No perder la humanidad





La nueva etapa de la pandemia en el país, con una flexibilización gradual y por etapas de la cuarentena, planteada de distinta forma en cada provincia, obligará a un doble desafío. Por un lado, incrementar la responsabilidad social para mantener las medidas de prevención en la interacción cotidiana, pero al mismo tiempo saber que se puede mantener el distanciamiento físico sin necesidad de agredir o discriminar.

La expansión global del coronavirus ha generado innumerables acciones de solidaridad, pero también ha desatado reacciones irracionales de discriminación. Las noticias sobre acoso, escraches e incluso violencia hacia quienes -se sospecha- violaron la cuarentena, personas de riesgo o enfermos de covid-19 son habituales.

Primero afectó a quienes se relacionó con el origen de la pandemia, en China, generando boicots a comerciantes, recelo y ataques a ciudadanos asiáticos en todo el mundo. En nuestro país un ministro de Seguridad acusó a los “chetos” de traer la enfermedad al país, generando una ola de mensajes de odio clasista hacia quienes vacacionaron en el exterior. Cuando el virus se extendió a barrios pobres pasó para otros a ser un mal que expandían “los villeros” que no respetaban la cuarentena.

La estigmatización es tan vieja como la humanidad, que carga sobre los propios enfermos la “culpa” de sus dolencias, bajo la creencia de que se trata de un “castigo” por sus malas acciones.

También hubo repudios, ataques y reclamos de expulsar de edificios y vecindarios a personal de salud, trabajadores esenciales y policías, más expuestos al virus. Y personas que cumplen aislamiento obligatorio son víctimas de ataques a sus viviendas, señalados con carteles o mensajes agresivos en redes sociales donde se divulga su identidad, ubicación y fotos. Trabajadores sanitarios relatan que algunos transportes evitan llevarlos si están vestidos con el ambo.

La estigmatización es tan vieja como la humanidad, que carga sobre los propios enfermos la “culpa” de sus dolencias, bajo la creencia de que se trata de un “castigo” por sus malas acciones. Enfermos de lepra, tuberculosis, sífilis y de distintas pestes han sido acusados y marginados. Incluso hoy, con toda la información científica disponible, se ha relacionado el sida con la promiscuidad sexual, al cáncer con conductas depresivas y a la epilepsia con la inestabilidad emocional.

Y, si bien es cierto que abundan conductas poco responsables que han contribuido a expandir los casos de coronavirus, también lo es que nadie busca voluntariamente contagiarse y que la gran mayoría de los casos se producen de manera fortuita, porque se trata de un patógeno nuevo, del cual se desconoce mucho, y los errores y descuidos también forman parte de la condición humana.

La psicoanalista Alexandra Kohan explicó que las actitudes discriminatorias se basan en la ilusión de que el virus solo afecta a los “malos irresponsables” y es un modo de “creerse a salvo, que ‘a mí no me va a pasar’ porque el problema está afuera. Pero lo peor es que si se enferman se dan con un caño a sí mismos, con el mismo garrote que azotaron al otro”, agrega.

Las consecuencias negativas de estas actitudes son sociales, culturales y también sanitarias, ya que dificultan la prevención y tratamiento del mal. Muchos podrían ocultar síntomas y no recurrir al sistema de salud para evitar el bullying y la discriminación, complicando el rastreo temprano de contactos cercanos para contener los brotes y retardando la atención médica.

El distanciamiento físico es compatible con la amabilidad y el cuidado. Hay que informarse por canales oficiales, chequear lo que se recibe y evitar replicar información falsa que alimenta el miedo y conductas irracionales de protección. También ayudar a preservar la identidad e intimidad de los afectados. El estar bien informado permite saber cómo protegerse ante cada situación sin necesidad de maltratar al otro. Ante un brote estamos todos en riesgo y cada uno es responsable de su prevención, pero con empatía y solidaridad, sabiendo que mañana los enfermos podemos ser nosotros o un familiar, y buscando un equilibrio entre lo individual y lo colectivo, ya que las soluciones están en manos de todos.

Como señaló un médico rosarino, “hay distintos niveles de responsabilidad, pero eso no implica que perdamos la humanidad”.


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