Martín Soria en su laberinto

Redacción

Por Redacción

Hay una fuerte inclinación en la política argentina a no respetar los límites que fijan las instituciones. Uno de esos límites es la periodicidad de los mandatos. Un república vigorosa es aquella que no identifica los cargos institucionales con sus ocupantes transitorios.

Alberdi lo tuvo muy claro al imaginar una constitución para el desierto argentino. El Poder Ejecutivo debía tener la suficiente fortaleza para conjurar la anarquía pero su ocupante, cumplido el período de seis años, debía volverse a su casa.

Desde ese momento fundacional de nuestras instituciones, los políticos argentinos han intentado sortear ese límite. Los conservadores de fines del siglo XIX, por ejemplo, imponiendo sucesores. Perón estuvo dispuesto a ir mucho más allá: reformó la constitución para poder reelegirse.

La reforma constitucional de 1994 quitó la limitación de la reelección habilitando sólo un segundo mandato. Sin embargo, esto no impidió que Menem intentara ir por un tercero. A los Kirchner se les ocurrió una manera ingeniosa de superar este límite: la sucesión marital. Sólo la muerte de Néstor Kirchner frustró este plan, pergeñado para quedarse en el poder al menos cuatro períodos sucesivos o más.

Llegó entonces a la política de Río Negro. La misma podría sumar una nueva manera de sortear los límites institucionales: la sucesión familiar y fraternal. Martín Soria aspira a la gobernación de la provincia y su hermana, María Emilia, a la intendencia de Roca. Es que la política de la provincia todavía sigue a la sombra del Gringo Soria.

¿Por qué debería ser Martín Soria el próximo gobernador de Río Negro? Si uno repasa sus intervenciones públicas y sus dichos su argumento central es que es un Soria. Ésa es su fortaleza y también su profunda debilidad, porque él mismo queda empequeñecido por la sombra de su padre.

El sino trágico quiso que éste no pudiera completar su mandato de gobernador y su vida política quedara tronchada. Por eso, Martín Soria viene a reclamar la herencia que considera que le corresponde y que ese sino, injustamente, depositó en otras manos. Y también por eso considera que puede transferir, como un bien de familia, la titularidad del poder municipal.

No es que no se considere necesario conseguir el apoyo popular de las urnas pero la legitimidad democrática queda como algo secundario. Lo fundamental es pertenecer a ese linaje. Hacer política en el nombre de Soria.

En otro país, después de un ciclo político de 16 años como el de los Soria al frente de la intendencia de General Roca, se hablaría de un ciclo finalizado. En Argentina no es el caso. Los ciclos políticos tienden a prolongarse. No es difícil imaginar que los hermanos Soria piensan traspasarse los cargos públicos provinciales indefinidamente.

Se cuenta –para cerrar esta nota– que en la Municipalidad de Roca Martín Soria no recibe a nadie, que recorre los pasillos con los mismos modos autoritarios del padre pero no con su perspicacia política.

Podría pensarse que éste no es el comportamiento de un político. Pero tal vez, en realidad, no estemos frente a un político clásico sino a alguien parecido a ese personaje del cuento de Borges sobre el mito del Minotauro: “La casa de Asterión”.

Tal vez para Martín Soria la misma Municipalidad de Roca se haya convertido en un laberinto y no pueda imaginar la continuidad de su carrera política más que como una prolongación del mismo.

“Sé que me acusan de soberbia, y tal vez de misantropía, y tal vez de locura. Tales acusaciones (que yo castigaré a su debido tiempo) son irrisorias”, comenzaba el cuento de Borges.

Su última declaración sobre la prensa me hizo recordar este comienzo.

*Historiador y profesor de Derecho Político en la UNC


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