Marcia Schvartz en el MNBA Neuquén: ser vanguardia después de la vanguardia

“Del tren fantasma al infierno” es la monumental muestra que la artista inauguró este viernes en el Museo Nacional de Bellas Artes Neuquén, con la curaduría de lujo de Eduardo Stupía. 





Marcia Schvartz y Eduardo Stupía son dos artistas genuinos. Viven para el arte de pintar y dibujar. Amigos desde los tiempos de Cámpora, se reunieron para montar una exposición monumental conformada por alrededor de cien piezas de la obra de ella que él curó con sabiduría y con un sentido estético extraordinario. Ambos estuvieron en Neuquén para inaugurar la muestra en cuestión, “Del tren fantasma al infierno”, el viernes pasado, en el Museo Nacional de Bellas Artes.
Se trata de una creativa propuesta discursiva de la obra de Marcia Schvartz que Stupía nos invita a recorrer. Un universo pictórico enmarcado por dos series que le dan nombre a la muestra. Por un lado, “El tren fantasma”, conformado por obras en la que Schvartz se introduce en las entrañas de ese capítulo prohibido del peronismo que protagonizaron María Estela Martínez de Perón, Isabelita; y José López Rega.

«Martirologio», de la serie «El tren fantasma».

Por otro lado, “Infierno”, conformado por una serie de obras inéditas hasta esta muestra, en las cuales la artista toma frases del infierno de Dante y las resignifica de un modo tan impactante como original.
Y en el medio de ese viaje infernal, aparece toda una serie de trabajos conformados en su mayoría por retratos peculiares y muy cargados de sentido.
En una charla con “Río Negro”, un día antes de la inauguración, ambos artistas explicaron las claves de la muestra.
“Yo soy pintora”, dice Marcia una y otra vez. Prefiere estar en su taller y no hablando tanto de su obra. Dispara frases y deja en claro que lo caótico de su palabras encuentran un mundo mejor en la pintura. Es allí donde dice lo que tiene para decir. Que es mucho y genial.
“Yo no soy curador”, aclara una y otra vez Eduardo, autor de una obra insoslayable para el arte de este tiempo, artista de culto para las últimas generaciones de artistas y amigo de Marcia de los tiempos de la Escuela de Bellas Artes.

Pero va más allá y dice: “Los curadores son personajes políticos, de la política del arte, yo no. Lo que sucede es que curar una muestra significa organizar un discurso y una puesta en escena. No es una cosa política. Pero los curadores en el arte contemporáneo son los que marcan los espacios y los que deciden quién está afuera y quién, adentro. Yo no”.
Ambos, Marcia y Eduardo, saben perfectamente como funciona el mundo del arte, su mercado y sus protagonistas. Por eso es que saben cómo, dónde y cuándo patear tableros y mandar las reglas al diablo.

“Lo que más me entusiasma es la serie incluida en ‘El infierno’”, dice Schvartz. “Es una serie conformada por obras que nunca mostré, es inédita. También me parecen interesantes de la muestra los retratos en lápiz pastel o carbonilla, de cuerpo entero, que es lo último que estuve haciendo”.
Todas obras muy recientes, “El infierno” lo pintó durante el invierno del año pasado y los dibujos son de ahora, del último tiempo.
“Son retratos de alumnos míos, una mirada muy dulce y humana, como si la vida aún no les hubiera hecho marcas”, dice Schvartz de los retratos en cuestión.
Al respecto, Stupía explica que “hay una diferencia fuerte entre los dibujos y el resto de las pinturas. El dibujo permite una levedad en la aproximación, tiene menos carga matérica, menos carga colorística, entonces parece una especie de mirada tenue. No tienen utilería, están despojados de objetos. Son lo que son en el momento y en ese lugar con el individuo en ese momento y lugar. Son puro futuro, no hay presunción de drama todavía en ellos. En otros hay más acontecimientos”.

Y termina su explicación diciendo: “Son como la primera aproximación al individuo, no sabés nada de él, no obstante ese individuo tiene una presencia. Esa presencia es lo mínimo necesario y después se verá que pasa, son pura hipótesis. Están como expectantes”.
Acerca del diálogo entre ambos para conformar esta muestra, Schvartz cuenta que “Eduardo y yo fuimos compañeros en Bellas Artes y cuando me invitaron a exponer acá, lo llamé porque sabía que él había expuesto en este museo. Me dijo que él quería ser el curador. ¡Bárbaro!, dije”.
Sobre la relación curatorial con Stupía, dice Marcia de su amigo: “tengo mucho diálogo con él y mucho respeto por su trabajo. Además, Eduardo había pensado una colgada muy creativa, en ese caso no podés intervenir, tiene una idea muy personal”.

A Stupía le había entusiasmado algo más que la obra de Schvartz: el MNBA Neuquén. Yla artista, que no conocía la sala, coincidió con el entusiasmo de su amigo: “Lo genial de esta sala son sus paredes: altísimas. Es divina! Podés hacer muchas cosas con las obras, no es habitual este tipo de espacio. Yo nunca expuse en una sala así. Y a Eduardo le permitió poner cuadros en distintos niveles. Una colgada creativa muy creativa”.
Uno de los temas más fuerte de la muestra es “El tren fantasma” y la presencia de Isabel Perón. “El tema del peronismo y de Isabelita lo tengo hace muchísimos años en la cabeza, siempre pensando que la representación del peronismo fue esa edulcorada de Perón y Evita”, revela Schvartz.
“Evita enferma no está representada, digamos que es un gran drama nacional. Ella está siempre divina. Pero hubo momentos de terror, mi generación vivió el momento más álgido del terror que fue la Triple A y el gobierno de Isabel, yo tenía 20 años. No hay representación de eso”.
Sigue contando: “Un día me llamaron para una muestra sobre la mujer y me dan una lista para que elija. Estaban las de siempre, Lola Mora, Alicia Moreau de Justo… no! yo quiero hacer a Isabel. ¿Isabel? No, Isabel no está en la lista, me respondieron. ¡Qué me importa! Fue la primera presidenta mujer de los argentinos, tiene que estar. Me dijeron que no. A la obra la tuvo mucho tiempo en mi taller porque no tenía dónde exponerla. Después surgió lo del Fortabat con la curaduría de Roberto Amigo. El me dijo que esa serie de El Tren Fantasma son como teatros de títeres. Es evidente que lo son, pero yo no me había dado cuenta hasta la genial observación de él. Una representación entre diabólica, infantil y satírica”.

A su turno, Stupía explica: “El tren fantasma” es una iconografía entre alucinatoria y trágico/satírica de una época muy particular de la historia argentina, que es explícita y al mismo tiempo alegórica. Del mismo modo que el Infierno es una especie de puesta en escena de frases de la Divina Comedia reinterpretada por Marcia en su lenguaje que a su vez hace sintonía con toda la iconografía de su obra”.
Las obras reunidas en la serie “El tren fantasma” muestran de manera explícita y sin metáforas las figuras de Eva e Isabel, además de un diabólico López Rega. Tampoco faltan imágenes de Cristina Kirchner y una invaluable memorabilia peronista que acompañan las obras, lo que Stupía llama utilería.
Sin embargo, la obra de Schvartz no es enmarcada dentro del arte político aunque lo sea de modo evidente. Y esto porque, la artista conforma con todo eso un universo particular que resignifica lo evidente de la iconografía peronista. No estamos ante un discurso político, aunque lo sea. Estamos ante otra cosa mucho más interesante por cierto: la obra de Marcia Schvartz.

El arte contemporáneo perdió esa capacidad de interpelar. La vanguardia era interpelativa por definición, era un quiebre de una expectativa. La vanguardia quebraba una expectativa. Las vanguardias terminaron y lo que hay es pura contemporaneidad”.

Eduardo Stupía.

Y la obra de Marcia Schvartz muchas veces es mal entendida porque se la entiende como agresividad gratuita, sostiene Stupía, y la redefine como una interpelación al espectador.
“El arte contemporáneo perdió esa capacidad de interpelar. La vanguardia era interpelativa por definición, era un quiebre de una expectativa. La vanguardia quebraba una expectativa. Las vanguardias terminaron y lo que hay es pura contemporaneidad”.

Marcia Schvartz asoma entonces como una artista de vanguardia. “En el sentido de irrumpir en el escenario siempre inesperadamente, sí, Marcia es una vanguardia de sí misma”, revela Stupía. Y lo explica: “Cuando propone una nueva serie, por ejemplo dejó el modelo y empezó a pintar sin modelo como la serie ‘Los Morochos’, la gente había digerido el cambio, irrumpe un nuevo modelo de figuras y el público se desconcertó. Lo mismo pasa con ‘El Infierno’, estéticamente insostenible si vos lo ponés moderadamente cerca de series anteriores. El propio artista, en este caso Marcia, rompe sus códigos que acaba de formular”. Stupía ajusta su propia definición, va más allá y resume:“Marcia es una artista de vanguardia cuando la vanguardia ya no existe y eso es lo más interesante de todo”.

La muestra “Del tren fantasma al infierno” permanecerá hasta el 15 de julio, con entrada libre y gratuita, en el Museo Nacional de Bellas Artes.


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