“Maze Runner: una “Prueba de fuego” superada

Nuestra opinión:<b> Muy Buena</b>



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Crítica

Hace casi exactamente un año, el 17 de septiembre para ser más precisos, se estrenaba en Argentina “Maze Runner- Correr o Morir”.

Era otra película (una más) adaptada de una novela del género de literatura juvenil que había sido un éxito. Los estudios tenían pensado esperar a ver cómo le iba para darle luz verde a la secuela pero no fue necesario, ya que dos semanas antes del estreno era evidente que estaban ante un éxito.

Así nos llega el día de hoy “Maze Runner - Prueba de Fuego”, una mucho más que digna segunda parte que dignifica lo hecho por su predecesora.

Prueba de Fuego comienza exactamente donde quedó la primera. Thomas (Dylan O’Brien) y sus amigos descienden del helicóptero que los alejó del laberinto para entrar a un búnker comandado por un tal Janson (Aidan Gillen).

Allí son curados de sus heridas, tienen la oportunidad de asearse y alimentarse, pero lo más importantes es que se encuentran con muchos jóvenes que, al igual que ellos, estaban encerrados en otros laberintos.

Las personas que regentean el lugar dicen luchar contra la organización CRUEL, claro que Thomas empieza a desconfiar de que esto sea así: a él y sus amigos les realizan exhaustivas pruebas en un laboratorio, Teresa (Kaya Scodelario) es separada del grupo, hay personal militar que controla lo que ocurre. T

odas sus sospechas se hacen realidad cuando Aris (Jacob Lofland), uno de los jóvenes de otro laberinto, le muestra los experimentos que se hacen allí con ellos. Thomas debe convencer a todos de escapar e ir en busca de la última esperanza que les queda: el Brazo Derecho, un grupo de resistencia que podría llegar a tener las respuestas a todos los interrogantes que tienen.

“Equipo que gana no se toca”, reza el refrán futbolero, y es por eso que para esta segunda parte retornan a sus puestos el director Wes Ball -que había debutado detrás de cámaras con la primera- y el guionista T.S. Nowlin. Lo sorprendente, y divertido, que tiene esta secuela es que acaba con la mitología de la primera. Por ejemplo, nos posiciona en otro terreno: adiós laberinto, hola ciudades destruidas por un virus mortal. Hay nuevos enemigos: adiós penintentes, hola “cranks” (criaturas mutantes infectadas). Hay nuevas elecciones: adiós camaradería, hola “traidores a la causa”. Lo cierto es que eso hace que el público abra los ojos y no se encuentre con lo que ya vio, un acierto hermoso.

El largometraje sigue teniendo un ritmo vertiginoso y que no da respiro, todo mechado con pequeñas dosis de información que nos van contando cómo empezó todo, cuál es la importancia de estos chicos para CRUEL y qué fue lo que hizo Thomas para terminar en el laberinto. Se presentan nuevos personajes como el ya nombrado Janson; Jorge (Giancarlo Esposito) y Brenda (Rosa Salazar), quienes ayudan al grupo a buscar el Brazo Derecho; y Vince (Barry Pepper) y Mary (Lili Taylor), que les darán a los chicos más de una respuesta. Como en la primera, vale resaltar el trabajo de Dylan O’Brien que se ponen la película al hombro y eclipsa la pantalla. Tiene un sentido de la cámara y la acción que recuerdan al mejor Harrison Ford como Indiana Jones o Bruce Willis como John McClane, salvando obviamente las diferencias.

Habrá que esperar a la última novela de James Dashner, Maze Runner - La Cura Mortal (The Death Cure), para la resolución de todo este embrollo. Mientras tanto podemos decir que esta “prueba de fuego” que son las segundas partes ha sido superada. Y con creces.

Leo González


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