“Novelé a Evita metiéndome en su piel”
Con acierto se dice en la contratapa que con su libro sobreEva Perón, Marcos Aguinis demuestra que desde la literatura siempre está dispuesto a “subir apuestas”, ya que su novela emerge destinada a generar debate.
entrevista: A Marcos Aguinis, escritor. Autor de “La furia de Evita”
CARLOS TORRENGO
carlostorrengo@hotmail.com
— ¿Cómo es eso de que Evita tenía ganas de hablar, que usted ha dicho?
— Sí, sí… es la forma en que reflexiono la razón, la motivación que me alentó a hacer el libro, que me había sido sugerido por mi propio agente literario. Pero yo estaba convencido de que Eva ya no era tema, que había mucho escrito tanto desde la ficción como desde la historia. Sin embargo, a juzgar por la realidad concreta, evidentemente tampoco estaba muy convencido de esto porque finalmente encaré el libro. Y lo hice pensando desde ella, desde ella enojada por la forma, las formas en que ella venía siendo “escrita”, digámoslo de esa forma…
— ¿ “Ahora yo”?
— Puede asumirse así, sí. Enojada de que se hable y hable de mí. Ella se cruza en todo ese continente de palabras y dice: “Ahora hablo yo”.
— El “ahora yo” le resolvió a usted la razón del libro. ¿Qué otra cuestión le resolvió?
— Que tenía que hablar Eva, en primera persona.
— ¿Método muy exigente?
— Me apasionan las exigencias que nos plantea el escribir. Cada libro las tiene e implican ir, venir, reflexionar sin dejar que se escape, sin olvidarse que nos espera un lector. No como obligación, sí como destino de lo que uno escribe, aunque el acto de escribir también es muy propio… es el goce, la pasión…
— ¿En “La furia de Evita” se vuelve a repetir lo que usted alguna vez dijo que le resultaba interesante al hacer literatura: el viaje interior de los personajes?
— Ese viaje está de lleno, presencia permanente en mi Evita. Viaje interior en tanto a personajes que mudan de cara a las circunstancias que les toca a modo de sus historias personales y no tanto, el crecimiento o no que se da en ese viaje… las mudanzas de visiones o la permanencia inalterable de otras… Siempre la literatura está muy personalizada, en el sentido de que pivotea en uno o pocos personajes como vertebrales, para el caso de esta novela. Es un viaje y viaje. Que en todo caso es la vida, el viaje por la vida.
— ¿Desde esta perspectiva, su ya muy veterano “Crónica de un palestino” es el que más expresa ese viaje, entre sus libros?
— Lo expresa tajantemente, pero no necesariamente es el que más expresa ese viaje. Todas mis novelas tienen viajes. En “La gesta del marrano” el viaje es muy nítido. Lo que sucede con “Crónica de un palestino” es que el tema es la mudanza que tiene el odio, que está acumulado en el personaje central; los prejuicios, el desprecio a los judíos. Toda una estructura de ideas, imaginarios, etcétera, que se muelen cuando él comienza a conocer a gentes de otros pueblos, incluso judíos, que han sufrido como él… el viaje, el viaje que lo cambia.
— ¿Cómo fue trabajar el libro desde Eva?
— Me metí en ella, claro. Me acerqué lo más que pude a su piel. La conocía bien, la había estudiado. Eva, además, para odiarla o para amarla, siempre es una materia de opinión, de reflexión para los argentinos. Tiene mucha centralidad en la historia, en la vida del país. Me interesó la mujer cuya vida esta signada por mucho extremo. Los extremos en que se crió, la pobreza, la marginalidad afectiva… el ir rumbo a la adolescencia muy sola desde lo afectivo y, sin embargo, acunar sueños, el salir de esos lugares. Yo siempre tuve en claro que trabajaba literariamente a una mujer compleja, un mito… y en Argentina los mitos, bueno… tienen sello muy fuerte. En el caso de Eva, hay millones de argentinos que tienen muy formateado el mito sobre ella.
— Usted, hace muchos años, sostuvo que la parábola que lleva al mito requiere que éste termine mal su existencia. ¿Es el caso de Eva con su muerte a los 33 años?
— Sí. Por eso incluso a quienes la amaron e incluso la sufrieron en sus…
— ¿Tempestades?
— Furia, furia… se identificaron con ella por cosas muy concretas, pero también por el sitio al que llegó: el poder, los honores, las joyas… las luces del poder, digamos. Todas cuestiones que fortalecieron el lazo entre Eva y quienes la amaron y la lloraron. ¿Por qué? Porque sintieron que era de ellos, que era su representante.
— Hay infinidad de tramos de su novela que la muestran, si no en toda la novela, abierta, muy natural en el manejo de su falta de formación, por ejemplo. No disimula las precariedades de sus saberes. La escena, por caso, en el viaje de ella a París, Alberto Dodero le dice que hay que visitar un cabaret y ella se niega y reflexiona sobre Toulouse Lautrec. ¿Qué fue ficcionar a Eva desde esas partes de su personalidad?
— Humanizarla… colocarla en estado puro, como fue: sin temor a decir lo que pensaba, descarnada. Con enojos que hacían temblar, con furia, con sus absolutos, sus desprecios, con sus entregas…Yo la novelé, pero en base a todo lo que la hizo mito.
— ¿Cómo cree que se reparten los sentimientos de los peronistas en relación a Eva y a Perón? El historiador americano Page sostiene que ella no tiene cuentas abiertas con el peronismo.
— Creo que es así… Sí, sí, ella está muy adentro de lo permanente del peronismo, que a su vez la busca para recordar un pasado que es historia.
—Es posible que, en tanto de lo que se ha escrito sobre Eva desde el campo de la ficción, nunca nadie la había hecho hablar a ella desde adentro del cajón. Sin embargo, no hay nada escabroso en cómo trata el tema. No hay necrofilia mal usada. ¿Sigue creyendo que cierta pasión por la necrofilia que hay en el país es heredera de la España negra?
— Sí, pero ha dejado de ser un rasgo dominante en gran parte de nuestra cultura. Pero sí, El Escorial es un depósito de cadáveres, aun admitiendo que es una obra deslumbrante…