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Mempo Giardinelli: “Un gran cuento es un milagro”

El escritor chaqueño acaba de editar “Chaco for ever”, su flamante libro que reúne dieciséis historias no siempre situadas en su provincia natal.



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Nacido y criado. Giardinelli reconoce que “el Chaco nutrió y determinó toda mi producción literaria”.

Literatura”, “Cuento” y “Chaco” son palabras clave que remiten de forma inequívoca al escritor Mempo Giardinelli (Resistencia, 1947), y la publicación de los relatos reunidos en “Chaco for ever” es la confirmación de este pronunciamiento.

Estas dieciséis historias que, si bien no se ubican todas en el Chaco, desde el título ya nos remiten a ese espacio donde el autor pasó su infancia y en el cual ha elegido vivir, escribir, crear su Fundación y, sobre todo, nutrirlo de literatura y lectura.

Con motivo de su publicación, Télam mantuvo un diálogo con el escritor chaqueño, Premio Rómulo Gallegos y autor de decenas de libros, entre ellos “Luna caliente” (1983), “Santo oficio de la memoria” (1991) y “9 historias de amor” (2009).

P- El territorio de un escritor es el de la infancia” dice en el prólogo del libro... ¿hay un lugar de nuestra niñez al que siempre se vuelve?

R- Nací y me crié en un hogar tan lleno de privaciones como de amor y literatura. Leer era lo mejor que había, para mis viejos y mi hermana. El Chaco era entonces feroz y cautivante, y esos estímulos creo que se hicieron eternos para mí. Empecé muy de abajo y a los veinte años me fui para ver cómo era el mundo, debí exiliarme casi diez en México, viajé mucho por los Estados Unidos y Europa, y volví después de unos años de residir en Buenos Aires. Durante toda esa larga ausencia mantuve ligazones y el Chaco nutrió y determinó, creo, toda mi producción literaria.

P- ¿Escribe para la gente de su tierra?

R- Para nada. Yo escribo como respiro, y en todo caso para saber por qué escribo. Y aquí en mi tierra es donde menos leído soy. En muchos sentidos el Chaco es hostil para mí, lo cual es comprensible pero fatigoso. Hay quienes me preguntan por qué me quedo pudiendo vivir en otros lugares donde no sería cuestionado todo el tiempo y mi calidad de vida sería superior. Ha de ser que lo primitivo, cierta barbarie burguesa, lo bestial incluso, son una inspiración permanente. Casi todo lo que imagino y escribo está ambientado o coloreado por este rincón del mundo tan adolorido como desorientado. Pero amo esta tierra, qué le voy a hacer. Y creo que vivo aquí porque me plantea un desafío permanente que solo resuelvo, o necesito resolver, haciéndolo literatura.

P- ¿Cómo cree que se leerá este libro en su provincia?

R- Lo más probable es que aquí se lea muy poco, o al menos yo no me voy a enterar de lo que piensan mis coprovincianos. Sé que el día que yo muera muchos chaqueños me van a colocar en algún procerato local, pero mientras siga vivo, y es mi mejor proyecto, me seguirán mirando de soslayo como ahora, chismoseando como en todo pueblo chico. De manera que mi respuesta a su pregunta es “no sé”.

P- Impresiona que usted muestra una Resistencia fea, sucia y peligrosa, donde caminar por la vereda de un hospital o buscar trabajo pueden ser actos letales, un poco como la selva en Horacio Quiroga.

R- Resistencia no es todo eso, pero también es eso. Y la literatura que yo mamé, y pienso en Quiroga como en Chéjov, en Caldwell como en Rulfo, describe conductas humanas y sobre todo las peores. En todo caso mi visión de la realidad no ha sido lo complaciente y ligera que me hubiese gustado.

P- Además de narrador, usted es conocido por su labor periodística. ¿Cree que sus posiciones ideológicas producen, digamos, “cortocircuitos” con sus lectores?

R- Debo admitir que sí, y es lamentable. Me parece escandaloso que haya gente, en el Chaco y donde sea, capaz de odiar por desacuerdos políticos. Es una actitud tontísima pero generalizada. En el Chaco lo advierto incluso en viejos amigos, gente con la que nos hemos querido toda la vida pero que ahora toman distancia por lo que uno puede pensar y expresar públicamente. ¿Querrá decir que los afectos no eran lo sólidos que pensábamos? Es penoso y fastidia.

P- El cuento tiene una larga tradición en la Argentina ¿Cómo ve este género en relación al mercado editorial y a los otros géneros?

R- El cuento es un género maravilloso, y entonces hay que tener mucho cuidado con él. Uno no se puede permitir un cuento tras otro. Sí hay que leer, devota y casi maníacamente. Así uno entiende que un gran cuento no sale de un taller de producción. Ni de propósito alguno. Un gran cuento es un milagro. Como un gran poema. Y eso no sale de las ganas. Los deseos o el empeño jamás produjeron literatura valiosa.


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