Netflix: ¿el futuro de la tevé?

Con 48 millones de abonados en 51 países esta plataforma de internet no sólo cambió la manera de relacionarse con la pantalla chica sino a la industria también.

Redacción

Por Redacción

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“Los usuarios tienen por primera vez el control de ver lo que quieren cuándo, cómo y dónde cada uno lo desea, a un precio razonable y sin la necesidad de recurrir a la piratería”.

Así define Jonathan Friedland, jefe de comunicaciones de Netflix, el éxito de esta plataforma norteamericana de series y películas online con más de 48 millones de suscriptores en todo el mundo.

Netflix es una plataforma de Internet que provee series y películas bajo el sistema “on demand” (dónde y cuándo el usuario desea) a cambio de una tarifa plana de 7,99 dólares (que no se modifica con el consumo).

Si bien esta compañía creada en 1997 por Reed Hastings y Marc Randolph ofrecía inicialmente alquiler de DVD a través de Internet, las exigencias del mercado fueron marcando el ritmo de su evolución de la mano de un servicio de suscripción mensual que proponía acceder a una cantidad ilimitada de títulos por una suma fija de dinero.

Pero la verdadera revolución, aquella que modificaría no sólo el modo de acceso a los contenidos sino las formas de consumo por parte de los usuarios, llegó una década más tarde con el servicio de “streaming” (que fluye en forma contínua, sin interrupción): una forma legal de reconversión desde el DVD hacia una plataforma digital.

“Lo que ha hecho Netflix, por un lado, es entregar contenido. Pero lo que pocas personas entienden es que detrás de esto hay un algoritmo que va aprendiendo de los gustos de los usuarios. Cada vez que veo una película, ellos saben si la veo completa, o si la salté y eso es algo que nunca se había hecho. Entonces hemos pasado de una tevé tonta, donde me daban contenidos sin importar si los veía o no, a una televisión donde realmente el que manda y el que está tomando las decisiones es el usuario”, explica Pablo Francisco Arrieta, profesor universitario y experto en temas digitales.

En este conocimiento sobre el consumidor y sus intereses es donde radica el vuelco que se le está dando a la industria. Según Arrieta, en este aspecto es donde la televisión digital empieza a ser muy atractiva para las empresas del sector, ya que conocer los gustos de la gente y su comportamiento les permite tomar decisiones acertadas y seguras sobre los productos que les deben ofrecer. “Esta nueva forma de ver televisión va a empezar a ser un termómetro real para la industria sobre cuáles son los intereses de la gente”, resalta.

Netflix posee en su catálogo contenidos de terceros (grandes y pequeños estudios de televisión y películas) por los que paga una licencia para ofrecerlos a sus suscriptores. Y el resultado, en números, es contundente: en siete años Netflix consiguió más de 48 millones de usuarios dentro de los 51 países donde provee sus servicios.

La plataforma fue mutando hasta convertirse en uno de los protagonistas más resonantes dentro del cambio de paradigma que atraviesa la industria audiovisual y la circulación de contenidos.

Para desafiar la cada vez más obsoleta lógica de programación tradicional, Netflix le dio al público lo que quería: películas y temporadas enteras de series en el dispositivo que más le plazca (netbook, pc, tablet, celular) y en el día y la hora (y las veces) que cada quien pueda y quiera.

“Nos enfocamos en que nuestra oferta sea cada vez más exclusiva, diversa y atractiva para cada miembro de la familia: siempre hay algo para cada persona”, resalta Friedland acentuando el concepto de “individualidad” como principal bastión de la plataforma.

De modo que el concepto que sobrevuela este negocio millonario es el de “curaduría”: analizando los gustos y patrones de consumo de cada usuario, se genera una “biblioteca” de contenidos afines a los gustos personales.

Así es como documentales, producciones independientes, títulos clásicos, éxitos recientes de Hollywood, cine extranjero, series destacadas y una selección de programación infantil adornan los anaqueles virtuales de este gigante norteamericano.

Además de su posicionamiento, tanto económico como en materia de popularidad, Netflix también resuena por haberse convertido en un eslabón clave dentro del futuro de la televisión: en sintonía con la evolución, cabe pensar que en unos pocos años el zapping frenético, fiel exponente de una época, se convertirá en un recuerdo anclado a una era remota.

Sin estrenos de cine

El talón de Aquiles, quizás, es que Netflix no tiene estrenos comerciales de películas. Los títulos nuevos tardan en llegar aproximadamente lo mismo que tardarían en llegar a un video. No es, definitivamente, una plataforma para los cinéfilos más ansiosos.

Este tema, advirtió Friedland, “es uno de los grandes desafíos porque la industria del cine tiene un modelo de negocio muy consolidado, que se choca con nuestra intención de entregar contenidos de la forma más rápida posible”.

“Netflix llena un hueco en la vida real de las personas, porque es un servicio que tiene que ver con el estilo de vida actual. Poco a poco, la televisión tradicional quedará sólo para transmitir deportes, noticias y todos aquellos eventos relacionados a la vida en `vivo`”, vaticinó. (Télam).


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