Detrás de escena: liderazgo en tiempos de inteligencia artificial

En un escenario de transformaciones vertiginosas, muchas mujeres atraviesan un desgaste silencioso mientras replantean su lugar profesional, buscando sostener su identidad y su bienestar.

Por Por Analía Tarasiewicz, Psicóloga del Trabajo, especialista en IA, CEO de Alianza Targo, @trabaja.mejor

Hay momentos históricos en los que la tecnología no crea un problema nuevo, sino que deja al descubierto uno antiguo. Para muchas mujeres que lideran, trabajan y sostienen equipos, 2026 es uno de esos momentos.

La Inteligencia Artificial no está desordenando a las organizaciones: está exponiendo fragilidades que ya existían. Modelos de liderazgo construidos sobre el control, la acumulación de información y la supervisión permanente empiezan a mostrar su límite cuando el dato se vuelve accesible y la ejecución se automatiza.

En ese quiebre aparece una figura cada vez más visible y menos nombrada: la del manager que ya no sabe cuál es su valor cuando deja de ser imprescindible para la operación.

Los datos globales son claros. Según McKinsey & Company, el 92% de las empresas planea aumentar su inversión en inteligencia artificial en los próximos tres años. Sin embargo, solo el 1% de los líderes considera que su organización es realmente madura en su implementación. El resto permanece atrapado en lo que ya se conoce como el “purgatorio de los pilotos”: pruebas aisladas, grandes inversiones y culturas organizacionales cada vez más frágiles.

Despidos acelerados en nombre de la automatización, decisiones tomadas desde el miedo, proyectos lanzados sin evaluar si las personas estaban preparadas —en lo técnico, lo cultural y lo emocional— para sostenerlos. El resultado es el llamado “efecto boomerang”: empresas que recortan talento humano y luego deben reincorporar soporte porque la calidad cae y el negocio se resiente. Hoy, más de la mitad de las compañías que despidieron personal por automatización reconoce que se equivocó.

Esto no es eficiencia. Es improvisación con traje de estrategia. El problema no es la falta de herramientas, sino la ansiedad corporativa.

En mi práctica como psicóloga del trabajo observo cómo esta presión se cristaliza en un fenómeno cada vez más frecuente: el Síndrome del Manager Desplazado. Se trata de una obsolescencia percibida, y muchas veces real, de la identidad profesional. Aparece cuando quienes construyeron su rol desde el control del dato y la supervisión pierden su lugar frente a sistemas que procesan información mejor y más rápido.

Sus señales son claras: pérdida de autoridad simbólica, crisis de sentido, dificultad para decidir, hipercontrol improductivo y un burnout silencioso que no nace del exceso de trabajo, sino de la desalineación con el propio rol.

La paradoja es evidente: mientras más tecnología se incorpora, más expuesto queda el liderazgo intermedio. El verdadero riesgo no es la Inteligencia Artificial, sino seguir creyendo que este es un problema técnico. Estamos frente a una crisis de conciencia organizacional.

Hoy, no decidir también es decidir. Aferrarse a modelos mentales y estructuras que ya no existen es quedarse atrapados en una versión del trabajo que dejó de funcionar. Incluso cuando todavía parece hacerlo.

Necesitamos un nuevo Human+Tech Mindset®, que parte de una premisa simple: las transformaciones tecnológicas en las organizaciones no sirven si no transforman también a las personas que deben liderarlas.


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