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Columna semanal

Redacción

Por Redacción





La Peña

Definitivamente a esta columna no le da para ir a la sección deportes, simplemente porque hablar de deportes pero desde el folclore hace que lo ideal es que siga donde está, es decir en esta sección.

Digo deportes porque estamos en una semana de mucha euforia a partir del campeonato que consiguió Boca y me vino a la mente el origen de ser seguidor de un determinado club.

Generalmente es forzada la elección, porque madres, padres y amigos, padrinos y demás influyen en esto de ser hincha de tal o cual equipo, porque donde uno se descuida o se duerme, el nuevo hincha, que lo será por toda la vida, seguramente irá para el lado que menos queremos o que menos esperamos. Si queremos que sea de Boca, seguramente se hará de River, si queremos que sea de River se hará de Boca al primer descuido o si un familiar o amigo hace la clásica y llega con el regalo de la camiseta del equipo contrario.

En esto hay que ser implacable, hay que dar señales rápidas de lo que uno quiere, hacerlos del club que uno quiere y en todo caso el tiempo nos dará la razón, porque el tiempo genera amor a la camiseta y eso no se pierde jamás.

A mi me ocurrió algo llamativo, no diría raro porque sobran los ejemplos de hinchas a los que les hicieron ver que iban por el camino equivocado.

De muy chico, mi abuelo Alcides me hizo hincha de Racing y la verdad que era más bien un hincha no practicante. Hay que admitir que Racing justamente no es un club que tenga festejos muy seguidos y eso que estoy hablando de cuatro décadas atrás, cuando el mismo club tenía otro horizonte. Lo cierto es que al haber poco festejo uno era más vulnerable, estaba más abierto a pensar en otro horizonte.

Y así fue que dos primos mayores que yo me empezaron a mostrar lo lindo que sería ser hincha de Boca, lo bueno que sería sentir de cerca los éxitos reiterados de un club acostumbrado a eso, a los logros, a festejar siempre. Empezaron invitándome a escuchar por radio algunos partidos, a sentir el relato de Fioravanti y algunos más que no recuerdo, hasta los de José María Muñoz, a gritar goles de García Cambón, de Mastrángelo y de tantos ídolos. Teníamos que acomodar la radio para alcanzar la onda, porque en determinada posición no se escuchaba nada, pero en otra posición sí, hasta que lográbamos alcanzar el relato del partido.

Carlos y Teddy, ellos fueron los responsables de hacerme hincha de Boca y creo que lo hicieron por mi felicidad deportiva. A ellos debería agradecerles la buena idea de cambiar de aire porque sino hubiera estado 30 años sin un solo festejo.

La verdad que es tentador esto de ser hincha del club más grande del país, y sé que esta columna tiene lectores de varios colores diferentes, pero bueno, es parte del folclore esto de cargar al otro, de seguir a un club, de sentir alegría o tristezas, porque los clubes generan estas cosas, afectos, amor a la camiseta a lo que uno pudo disfrutar. El momento del festejo es ese donde los abrazos no tienen límites, porque en ese instante uno puede mezclarse con desconocidos y levantar la bandera del éxito.

El fútbol no es violencia como podemos ver con frecuencia, el fútbol no genera violencia, el fútbol genera esas imágenes en la Argentina, pero está en nosotros lograr que sea parte del folclore, que las cargadas sean cargadas, que disfrutar de un partido sea el derecho de todos y que ir a una cancha sea una fiesta.

No sería completo si uno no tuviera la chance de reír, de gozar de un gol, de esperar los otros resultados. Porque los deportes generan que uno gane y los otros miren y esta vez el ganador fue Boca.

Jorge Vergara

jvergara@rionegro.com.ar


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