No hay una sola razón para que cubanos no salgan a marchar contra el régimen

Abraham Jiménez Enoa* / The Washington Post


El régimen, que ya ha visto a Cuba volcada en su contra, está reprimiendo al pueblo con semanas de antelación, para así intentar desinflar la iniciativa antes que se produzca. Por estos días en la isla se respira el nerviosismo de un gobierno asustado.


Dos meses después de la represión desatada por el régimen cubano que ahogó con violencia las inéditas protestas populares que ocurrieron en 62 lugares de la isla en el mes de julio -y que dejaron a más de 1,200 personas detenidas, de acuerdo con la asociación Cubalex-, la plataforma cívica Archipiélago lanzó una convocatoria para que el pueblo regrese a las calles este 15 de noviembre. La marcha pacífica busca exigirle a la dictadura el cese “de la violencia”, el respeto de “todos los derechos”, “la liberación de los presos políticos” y el arribo a la democracia.

Como no podía ser de otra manera, el castrismo ni siquiera esperó a que se materializara la convocatoria para reprimir a los promotores del llamamiento y a los que han expresado su apoyo o deseo de participar.

Muchas y muchos ciudadanos que han declarado en redes sociales que participarán en la marcha han sido citados a interrogatorios con la Seguridad del Estado, donde han recibidos amenazas de cárcel si llegan salir a protestar a la vía pública. A otros los han expulsado de sus puestos laborales, o los han detenido y trasladado a una unidad policial por estar reunidos en un parque. Al dramaturgo Yunior García, líder de Archipiélago, le lanzaron a la entrada de su casa tierra batida y el cuerpo de varios animales decapitados. A esto se le suman las campañas mediáticas difamatorias desarrolladas por los medios oficialistas.

De todo ese despliegue para coartar y atemorizar a los potenciales manifestantes, lo más llamativo sucedió en la provincia de Matanzas. Allí, trabajadores estatales -las turbas civiles que el régimen utiliza para reprimir en nombre del pueblo y quedar luego exonerado de culpabilidad- salieron a las calles como parte de un ejercicio militar donde simularon con palos y armas cómo “defender la patria si la contrarrevolución intenta subvertir el orden interior del país”. Las imágenes son gravísimas: cubanos dispuestos a apalear y disparar a otros cubanos por el hecho de no pensar como ellos. Una enunciación de lo que podría llegar a pasar en el país si el pueblo vuelve a salir a las calles a protestar contra el gobierno, una especie de guerra civil. Algo que ya el presidente Miguel Díaz-Canel autorizó en julio cuando se vio precisado a detener las protestas, y que recientemente acaba de reafirmar al asegurar que Cuba cuenta con “suficientes revolucionarios para enfrentar cualquier manifestación que pretenda destruir la Revolución”.

La estrategia por parte del régimen ante la marcha del 15N es clara: al gobierno no lo pueden volver a tomar por sorpresa como aquel 11 de julio, y para ello es necesario asfixiar al pueblo, desde ya. No es una estrategia nueva, sino más bien su mantra a seguir: cortar la disidencia antes de que florezca. Y mientras siempre han intentado ejecutarlo desde las sombras, ahora se ha vuelto una situación tan imperiosa de atajar que no se les hace posible disimularlo. La decisión tomada por el gobierno de Díaz-Canel se nota en las calles, donde el despliegue policial y militar es desmedido.

Pero la intención va más allá de militarizar el país como si estuviéramos en tiempo de guerra.

El régimen, que ya ha visto a Cuba volcada en su contra, está reprimiendo, para así intentar desinflar la iniciativa antes que se produzca. Por estos días en la isla se respira el nerviosismo de un gobierno asustado, que aún tiene alojado en la retina las poderosas e históricas imágenes de julio, donde quedó claro la inconformidad de un pueblo. Escenas a las que el castrismo les tiene pánico, pues nunca antes se vio algo de esa magnitud en el país y nunca antes quedaron tan expuestos como violadores de derechos humanos.

Ante esta situación extrema que estamos viviendo las y los ciudadanos en Cuba, una situación de acoso, de persecución, de violación de derechos humanos solo por querer un mejor país, un país más próspero y democrático: ¿Cómo no salir a marchar para exigir un cambio de escenario? ¿Cómo no salir a expresar lo que uno piensa y quiere decir, que no es más que demandar tener un país donde los derechos más básicos se cumplan? ¿Cómo no salir a hacerle saber a quienes tienen el poder de enderezar el rumbo del país, que llevamos tiempo barranco abajo ?

No hay una sola razón para no salir a la calle este 15 de noviembre. El régimen quiere seguir perpetuado en el poder hasta la eternidad y es deber de la ciudadanía hacerle saber que el pueblo ya no los quiere, que estamos hartos de sus desmanes. Los cambios en Cuba no se producirán por arte de magia ni caerán del cielo, habrá que forzarlos y pujar por ellos. Nunca nadie alcanzó algo sin intentarlo.

* Periodista cubano.


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