Murió Gorriarena, un pintor de la realidad

El artista plástico argentino Carlos Gorriarena falleció el martes en el Uruguay, donde pasaba un tiempo de descanso antes de preparar sus obras para la próxima ArteBa.

BUENOS AIRES, (Télam/AR).- El artista Carlos Gorriarena falleció el martes a los 81 años en la ciudad uruguaya de La Paloma como consecuencia de una hemorragia y sus restos serán velados hoy en el Palais de Glace.

El reconocido pintor se había instalado como lo hacía desde hace dos décadas en el partido uruguayo de Rocha junto a su esposa, la galerista Sylvia Vesco, y el menor de sus tres hijos, Gerónimo, de 17 años.

Gorriarena sufrió en la mañana del martes una sorpresiva hemorragia que obligó a su traslado de urgencia a una clínica de la zona, donde más tarde falleció a raíz de un paro cardíaco.

Por estos días, el artista se mostraba ansioso por regresar a su taller porteño del barrio de Monserrat para comenzar a pintar una serie de trípticos de gran tamaño que formarían parte del envío de la galería paulista Thomas Cohn en la feria ArteBA 2007.

Nacido en Buenos Aires el 20 de diciembre de 1925, abandonó en 1948 sus estudios en la Escuela Nacional de Bellas Artes -donde tuvo como profesores a Lucio Fontana en escultura y Antonio Berni en dibujo- para tomar clases con el pintor anarquista Demetrio Urrichua.

El pintor, que realizó su primera exposición en 1959 y fue cofundador y participante del Grupo del Plata (1960/64), se destacó como exponente del arte político, cuyo iniciador en la Argentina fue precisamente Berni, en la década del '30.

La figuración es una constante invariable en su pintura, aunque se trata de una figuración que adquiere contornos muy personales que lo alejan de la transcripción realista.

A lo largo de sus trayectoria, el artista amplificó los alcances y significados del realismo en polémicas que solían encender los ánimos en las tertulias de artistas. Ese marco de referencia se convirtió en núcleo creador de su obra.

A partir de este fundamento, la figura humana ocupó el centro de su imagen: en la figura está contenida la constante tensión entre hombre y sociedad. Y para dar testimonio de esta tensión, de este duelo, el artista apela a distorsiones y énfasis expresionistas.

En la década del '60, Gorriarena participó del movimiento neofigurativo. Lo hizo a título y riesgo propio, fundándose en las afinidades revulsivas compartidas con Rómulo Macció, Luis Felipe Noé, Jorge de la Vega y Ernesto Deira.

La experiencia neofigurativa hizo estallar las formas cerradas, liberó al dibujo de la función de contorno y esta función se transfirió a la mancha de color y a los empastes generosos en materia.

El artista ha realizado desde 1959 cerca de treinta exposiciones individuales y ciento noventa exposiciones colectivas, entre las que se cuentan, en 1962 con el «Grupo del Plata», Museo de Tucumán; en 1965, Salón homenaje al Viet-Nam, Galería Van Riel; en 1976, III Bienal de Artes Gráficas, Cali, Colombia; en 1980, Museo de Arte Latinoamericano de la OEA; y en 1981, Bienal de Medellín, Colombia.

Participó también en 1984 de la «Exposición del Autorretrato», Fundación Domecq, México; la Bienal de La Habana, Cuba; y el Premio Fundación Fortabat.

Gorriarena obtuvo el Gran Premio de Honor del Salón Nacional 1986, la máxima distinción a las artes visuales, por su obra «Pin, Pan, Punk», además del Premio Union Carbide (1982-1983), el Primer Premio Municipal de Pintura (1984) y el Premio Asociación Internacional de Críticos al Pintor del Año (1989).

«Gorriarena despliega un manejo de la abstracción que hasta ahora no estaba claro si se aislaba una parte del cuadro; junta la abstracción con el expresionismo más frontalmente, pero casi sin que se note. Se da lujos líricos, irónicos, profundiza la tristeza y cambia otra vez la relación con el mundo y la pintura» definió alguna vez el crítico Miguel Briante.

El artista Luis Felipe Noé de

finió también a Gorriarena: «Usaba el color como adjetivo calificativo», según publicó ayer el diario «Clarín».

«Un cuadro tiene que romper la pared», solía decir el propio Gorriarena, una manera de aludir a su particular manera de concebir el arte como crítica a la sociedad.

La crítica de arte de Télam Elba Pérez al reseñar la muestra que el artista realizó en la Fundación Mundo en 2005 señaló que «Gorriarena hace de la pintura escalpelo de la interpretación de la realidad. Y al hacerlo ariete de su opinión pone distancia con la mera representación (figurativa, realista) sin perder los contactos necesarios para tensar las relaciones entre significado y significante. Nadie puede alegar ignorancia sobre el origen de estas metáforas rabiosas, contundentes y a menudo crueles.

«El sueño de la razón produce monstruos decía Goya en un grabado ejemplar como todos los del maestro aragonés. Gorriarena el Vasco Gorri habla desde su pintura de las pesadillas del naufragio contemporáneo.Y lo hace desde la realidad más próxima. Advertir esta nueva realidad y plasmarla en personales registros constituye su aporte al arte argentino», agregó Pérez en su comentario.


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