Manicomio bonaerense

Es absurdo que la provincia más importante deba optar entre tres figuras de ideario contestatario.

Redacción

Por Redacción

Puesto que el gobernador Carlos Ruckauf sigue siendo un hombre bastante popular en su jurisdicción, sería lógico suponer que el electorado bonaerense es mayormente derechista, amigo de la mano dura con los delincuentes y consciente de que hoy en día no se da ninguna alternativa seria al capitalismo liberal amenizada con dosis pequeñas de intervencionismo estatal, pero ocurre que en los comicios previstos para octubre los votantes tendrán la oportunidad para elegir entre tres especialistas en despotricar contra el «modelo», la «globalización» y cualquier otra faceta de la vida moderna que les parece antipática: el ex gobernador Eduardo Duhalde, el cura transformado en tribuno del pueblo Luis Farinello y el ex presidente Raúl Alfonsín. Por supuesto que el protagonismo de este trío tiene menos que ver con las ideas que dicen representar que con el clima de bronca que se ha difundido como una nube tóxica por el país y, en el caso de los dos veteranos, con las vicisitudes de sus respectivas internas partidarias, pero aun así es absurdo que a los habitantes de la provincia más importante del país se les haya pedido optar entre tres figuras que comparten plenamente el mismo ideario contestatario y que, sabedoras de que las «salidas» que insinúan proponer serían suicidas, prefieren concentrarse en hablar pestes del presente, limitándose a lamentar lo terribles que a su juicio son los tiempos en los que nos ha tocado vivir.

Los más preocupados por la situación aberrante así creada son los estrategas del gobierno del presidente Fernando de la Rúa. No es que les interesen las excentricidades ideológicas de los candidatos a senador -no hay señal de que los bonaerenses estén por sumarse a una cruzada contra el siglo XXI-, es que aunque algunos tienen motivos de sobra para querer que «su» candidato sea repudiado por la mayoría, todos entienden que no les convendría que la Unión Cívica Radical como tal experimentara una debacle sin atenuantes. Sin embargo, esto es lo que podría ocurrir porque, conforme a los sondeos más recientes, Alfonsín se encuentra muy detrás de Duhalde y corre peligro de verse aventajado por Farinello, de suerte que desde el punto de vista de muchos correligionarios su candidatura ya carece de sentido. Pues bien: en la última ocasión en la que Alfonsín iba tercero en una carrera electoral bonaerense, se las ingenió para ahorrarse una humillación denigrante dándole al país el «Pacto de Olivos», artilugio político que, además de permitir que Carlos Menem emprendiera una segunda gestión que resultaría ser una pobre caricatura de lo peor de la primera, casi destruyó a la UCR, asegurando que en las elecciones presidenciales siguientes su candidato llegara tercero. Así las cosas, es comprensible que tanto los escasos partidarios del «padre de la democracia» como los demás estén preguntándose qué hará para salvarse de la derrota aplastante que según las encuestas le aguarda en las urnas. Aunque le sería difícil a Alfonsín sacar de la galera una novedad tan espectacular como el Pacto de Olivos, pocos subestiman su capacidad para poner en apuros a los demás integrantes del elenco político estable.

Felizmente para el gobierno, el panorama político tanto nacional como bonaerense se ha hecho tan confuso, que siempre y cuando Alfonsín acepte dar un paso al costado podría agregarse un contingente de cavallistas a la lista oficialista, lo cual significaría que el «superministro», hombre cuyos vínculos con Duhalde son decididamente más estrechos que sus lazos con el ex presidente radical, estaría en condiciones de celebrar cualquier resultado, salvo un triunfo harto improbable del sacerdote. Pero aun cuando una derrota oficialista se viera diluida por la sospecha de que entre los votos duhaldistas estuvieran muchos atribuibles a la sensación de que el candidato peronista se habrá comprometido con Cavallo, el eventual derrumbe de radicalismo seguido por la migración de muchos militantes hacia un polo «progresista» no favorecería al presidente porque, al fin y al cabo, el partido al cual está afiliado aún constituye la parte principal de su base de sustentación y, por ahora al menos, continúa siéndole imprescindible.


Puesto que el gobernador Carlos Ruckauf sigue siendo un hombre bastante popular en su jurisdicción, sería lógico suponer que el electorado bonaerense es mayormente derechista, amigo de la mano dura con los delincuentes y consciente de que hoy en día no se da ninguna alternativa seria al capitalismo liberal amenizada con dosis pequeñas de intervencionismo estatal, pero ocurre que en los comicios previstos para octubre los votantes tendrán la oportunidad para elegir entre tres especialistas en despotricar contra el "modelo", la "globalización" y cualquier otra faceta de la vida moderna que les parece antipática: el ex gobernador Eduardo Duhalde, el cura transformado en tribuno del pueblo Luis Farinello y el ex presidente Raúl Alfonsín. Por supuesto que el protagonismo de este trío tiene menos que ver con las ideas que dicen representar que con el clima de bronca que se ha difundido como una nube tóxica por el país y, en el caso de los dos veteranos, con las vicisitudes de sus respectivas internas partidarias, pero aun así es absurdo que a los habitantes de la provincia más importante del país se les haya pedido optar entre tres figuras que comparten plenamente el mismo ideario contestatario y que, sabedoras de que las "salidas" que insinúan proponer serían suicidas, prefieren concentrarse en hablar pestes del presente, limitándose a lamentar lo terribles que a su juicio son los tiempos en los que nos ha tocado vivir.

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