Municipios: soñar con la autonomía, despertar con la dependencia
Mario Barbieri (*)
Vale la pena preguntarse cuál es la real importancia de los municipios en la vida institucional, administrativa, política y social de la República. Y creo que ella radica en que es el nivel de gobierno donde mejor se perciben las necesidades y los problemas de los ciudadanos, donde se da la mayor cercanía entre gobernantes y gobernados, donde se promueve la participación en la gestión de los intereses que se ven como propios. Evidentemente, entonces, resultan centrales en el armazón del sistema político y en el desarrollo democrático de la Nación. Desde la reforma de la Constitución nacional de 1994, los municipios detentan un estatus autonómico. Esto significa, competencias propias reconocidas por el poder constituyente y ya no más competencias municipales originadas en una delegación de facultades por parte del Estado provincial (municipios autárquicos). La autonomía implica que el municipio tendrá dentro del marco de su competencia territorial y material facultades en distintos órdenes: institucional, político, administrativo y económico-financiero. Siguiendo esta regla, observamos que en la Argentina se está lejos de cumplir con el objetivo. La realidad permite observar un país centralizado desde un Estado nacional que controla la enorme mayoría de los recursos y los administra con una discrecionalidad que funciona como máquina disciplinadora de voluntades. En el otro extremo, provincias y municipios con dificultades financieras, rehenes de esa discrecionalidad y arbitrariedad. El gobierno se ha llevado por delante las autonomías municipales, afectando fuertemente el federalismo, uno de los pilares de nuestra organización política. Ha convertido a los intendentes en meros espectadores de discursos presidenciales en donde la efectividad de su gestión se mide por el calor de sus aplausos. Deteriorando autonomías, incumpliendo preceptos constitucionales relativos al federalismo, lo que se obtiene es una sociedad menos democrática, más dependiente de la voluntad de una persona, el presidente, que concentra mayor poder político, convirtiéndolo por ello en más autoritario, menos eficiente y mucho más alejado de la realidad. Si se depende del dinero que venga de la Provincia o de la Nación, entonces las decisiones estarán siempre limitadas por la falta de recursos y por la presión que las jurisdicciones Nación y Provincia ejerzan para que se tome o se acompañe determinada decisión. Perdemos en calidad democrática, incumplimos la Constitución y violentamos el espíritu de las instituciones. Nadie conoce mejor las necesidades de su pueblo que quienes habitan en ese territorio. Y nadie las puede solucionar con mayor rapidez y eficacia que los propios municipios. Por ello resulta de vital importancia para el desarrollo total de la Nación comprender lo trascendental de la dinámica de las municipalidades en el sistema político. Es de allí de donde partirán las soluciones porque, en definitiva, es allí donde vive la gente. (*) Diputado nacional radical y presidente de la Comisión de Defensa de la Competencia de la Cámara de Diputados.
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