Matices

Columna semanal

Por Redacción

EL DISPARADOR

Sentado en un café, Isidoro Reyes observa detenidamente a una pareja que está cerca. Tiene la impresión de que pasaron los 30, pero que no llegaron a los 35 años. Los ve sonreír, frescos. Le gusta que se escuchan con gesto atento y en silencio cada vez que el otro dice algo. También, que se miran a los ojos, con intensidad. Y charlan, como si nunca fueran a dejar hablar.

-Linda tu familia -dice él.

-¿Te cayeron bien?

-Sí, sí, son como re familieros todos.

-¡Si! Son lindos. ¿La pasaste bien?

-Sí. Bueno, viste que yo siempre me adapto.

Tras pasar un rato escuchando, Isidoro deduce que la relación está en ciernes, cree que se quieren mucho pero que no viven juntos y descubre que los padres de ella están separados. En un momento, se tienta con meterse en la charla. Pero se controla, y sigue escuchando.

-Che, cuando hablamos de política se puso un poco tenso el ambiente… -comenta él-. Ah, ¡y tu prima no lo puede ni ver a Macri, eh!

-Uh, sí, me había olvidado de decirte que se vuelve loca -sonríe ella.

-Todo bien, me di cuenta al toque.

-A mi viejo también le cae re mal, no lo puede ni ver. Son unos exagerados.

Reyes cree que la conversación irá ahora hacia lo que considera uno de los males de esta época: las posturas absolutas en cualquier tema. Pero no, el tema se diluye. La pareja se concentra en definir qué cenará por la noche y se va del café.

Al rato llega una amiga que Isidoro estaba esperando. Le cuenta lo que había estado escuchando y retoma el asunto que le interesa desarrollar.

-Estoy cansado de los que sentencian y pretenden definiciones terminantes sobre estar de un lado u otro. Y me refiero a cosas que van más allá de la política -se queja Isidoro.

-Sí, estaría bueno que haya más matices. Relativizar. Un gobierno, este u otro cualquiera, tiene lo bueno y lo malo. Pero ojo, en algún momento tendremos que elegir si se trata de algo trascendental. Es subjetivo así que no hay reglas. Por ejemplo, cuando tenga un hijo le voy a explicar la dictadura o la igualdad de género. Y será con una postura.

-Sí, pero no necesariamente tiene que ser absoluta, juzgando de plano si algo es bueno o malo, más allá de lo obvio. El equilibrio sería contar las diferentes aristas de un tema. Pasa que cuando querés ponerte a charlar sobre los matices de algo la gente se suele aburrir. Requiere más trabajo plantar el tomate y cosecharlo que abrir una cajita de jugo de tomate frío.

-A mi me ponen loca los que te obligar a elegir, los que plantean que sí o sí siempre hay que entender las cosas como excluyentes. A ver: ¿papas fritas o puré? ¿Asado o milanesa con fritas?¿Lennon o McCartney? ¿Tu abuelo o tu abuela? ¿Pero sos imbécil?, les quiero decir.

-¿Por qué será que nos molesta tanto esto? -pregunta Isidoro.

-Pienso que no siempre se puede elegir entre uno u otro. Y que eso no tiene que significar que sos un tibio o inmaduro. Creo que está bueno no ser absolutistas. Los matices son necesarios. Tal vez, la etapa que sigue en nuestra evolución sea detectar cuando sí hay que elegir en serio. Como una certeza. Sin necesidad de justificar o explicar. Pero no tengo ni idea cómo hacerlo.

-El don del discernimiento, ¿no?

-¡Un re don!

Juan Ignacio Pereyra (pereyrajuanignacio@gmail.com)


Exit mobile version