Mando y decisiones
Weretilneck y Pichetto juntos, con bifurcaciones después de octubre.
ADRIÁN PECOLLO adrianpecollo@rionegro.com.ar
Descree de las reuniones de gabinete. Prefiere comitivas reducidas o la soledad en sus cruzadas regionales. No selecciona rangos en sus requerimientos y, sin distinciones, ministros y empleados acceden a un trato directo con él, pero la certidumbre que proporciona es bien restringida. A nadie provee la autonomía para la última decisión, la retiene para sí. Esa matriz de mando caracteriza a Alberto Weretilneck. Concentra toda resolución, a veces demasiado centrada en la vaguedad. No hay cuerpo, ni tiempo que le permita semejante ocupación pública. En la contracara, sus funcionarios se liberan y se desentienden de sus obligaciones. Así, la ejecución de las políticas conforma un misterio en sí mismo. Últimamente Miguel Pichetto es una voz que Weretilneck volvió a valorar. Lo hace, en especial, por su enlace con Nación. Su inquietud se aloja en la valoración de la entraña kirchnerista. No ocurrirá nada que los muestre separados. “Todo cambiará en noviembre, después de la elección octubre”, vaticinan. Sus incursiones hacia el 2015 se bifurcarán, desean sus allegados. “No pidió ningún espacio”, repite el gobernador cuando lo consultan por recambios en Obras Públicas y Desarrollo Social, requeridos –según esas versiones– por el senador. Aporta otra percepción. “No puedo andar rearmando ministerios todos los meses”, se planta frente a las repetidas censuras internas al ministro Ernesto Paillalef. No parece renegar de esas mudanzas, salvo que espera la oportunidad. El destierro aplazado sí se vincula con el equipo de Salud. Allí, las trabas radican en los reemplazantes, no resueltos. El punto institucional admitido en el renovado acuerdo Weretilneck y Pichetto está en la ampliación del STJ, de tres a cinco jueces. El gobernador elevará mañana o pasado el proyecto. Acá, el senador reveló su petición a cambio del respaldo de sus legisladores. Requirió una magistratura para la procuradora general, Liliana Piccinini. La política siempre ofrece curiosos giros. Esta promoción estaba totalmente descartada en octubre pasado, llegando a la renuncia a su postulación por parte de la funcionaria judicial. Hoy su postulación es la vía más recta al STJ. Otras materias habladas emergen más ambiguas. ¿La postergación de la municipalización de Las Grutas? En Casa de Gobierno niegan esa venia, que pretenden en las cercanías del senador, como el intendente de SAO, Javier Iud. Existe una prueba real frente a esos relatos contrapuestos: un proyecto para ayudar esa municipalización fue presentado el 5 de abril y recayó en Asuntos Municipales. En su última reunión no tuvo ningún impulso, salvo la argumentación de su autora, María Gemignani. La comisión no firmó dictamen, con la pasividad de los legisladores del oficialismo. Noviembre develará si existirá tal quiebre entre Weretilneck y Pichetto. Antes, Río Negro deberá resolver ciertas tramas gubernamentales. El financiamiento es la mayor tarea de Economía, que custodia el gobernador. Igualmente, el ministro Alejandro Palmieri detectó tardíamente maniobras de repercusión en la masa salarial. Pasa que su opinión se requiere después de promesas asumidas. Su sorpresa más fresca atañe a la anunciada conversión para mayo de las becas en contratos, con su impacto en las erogaciones. El apuro afloró cuando Desarrollo Social quedó expuesto por el abultado e irregular listado de becas, cuya cantidad se había duplicado en pocos meses. La credibilidad del gobierno tuvo otro zamarreo con la continuidad y el crecimiento de ese esquema perverso. Weretilneck ordenó su rápida regulación. Paillalef logró la excusa y agilizó su plan “Néstor Kirchner”, cuyo expediente se tramitaba desde el año pasado. No existía marco legal por una motivación: la sospecha del mandatario por la utilización proselitista del ministro, focalizando esos aportes en organizaciones y cooperativas ligadas al Movimiento Evita. Paillalef igual no se había detenido. Sus beneficiados, sin programa ni partida, ya engrosaban el devaluado régimen de becas. Ventiladas esas nóminas, el gobernador liberó el trámite y el decreto afloró. El novel procedimiento ya está en marcha, pero nada insinúa la existencia de otra horma en la asignación de los recursos estatales. Por ahora, el prometido traspaso de becas reabrió brechas con Economía. Rodeado por ATE, Desarrollo Social prometió que en mayo regularizaría 300 beneficiarios. Weretilneck avaló ese tranco. Su concreción recaerá en el Consejo de la Función Pública, que fue convocado para mañana. Se instalará una disputa financiera porque UPCN llegará con otra jura gubernamental también para este mes: la recategorización de agentes, que fue suspendida en el 2011. Ambas promesas ingresarán en un plano de enmarañados requerimientos burocráticos, pues su aplicación será progresiva frente a las erogaciones necesarias, todavía no cuantificadas. En realidad, esas mejoras laborales no conforman grandes costos al Estado rionegrino. El trastorno es político, pues se afirman esas concesiones mientras siguen rezagados los repasos y los controles de ciertos desvíos salariales, planteados en las anunciadas revisiones de los altos porcentajes del ausentismo, de las horas extras, de las guardias médicas y de la consumación de la jubilación al personal que ya cumple con las condiciones previsionales. Esa dirección que Weretilneck reafirmó en marzo aunque, luego, en abril, priorizó esas pretensiones gremiales. Falta claridad en el camino emprendido. Las continuas marchas y contramarchas son las contribuciones del gobernador. Su última muestra fue la restitución de los asuetos, que solamente alcanzó a aplicarse en Viedma. Cualquier corrección puede enmendar un error y enunciar una valiosa autocrítica. Pero perdura acá la sensación de asociarlo con la escasez de análisis y de consultas, a partir de la unilateral reacción del gobernador, combinada a la carencia de aportes de sus colaboradores. Al final, la restitución de los asuetos se arraigó en una charla en Buenos Aires con Pichetto, evaluándose que esa medida tendría un impacto negativo en el dominio preelectoral de Bariloche. Aquel retroceso será próximamente una simple anécdota. Pero hay otros precedentes de importantes retiradas de Weretilneck, desde las incumplidas averiguaciones de los expedientes de proveedores hasta la restitución el año pasado del receso de invierno en una decena de escuelas con problemas edilicios, pasando por las cesantías y posteriores reposiciones en sus funciones de contratados y, también, de cargos de conducción, como ocurrió con Viarse. Este índice debería incluir además el olvidado canon anual de 150 millones fijado para los casinos, entre otros. Se lo mire por donde se lo mire, esos descuidos, omisiones y negligencias se traducen en daños a la función pública. Edifican problemas donde no los hay. En cambio, otros conflictos extraños llegan a la Casa de Gobierno. El pedido de juicio político de la legisladora Magdalena Odarda contra el fiscal de Investigaciones Administrativas, Marcelo Ponzone, exigirá –en algún momento– una guía oficialista. Weretilneck prescindió, hasta ahora, de injerencias. ¿Para qué entrometerse? Qué mejor cuadro que el presente. Ese órgano de control está desactivado para cualquier investigación a su administración, pues está reducido a las riñas domésticas y los despropósitos institucionales. El despacho parlamentario de enjuiciamiento demandará finalmente posturas del gobernador, del vicegobernador Carlos Peralta y de la bancada del FpV, y también del senador. Habrá una temporal complicación por la inevitable filtración electoral que se derivará por la candidatura opositora para octubre de su denunciante, Odarda. Tampoco hay urgencias en la designación del tercer vocal del Tribunal de Cuentas. El gobernador niega que promueva a Sandro Chaina, aún presidente de Horizonte. Evalúa proponer a un profesional extraño al oficialismo. Se ilusiona inútilmente el radicalismo desterrado. El mandatario no tiene apuro, pues no tiene un nombre, pero su rastreo se orienta a un dirigente independiente. Si así fuera, sería una buena señal. Pero la decisión de Weretilneck encierra siempre un complejo y centrado proceso. Es su estilo de conducción. No es ni bueno ni malo, salvo que no asoman sus resultados efectivos en la gestión provincial.
DE DOMINGO A domingo
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