No hay trampa que engañe al alcoholímetro

Conocé los mitos y verdades sobre manejar si tomaste alcohol. “Si bebiste no conduzcas”, el mejor consejo.



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No hay forma de engañar al alcoholimetro. Foto de Archivo.-

Seguridad Vial

Desde comer pasto hasta colocarse una moneda debajo de la lengua, son numerosas, insólitas e inútiles las estrategias que adoptan los conductores alcoholizados que intentan evitar las sanciones. En la Dirección de Tránsito de la Policía neuquina se cuentan anécdotas que rozan lo descabellado.

Conducir bajo la influencia del alcohol es una conducta grave y factor potencial de accidentes. Numerosas campañas de seguridad vial apuntan a lograr que las personas que bebieron no conduzcan.

En su metabolización el alcohol llega a los alvéolos pulmonares y por eso está presente en el aliento de las personas.

En vez de abstenerse beber antes de conducir, algunos hacen caso a ciertos mitos urbanos que se transmiten de boca en boca, con técnicas que supuestamente sirven para engañar al etilómetro. El comisario Daniel Asselborn explica que en sus años de experiencia en la calle le ha tocado vivir todo tipo de situaciones en operativos de control vehicular.

“Por lo general la gente se lo toma a mal y quiere buscarle la vuelta (para no asumir las consecuencias). En los operativos de tránsito son todos abogados y todos se saben las leyes de tránsito”, comenta. Desde reproches hasta insultos ha tenido que soportar en miles de discusiones, pero lo más llamativo para él son los trucos que utilizan algunos para intentar engañar el etilómetro.

“Una vez, me pidieron permiso para comer pasto, yo lo dejé”, comentó entre risas. La explicación era que el pasto iba a disimular el aliento del conductor. Del mismo calibre fue la anécdota de la moneda: un joven “se la puso abajo de la lengua”, porque supuestamente el metal absorbería el alcohol y el alcoholímetro no lo podría detectar.

La lista de mitos sigue: correr alrededor de la cuadra (o cinco o diez, según quién lo cuente) para eliminar el alcohol mediante la transpiración, tomar varios litros de agua para lavar el estómago y eliminar el rastro por la orina, tirarse agua fría en la cabeza para despabilarse o masticar chicle y pastillas.

El alcohol es volátil, emana gases, y luego de su ingesta se desparrama por el cuerpo a través del estómago, de ahí llega a la sangre y luego a los alvéolos, por ese motivo está presente en el aliento.

La policía explica que el 95% del alcohol que ingresa en el cuerpo se procesa y elimina a través del hígado, y que el 5% restante es mediante la orina, la transpiración y el aliento.

Otro dato a tener en cuenta es que una vez dentro del organismo el alcohol se comienza a metabolizar recién una hora después de dejar de consumirlo y se procesa a razón de 0,14 miligramos por hora.

Es decir que si a un conductor la prueba con el alcoholímetro le da 0,64, tendrá que esperar una hora para que su nivel de alcohol se reduzca a 0,5, que es el máximo permitido por la ley.

Según explican los policías, hay varias creencias de que el peso de una persona también influye en un test de alcoholemia, pero que esto es errado.

Sin importar la contextura física del conductor, si dos personas consumen la misma cantidad de una bebida y son sometidos a una prueba de aliento etílico, el resultado que les arrojará será el mismo.

En ese orden detallaron que el peso de una persona sí tiene incidencia en el tiempo que tarda el cuerpo en metabolizar. Esto se debe a que el alcohol se aloja en la grasa corporal.

Agencia Neuquén.-


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