado, al operarse su reemplazo por híbridos comerciales de tipo dentado. La semilla obtenida, denominada “Don Amílcar FCA” es considerada una “variedad tradicional” o “criolla”.

En principio se organizaron diversas reuniones con pequeños productores y agricultores familiares en una amplia geografía, desde Río Colorado hasta Picún Leufú.

Posteriormente se llevaron a cabo actividades de capacitación y transferencia en un proceso de reinserción de estas semillas para los agricultores familiares, en ámbitos de carácter participativo, configurando un paso hacia la recuperación de la autonomía y con el uso de una importante herramienta para la producción agroecológica.

Una de las ventajas de la variedad “Don Amilcar” es que los productores rescatan este maíz en forma asociada a la producción animal para una mejora en la calidad, sobre todo en la producción de carne por la suma de proteínas, o en huevos por su coloración, en comparación con otros maíces disponibles en la zona. Otra beneficio es que el productor se provea de su propia semilla implicando un ahorro.

Este año se hizo una segunda temporada de un proceso en el que los productores compartieron la semilla, ampliando paulatinamente el universo de quienes la utilizan . Un productor repartió dos lotes semilleros de 30 kilos como para implantar unas 6 hectáreas de la variedad. Por otro lado se hizo producción de semillas para productores vinculados a un proyecto especial de INTA-Pro Huerta, orientado a la mejora en la alimentación y cría de cerdos.

Santiago Domini,
EEA Alto Valle
INTA
“Los híbridos permiten tal vez resultados mejores, pero a costa de la pérdida de la diversidad de variedades”.

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