» No puedo creer que estemos haciéndola»
El cine nacional exhibe hoy un panorama poco estimulante. 24 películas están demoradas por falta de fondos, algunas con los celuloides enlatados sin compaginar, otras sin el dinero para exhibirlas. Sólo tres filmes están rodándose: "La ciénaga", que Lucía Martel puede concretar con el aporte de capitales extranjeros; "Una noche con Sabrina Love", dirigida por Agresti, con producción del Patagonik Group; y "Sólo por hoy", de Ariel Rotter, producida por la Universidad del Cine (UC), con un presupuesto de 200.000 pesos.
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«Básicamente tenemos que dejarnos de joder con que el estándar del Instituto esté fijado en un millón doscientos mil pesos», comienza afirmando sin vueltas, Ariel Rotter.
«Es un tema de costos, no de gusto personal que indique cuáles filmes sí y cuáles no, pueden filmarse. Vivimos en un país pobre y tenemos que actuar en consecuencia. Por decirlo de alguna manera, nuestra cinematografía fue siempre refugio del delirio de grandeza típicamente argentino. Pisamos una tierra donde mueren muchos chicos de hambre por día y la Capital vive una realidad utópica respecto de lo que debe ser una filmación, con presupuestos insólitos frente a las posibilidades de recuperarlos en el ámbito local. En una peli que hoy supera los quinientos mil pesos, salvo que se trate de un producto estrictamente comercial, es muy difícil recuperar la inversión en el mercado interno.
Salvo Estados Unidos que es una caso aparte, en todo el mundo el cine está subsidiado por el Estado, entendiéndolo como parte de la identidad cultural de un país. Acá estábamos con un Instituto que para subsidiar, fija una media acorde a una nación europea. No tenemos mercado, cantidad de espectadores, medios de distribución aptos para que cualquier realización meta cien mil personas. A veces sucede y en muy pocas, por calidad, y no gracias a la promoción.»
La ciudad es un enorme horno; la sensación térmica, es el centro de las charlas pasajeras. El bar de Salguero al mil quinientos donde Ariel está dirigiendo, es un refugio refrescante. El equipoacaba de terminar el almuerzo, los cuerpos se mueven en cámara lenta, añorando una siestita imposible.
«»Sólo por hoy» no tiene un contenido social de denuncia, de crítica; su línea argumental, su espíritu puede reflejarse en cualquier parte del mundo; lo que sucede a los personajes es claramente identificable con gente de veinti-treintis; no es como «Mundo grúa», «Mala época» o «Pizza, birra y faso» que son claras denuncias sociales.»
Es la opera prima de Ariel Rotter, egresado de la UC hace dos años, su primera exposición pública individual, con ella se va a mostrar y lo van a juzgar. Menudo compromiso que está enfrentando serenamente.
«Si me pongo a pensar en eso, no filmo, porque es muy condicionante. Siempre digo que la condición máxima es personal, sentirme identificado con lo que cuento; encontrar los puntos de contacto con mi sentir acerca del mundo y la existencia. No estoy diciendo que toda aquella presión no exista, sino que el motor es interno. La exposición da cagazo, existe, es inevitable, pero siento que aunque la película llegue a tener muy buena repercusión, no va a ser la parte más importante. Lo mejor será que yo me sienta identificado, aunque sea en un pasaje, que la imagen y la historia, me representan.»
Es la primera vez también que trabaja con actores profesionales, como Mariano Martínez, lo que implica un manejo diferente en la dirección actoral.
«Es distinto sí, pero muy placentero y un desafío para mí. Los hay conocidos, en vías de reconocimiento y no actores. Todos tienen en su individualidad, en su personalidad, en su sentir, la esencia de los personajes que busco. Cuando llegó el momento de seleccionar los ideales para interpretar los papeles, me propuse encontrar personas y no personajes; gente que tenga dentro suyo, parte de los elementos que los roles requieren; esto tanto en el caso de un muy buen actor como Mariano, o en el de un no actor como Federico Esquerro, el hijo de Rulo en «Mundo grúa» (celebrada obra de Pablo Trapero). Federico estudia con nosotros en la UC, pero tiene condiciones, naturalidad y una gracia que lo hace indicado para el personaje que le tocó.»
«Ahora, puedo trabajar con Mariano una escena y hacerle una marcación, él la registra y la hace según hablamos, porque el actor profesional tiene un registro de sensaciones, de indicaciones, de marcaciones, que un no profesional no maneja. Por eso elegí el método de trabajar o repasar escenas con los primeros, y no con los no actores; con ellos juego desde la espontaneidad y si hace falta ensayar, hago una escena cualquiera de modo que no digan las líneas, que no hagan los gestos que espero al filmar. Ailí Chen (protagonista femenina), por ejemplo, nunca actuó y es bastante pudorosa, entonces no le marco porque no tiene la técnica para incorporar y fijar lo gestual y expresivo. Trato de no condicionar al no actor y de darle la mayor cantidad de elementos al actor, pero así como los técnicos de fútbol dicen que en la cancha los merecedores del elogio son los jugadores, acá es igual. Yo puedo ayudar a encontrar la sensación que tendría el personaje, pero si se logra o no, es mérito de ellos.»
«Es mi primera película y todo pasa por la intuición -confiesa Rotter mientras bebe un sorbo de café negro- todavía no puedo creer que estemos haciéndola; vivo en medio de un limbo en el que no termino de entender. Lo cierto es que viene fluyendo de una manera espectacular, muy lindos planos, estoy emocionado con lo que Mariano está dando… Contento. El cine es un trabajo conjunto y la misión del director es hallar en cada plano, en cada personaje, el núcleo, la célula, la esencia de cada escena y siempre apuntando a que esté clara y se transmita de un modo simple. Me gustan los juegos de cámaras, pero lo más importante es la narración y la transmisión de los sentimientos», concluye Ariel. Saluda afectuosamente y ordena cambiar de locación. Otro nuevo set lo espera y se hará noche filmando.
Eduardo Rouillet
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