Misa en un símbolo de los males del país

Redacción

Por Redacción

ECATEPEC, México (AP).- Una tarde de septiembre del 2014, Mariana Yáñez, de 18 años, salió de su casa en un suburbio de Ciudad de México a hacer unas copias. Nunca más se supo de ella. Las autoridades primero pensaron que podía estar en Veracruz, víctima de trata de personas. Cuatro meses más tarde dijeron a su madre que habían encontrado la cabeza y los muslos de su hija dentro de un saco en el río de los Remedios, un canal de aguas negras. No hubo más explicaciones. La desaparición de Mariana no es algo excepcional. Es el pan de cada día de demasiadas familias mexicanas, muchas de Ecatepec, donde el domingo el papa Francisco tendrá el acto más multitudinario de su viaje a México: una misa en un terreno baldío de un centro de estudios, a solo unos kilómetros del río de los Remedios. “Y no es solo una hija’’, dice Guadalupe Reyes, madre de la estudiante. “Son miles’’. Francisco ya ha arremetido contra la violencia, la corrupción y el crimen organizado y se espera que lo haga de nuevo en Ecatepec, un suburbio de 1,6 millones de habitantes al noreste de la capital, crisol de los principales males del país. El mero hecho de elegir este lugar para su mayor acto público pone un incómodo foco en la incapacidad de las autoridades para solucionar problemas como la desigualdad, delincuencia, corrupción de la Policía o la falta de servicios dignos pese al empeño del presidente Enrique Peña Nieto por mostrar al mundo un México moderno, próspero y reformador. “Su santidad estará en lugares violentos, pobres y miserables del país, y los gobernantes no pueden tapar el Sol con un dedo’’, decía un reciente editorial del semanario Desde la Fe, de la arquidiócesis capitalina. “La basura permanece debajo de la alfombra roja y Francisco no vendrá al relumbrón de limpieza y pulcritud de ocasión, ni por los papelitos de colores o la retórica estéril… Los mexicanos queremos paz, necesitamos la verdad, no la burocracia numérica. La misión no está cumplida’’. Conocido por su trabajo en los suburbios de su Buenos Aires natal, Francisco no es ajeno a estas realidades y siempre ha enfatizado su interés por la “periferia’’, por lo olvidado. Ecatepec es el municipio más poblado del país. Forma parte del Estado de México, cuna y trampolín político de Peña Nieto (2005-2011), y uno de los pocos donde no ha habido transición política: el Partido Revolucionario Institucional lleva anquilosado en el poder desde 1920. Olvidada por las instituciones –salvo cuando los políticos están en campaña y ansían votos– los analistas coinciden en que Ecatepec es sinónimo de corrupción, violencia, impunidad y clientelismo. También de un desarrollo urbano desordenado que se ha comido los cerros y ha creado preocupantes bolsas de pobreza frente a zonas prósperas y área industriales que, junto al resto del Estado, aportan casi el 10% del PIB del país. Su ubicación en el límite noreste de la capital, entrada al Valle de México, lo convierte en lugar estratégico para el crimen organizado. El investigador Víctor Manuel Sánchez asegura que en el 2014 llegaron a convivir aquí cinco cárteles. Y la delincuencia ordinaria saca provecho de la falta de oportunidades para los jóvenes y de la corrupción de la Policía, que en el 2015 llevó a que prohibieran temporalmente a los agentes poner multas para controlar las extorsiones.

MARíA VERZA AP


ECATEPEC, México (AP).- Una tarde de septiembre del 2014, Mariana Yáñez, de 18 años, salió de su casa en un suburbio de Ciudad de México a hacer unas copias. Nunca más se supo de ella. Las autoridades primero pensaron que podía estar en Veracruz, víctima de trata de personas. Cuatro meses más tarde dijeron a su madre que habían encontrado la cabeza y los muslos de su hija dentro de un saco en el río de los Remedios, un canal de aguas negras. No hubo más explicaciones. La desaparición de Mariana no es algo excepcional. Es el pan de cada día de demasiadas familias mexicanas, muchas de Ecatepec, donde el domingo el papa Francisco tendrá el acto más multitudinario de su viaje a México: una misa en un terreno baldío de un centro de estudios, a solo unos kilómetros del río de los Remedios. “Y no es solo una hija’’, dice Guadalupe Reyes, madre de la estudiante. “Son miles’’. Francisco ya ha arremetido contra la violencia, la corrupción y el crimen organizado y se espera que lo haga de nuevo en Ecatepec, un suburbio de 1,6 millones de habitantes al noreste de la capital, crisol de los principales males del país. El mero hecho de elegir este lugar para su mayor acto público pone un incómodo foco en la incapacidad de las autoridades para solucionar problemas como la desigualdad, delincuencia, corrupción de la Policía o la falta de servicios dignos pese al empeño del presidente Enrique Peña Nieto por mostrar al mundo un México moderno, próspero y reformador. “Su santidad estará en lugares violentos, pobres y miserables del país, y los gobernantes no pueden tapar el Sol con un dedo’’, decía un reciente editorial del semanario Desde la Fe, de la arquidiócesis capitalina. “La basura permanece debajo de la alfombra roja y Francisco no vendrá al relumbrón de limpieza y pulcritud de ocasión, ni por los papelitos de colores o la retórica estéril... Los mexicanos queremos paz, necesitamos la verdad, no la burocracia numérica. La misión no está cumplida’’. Conocido por su trabajo en los suburbios de su Buenos Aires natal, Francisco no es ajeno a estas realidades y siempre ha enfatizado su interés por la “periferia’’, por lo olvidado. Ecatepec es el municipio más poblado del país. Forma parte del Estado de México, cuna y trampolín político de Peña Nieto (2005-2011), y uno de los pocos donde no ha habido transición política: el Partido Revolucionario Institucional lleva anquilosado en el poder desde 1920. Olvidada por las instituciones –salvo cuando los políticos están en campaña y ansían votos– los analistas coinciden en que Ecatepec es sinónimo de corrupción, violencia, impunidad y clientelismo. También de un desarrollo urbano desordenado que se ha comido los cerros y ha creado preocupantes bolsas de pobreza frente a zonas prósperas y área industriales que, junto al resto del Estado, aportan casi el 10% del PIB del país. Su ubicación en el límite noreste de la capital, entrada al Valle de México, lo convierte en lugar estratégico para el crimen organizado. El investigador Víctor Manuel Sánchez asegura que en el 2014 llegaron a convivir aquí cinco cárteles. Y la delincuencia ordinaria saca provecho de la falta de oportunidades para los jóvenes y de la corrupción de la Policía, que en el 2015 llevó a que prohibieran temporalmente a los agentes poner multas para controlar las extorsiones.

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