La pandemia impactó fuerte en niños y adolescentes

Desde el comienzo de la cuarentena fueron confinados en sus hogares mucho más que los adultos, y al extenderse en el tiempo sufrieron consecuencias en su salud mental y también física.





Por no ser población de riesgo ni formar parte de la fuerza laboral, las niñas, niños y adolescentes no formaron parte de las preocupaciones de las autoridades sanitarias ni gobiernos. Pero la interminable cuarentena y restricciones de todo tipo de actividades y servicios por causa de la pandemia sí se cobraron con ellos ese olvido.

Aún mayores tasas de sobrepeso o malnutrición, trastornos de conducta, retrasos en la socialización y abandono de tratamientos para patologías previas o crónicas son algunas de las situaciones que advirtieron estos nueve meses, los profesionales de la salud dedicados a la atención de este segmento de población.

Con casi tres décadas de cuidar la salud de recién nacidos, niños y adolescentes, la pediatra Sara Regliner ha desarrollado un sexto sentido para obtener información de sus pacientes a través de los gestos, los sonidos, las palabras, los colores, los olores, la postura y hasta la mirada. “Por eso la telemedicina es muy difícil en pediatría. Uno necesita verlos, tocarlos, escucharlos”, resume al respecto.

A favor ha sido que se ha reencontrado la madre con el hijo, con los padres. Han vuelto a conversar y a estar juntos como familia”.

Sara Regliner, pediatra

Esa atención a los mínimos detalles le ha valido también la responsabilidad de ser la jefa de las unidades de terapia intensiva (UTI) pediátrica y neonatal por más de 20 años en un sanatorio de Roca.

Además la experiencia como profesora de la cátedra de Pediatría en la UNCo y como médica de familias, le permite conocer el tema desde todos los ángulos posibles: lo complicado y urgente, la parte del recién nacido y sus singularísimas necesidades y en el consultorio independiente, donde como ella misma dice “son otras las patologías que se ven”.

Durante la pandemia asegura que la parte infantil ha sufrido de varias situaciones. “Les cambió la vida a los chicos. Tenían un estilo de vida, una educación, una escuela, un Jardín, un compañerito, una tía, una abuela, los amiguitos… De repente, sin saber por qué, dejaron de hacer todo y de ver a esas personas”.

El dato

9 meses
de encierro y restricciones afectan a niños y adolescentes. Fueron los primeros en entrar y son los últimos en salir.

La médica asevera que dependiendo de la edad del chico, les afectó de diferente forma.

Los bebés: “Hay chiquitos que nacieron en pandemia y no pudieron conocer a sus abuelos, sus tíos, y siguen así y aunque eso ellos no lo sienten, sí sienten el desconocimiento hacia la gente mayor. En el consultorio ves chiquitos de 8, 9 o 10 meses que tienen miedo de vernos”.

Entre 2 y 3 años: “Dejaron de tener amigos y si son hijos únicos, ahora tienen un juego a veces muy solitario; no pueden o les cuesta hablar, socializarse, ver a la gente. Al entrar al consultorio tienen miedo de lo que les va a pasar “.

De 4, 5, 6 años: “Es la etapa del juego y diversión del deporte. Se ha visto mucho cambio en su estilo de vida. Han cambiado día por noche, han sufrido crisis de depresión, de angustia, de bronca, de no saber por qué a todo “no”.

A partir de los 7 u 8 años: “Cuando ya empiezan a entender lo que es el miedo y la muerte. Han sufrido mucho más que los pequeñitos. Han visto el miedo de la gente grande, han sufrido enfermedades de su familia, fallecimientos de mamás pues han muerto madres relativamente jóvenes en esta pandemia. Han sentido el dolor de la separación y de papás y abuelos que han muerto. Sienten miedo y a veces se obsesionan con el barbijo, el lavado de manos, no quieren tocar nada. Hay familias que están muy angustiadas e inconscientemente lo han transmitido a los niños. Entonces ellos tienen miedo de morirse y de que se muera el tío, el abuelo, el papá, la mamá”.

Los adolescentes o preadolescentes: “Cambiaron día por noche. como no tienen nada que hacer, no tienen actividad ni amigos ni salidas. Entonces se pasan la noche con el teléfono, la compu, la tablet; se levantan pasado el mediodía, no tienen otra cosa que hacer y se aburren, están enojados y a la noche como hay más señales, más líneas y más tranquilidad, se pasan mirando películas, jugando a la play. Entonces uno ve en la familia la angustia porque los chicos no comen como deben, no se comportan, se enojan por muchas cosas, no saben como controlarlo”.

Los tips para no desesperarse


• Calmarse porque esto no va a terminar hoy ni mañana
y en el hastío largamos los cuidados y en eso cometemos errores.

• Mantener el respeto hacia el virus -no miedo que paraliza- porque que se levante (progresivamente) la cuarentena no significa que no está circulando.

• Ser muy prudentes con lo que hacemos:
lavarnos las manos siempre, usar las protecciones, barbijo; si uno pudiera las antiparras en lugares de mucha gente sería lo ideal. No comer nada fuera de la casa sin lavarse las manos, sin lavar los productos. Higienizar lo que se trae del súper. Al llegar a casa, sacarse la ropa de calle, lavarla y bañarse y así se libera -en caso de que se haya contaminado con el virus- y evita el contagio.

• Evitar compartir mate, vaso o bebidas y enseñarle a los chicos que son los que más aprenden e incorporan las precauciones una vez que lo asimilan.

• Mantener el respeto, ser respetuosos de nosotros y del otro.


“Fueron los primeros en quedar en aislamiento y son los últimos en poder volver hacer algo” dice concluyente la psicoanalista infantil Carolina Arias, integrante de la Asociación Causa Psicoanalítica General Roca.

Carolina Arias, psicoanalista

Con el oído atento a las palabras y los juegos de chiquitos desde los 3 y 4 años, hasta los 12 o 13, la especialista refiere varias cuestiones como consecuencia de que no fueron mirados ni contemplados por quienes dispusieron las medidas restrictivas justificadas en la gravedad de la pantemia.

Para empezar fueron bombardeados con sobreinformación y también sufrieron mucha angustia como consecuencia de la transmitida por los propios adultos en el hogar. “Muchos lloraban -comentaban los padres- sin saber por qué”, refiere la profesional entre los síntomas del malestar, a los que añade como ejemplo la vuelta al uso de pañales y mayor dependencia o retrocesos en niños pequeños.

Pensar que en este contexto pudieran tener la misma concentración y capacidad para resolver problemas escolares es pedirles muchísimo”.

Carolina Arias, psicoanalista


“Apareció algo muy fuerte que fue la muerte y los niños tienen que hacer una construcción muy importante para lograr comprenderla”, dice la psicoanalista.

En ese sentido señala que “el recuento de las muertes (próximas o en el extranjero a través de los medios) ha sido algo muy angustiante”.

En cuanto a la escuela, cuando les preguntaba qué extrañaban, las respuestas fueron: ‘Mis amigos, los recreos, las clases de gimnasia que corríamos, a la salida irme de un amigo’. Nunca la tarea escolar en sí. “Por eso no es igual la escuela virtual porque pueden haber aprendido contenidos nuevos pero los niños aprenden con otros, no aprenden solos”, agrega.

Si de recomendaciones a los padres se trata, Carolina Arias insiste en que se debe “explicar de la manera más simple y escuchar sus temores, preguntarles qué les preocupa, qué extrañan”.

Y a las autoridades, que tengan más consideración en pensar cómo afecta lo psíquico, no solo a los adultos sino a los niños. “Realmente nadie los contempló en esas cosas” reflexiona finalmente.


“Esto rompió con nuestra cotidianidad, con lo conocido y aparece algo que nos deja sin palabras”. Es el resumen y al mismo tiempo punto de partida para comprender lo que sucede con los adolescentes, dice la psicoanalista de Roca, Ayelén Leoni, de la Asociación Causa Psicoanalítica.

Ayelén Leoni, psicoanalista

“A partir de eso podemos pensar en la angustia que sienten los adolescentes, como los adultos y niños también, y que puede derivar en irritabilidad, agresividad, melancolía o tristeza”, señala la profesional.

“Ha sido muy difícil para ellos y sufren a raíz de las medidas de confinamiento, incluso con la paradoja de que a veces los chicos toman la decisión de aislarse, de encerrarse, de estar en su casa o habitación, en su espacio. Pero en este caso es impuesto, no es elegido por ellos. Partimos de algo muy distinto para pensar este encierro” refiere Ayelén Leoni.

Explica que en la adolescencia se da una transición fundamental desde la endogamia (la vida y las relaciones al interior de la familia) a la exogamia (la vida en sociedad) poco a poco, y estos meses todo ha entorpecido ese proceso “porque fue obligatorio y necesario estar en el hogar, con la familia”, admite la analista.

“Los adolescentes arman sus ideas de la realidad cotidiana en mucho a raíz de las repuestas que los adultos pueden dar, y no las tuvimos”, reflexiona Leoni para agregar que entonces ellos vivieron situaciones que se han manifestado “a través del enojo, del miedo, principalmente angustia, incertidumbre, inseguridades, porque todos no hemos sabido mucho acerca de esto y nuestras respuestas también fueron muy insatisfactorias”.

A los adolescentes les dolió porque tuvieron mucha pérdida y no fue evitable. Pero hay que darle entidad al dolor y no negarlo, para tramitarlo y procesarlo”.

Ayelén Leoni, psicoanalista

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