Natación de elite: el desafío de “empezar de cero”

Esta semana arrancaron los entrenamientos aunque con tantos condicionamientos que se hace difícil pensar en una rápida recuperación de este deporte en Bariloche.





Anna Huusmann tenía por delante un año cargado. Foto: archivo

Anna Huusmann tenía por delante un año cargado. Foto: archivo

El día tan esperado llegó recién esta semana. Aunque se trata de un deporte individual, con protocolos que permiten minimizar el riesgo de contagios de Covid-19, la natación competitiva recién tuvo permiso esta semana para volver a los entrenamientos.

Con alegría y también mucha energía contenida, los chicos que integran el equipo de competencia de Piletas del Nahuel retomaron el lunes las prácticas planificadas, aunque en grupos chicos y tres turnos semanales, lo cual torna impensable recuperar por ahora el nivel que tenían en marzo pasado.

También conspira la falta de objetivos competitivos (en especial un calendario de torneos nacionales), dadas las reprogramaciones obligadas por la pandemia, con fechas que quedarían recién para el año próximo.

El entrenador de los equipos de Piletas, Maximiliano Ceballes, dijo que a los chicos los vio “felices” tanto el lunes como ayer, en las primeras jornadas de la vuelta al agua, que debieron cumplir con estrictas pautas sanitarias, la regla inviolable de un nadador por andarivel y rutinas que no pueden extenderse más de 45 minutos, lo cual resulta escaso para un nadador de alta competencia.

El equipo de Piletas del Nahuel está integrado por unos 30 nadadores, con edades que van de 9 a 16 años, y que en los últimos años lograron triunfos importantes a nivel provincial y patagónico, en los Juegos de la Araucanía y también en certámenes nacionales.

Ceballes explicó que el freno abrupto dispuesto el 20 de marzo, que se extendió por cuatro meses, “fue muy duro” para los nadadores de elite, que en condiciones normales suelen entrenar todos los días, algunos en doble turno.

La pérdida de la condición física (y de la aptitud para alcanzar tiempos aceptables) es muy notoria y la recuperación va a costar. “Es un cambio radical, hay que empezar todo de cero”, dijo Ceballes.

Se lamentó de que Bariloche y Roca fueron de las últimas localidades de la región en lograr habilitación para nadar. Señaló también que los socios de los clubes ya pudieron volver hace 15 días y los equipos de competencia recién lo hicieron ahora “cuando en todo el país fue al revés”. Las grillas horarias están saturadas y hacerles lugar a los grupos de competición fue muy complejo.

Mucho control

Ceballes armó un plan de trabajo con grupos de cinco o seis chicos por grupo. No se puede más mientras sólo se permita un nadador por carril, y espera que esa regla se pueda flexibilizar con el paso de los días.

En todo momento cumplen además con el distanciamiento de dos metros, el uso de barbijo hasta el momento de entrar al agua, la obligación de llegar con la malla puesta y el uso mínimo de vestuarios.

“Es un tema, hay que aprender todo de nuevo, resulta bastante difícil pero nos tenemos que acomodar -dijo el entrenador-. Lo importante era empezar. Los 45 minutos son insuficientes para trabajar en un plan serio. Es como jugar al fútbol con un solo arco. Pero preferimos ver el vaso medio lleno”.

En su primer día los jóvenes nadadores se mostraron contentos y hasta “nerviosos, casi como en una competencia”, señaló Ceballes. La falta de ritmo la experimentaron todos. Para un nadador las sensaciones en el agua son un tema clave, en un deporte donde juega mucho la disposición mental.

“Los chicos se largaron al agua con todo pero se sintieron muy cansados, pesados los hombros, descoordinados, sin agarre al agua -refirió-. No se vuelve tan fácil al nivel”.

Hay allí mucho para trabajar, con el riesgo -reconoció Ceballes- de que “por ahí se pierda una generación”, debido al parate prolongado y también a la falta de competencias, que se extenderá durante al menos un año.

Un golpe que no esperaban

La suspensión de todas las actividades deportivas desactivó el entusiasmo de muchos jóvenes con proyectos ya trazados para crecer en sus especialidades. Pero para los que tenían la vara más alta, la decepción sin duda fue mayor, como ocurrió con dos de los mejores nadadores barilochenses, Anna Huusmann y Juan Cruz Ortiz, ambos formados en Piletas del Nahuel.

Huusmann tiene 16 años y un amplio curriculum de títulos nacionales, sumada a una importante participación en el último mundial junior de Hungría, hace justamente un año.

Con un permiso especial empezó a entrenar hace un mes.
Ortiz (13) ganó en marzo el Torneo de la República en 200 y 400 combinados cadetes y tiene “proyección de selección”.


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