“No soy ‘Charlie’”
Sin duda que no tiene justificación el atentado terrorista de París y su secuela de asesinatos. Es miserable. Pero que ese juicio tampoco nos arrastre a otros errores de inteligencia. Yo no soy “Charlie”, porque no me gano la vida provocando la violencia y protegiéndome en las leyes constitucionales. Si “Charlie” hubiese tomado a burla a Jesucristo, como lo ha hecho con Mahoma, ciertamente que me hubiera molestado muchísimo. Estoy en contra de la provocación. Si voy a Jerusalén y me pongo a orinar el Muro de los Lamentos, ciertamente que corro el riesgo de que venga un viejito judío y me dé un palazo con el bastón, o un muchachote, una trompada de atrás. Desde antes de que naciera Europa, los occidentales hemos estado agrediendo al islam, que lo digan los Caballeros Teutones o los Templarios. Desde el siglo 1 cuenta Estrabón que había asentamientos judíos en España y eran marginados. Y los judíos son asiáticos, como el islam y los cristianos primitivos. No se puede ser víctima en París y asesino en Afganistán. Y Francia combatió el Eje del Mal, junto a Estados Unidos hasta hace pocos meses. La Dulce Francia de Debussy, Renoir, Verlaine, Ronsard, fue también de Indochina y Argelia. Debussy tocaba el piano, Renoir pintaba. Mis ojos vieron las paredes quemadas por los franceses de la Biblioteca de Argel antes de retirarse para no dejar nada atrás. La culta Francia. Los militares franceses fueron expertos en tortura e interrogatorios de fama internacional. Aprendieron su arte en Vietnam y Argelia. Algunos de ellos vinieron oficialmente a Buenos Aires para entrenar a militares argentinos, en los años de plomo. Como potencia colonial Francia hizo exactamente lo mismo que Bélgica, Estados Unidos, Inglaterra, Holanda, etc. Asesinó, violó, robó, saqueó, lo que no se pudieron llevar lo quemaron. Los hijos o los nietos de aquellos argelinos mataron en París. Curiosa parábola. No sólo el sarcasmo y la incitación a la violencia (la última tapa de “Charlie Hebdo”). La señora viuda de “Charlie” dice: “Mi marido murió por tener un lápiz en la mano”. Pobre señora, está equivocada. Su marido no tenía un lápiz, sino una pala con la que revolvía todo el excremento del sarcasmo antiislámico ante la pasividad de la Francia inteligente, del Ministerio de Cultura, de los biempensantes, que miran para otro lado cuando se provoca a terceros, compran y sostienen la revista xenófoba y no hay una sola palabra pidiendo moderación, tolerancia, convivencia. El fondo último del hombre es sagrado, no digo religioso sino sagrado. De ahí que el holocausto sea abominable. Pero lo es el holocausto de los negros de Estados Unidos, los cinco millones de congoleños que asesinó el rey Leopoldo de Bélgica, Hiroshima, Hanoi, Dresde, Argelia, Afganistán, Irak, etc. Considerar que el asesinato de “Charlie” es una de las bellas artes sería una aberración. No lo es. Pero se debe asumir también que no se puede atacar lo sagrado del hombre, que no es lo mismo que aceptar su fe, en sus diversas formas. Francia no es inocente. Y yo no soy “Charlie”. Hugo Martínez Viademonte, DNI 4.951.463 Ciudad Autónoma de Buenos Aires
Hugo Martínez Viademonte, DNI 4.951.463 Ciudad Autónoma de Buenos Aires
Sin duda que no tiene justificación el atentado terrorista de París y su secuela de asesinatos. Es miserable. Pero que ese juicio tampoco nos arrastre a otros errores de inteligencia. Yo no soy “Charlie”, porque no me gano la vida provocando la violencia y protegiéndome en las leyes constitucionales. Si “Charlie” hubiese tomado a burla a Jesucristo, como lo ha hecho con Mahoma, ciertamente que me hubiera molestado muchísimo. Estoy en contra de la provocación. Si voy a Jerusalén y me pongo a orinar el Muro de los Lamentos, ciertamente que corro el riesgo de que venga un viejito judío y me dé un palazo con el bastón, o un muchachote, una trompada de atrás. Desde antes de que naciera Europa, los occidentales hemos estado agrediendo al islam, que lo digan los Caballeros Teutones o los Templarios. Desde el siglo 1 cuenta Estrabón que había asentamientos judíos en España y eran marginados. Y los judíos son asiáticos, como el islam y los cristianos primitivos. No se puede ser víctima en París y asesino en Afganistán. Y Francia combatió el Eje del Mal, junto a Estados Unidos hasta hace pocos meses. La Dulce Francia de Debussy, Renoir, Verlaine, Ronsard, fue también de Indochina y Argelia. Debussy tocaba el piano, Renoir pintaba. Mis ojos vieron las paredes quemadas por los franceses de la Biblioteca de Argel antes de retirarse para no dejar nada atrás. La culta Francia. Los militares franceses fueron expertos en tortura e interrogatorios de fama internacional. Aprendieron su arte en Vietnam y Argelia. Algunos de ellos vinieron oficialmente a Buenos Aires para entrenar a militares argentinos, en los años de plomo. Como potencia colonial Francia hizo exactamente lo mismo que Bélgica, Estados Unidos, Inglaterra, Holanda, etc. Asesinó, violó, robó, saqueó, lo que no se pudieron llevar lo quemaron. Los hijos o los nietos de aquellos argelinos mataron en París. Curiosa parábola. No sólo el sarcasmo y la incitación a la violencia (la última tapa de “Charlie Hebdo”). La señora viuda de “Charlie” dice: “Mi marido murió por tener un lápiz en la mano”. Pobre señora, está equivocada. Su marido no tenía un lápiz, sino una pala con la que revolvía todo el excremento del sarcasmo antiislámico ante la pasividad de la Francia inteligente, del Ministerio de Cultura, de los biempensantes, que miran para otro lado cuando se provoca a terceros, compran y sostienen la revista xenófoba y no hay una sola palabra pidiendo moderación, tolerancia, convivencia. El fondo último del hombre es sagrado, no digo religioso sino sagrado. De ahí que el holocausto sea abominable. Pero lo es el holocausto de los negros de Estados Unidos, los cinco millones de congoleños que asesinó el rey Leopoldo de Bélgica, Hiroshima, Hanoi, Dresde, Argelia, Afganistán, Irak, etc. Considerar que el asesinato de “Charlie” es una de las bellas artes sería una aberración. No lo es. Pero se debe asumir también que no se puede atacar lo sagrado del hombre, que no es lo mismo que aceptar su fe, en sus diversas formas. Francia no es inocente. Y yo no soy “Charlie”. Hugo Martínez Viademonte, DNI 4.951.463 Ciudad Autónoma de Buenos Aires
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