“Nuestra compañía los fortalece y no se sienten solos y desamparados”

Redacción

Por Redacción

¡Que Dios me inspire para que este relato sea justo y ameno! ¡Grato es a mi espíritu!, digo bien, grato porque hace ya mucho tiempo que quería escribir algo de lo bueno que tiene la vida. No todos son errores y malicia, hay mucha más gente de la que pensamos que da su amor al prójimo sin pedir ninguna devolución. Eso es el amor: entrega sin reintegro… Éste es el caso de este grupo que hoy presento, el cual llega a estas páginas por relatos de quienes dan a conocer sus obras de amor, luego de mucha insistencia para publicarlo. Las personas que conforman esta primera ayuda son Paula Alessandro y Sandra Pamich. Una de ellas recibió el mensaje no terrenal de tender su mano a los alcohólicos, en situación de calle, y fue a raíz de ello que convocaron a sumarse a partir de septiembre del 2008, a través de la radio y vía mail. A la cita asistieron de ocho a diez personas y en ese momento comenzaron a trabajar… Fue difícil acercarse al grupo al que querían ayudar. Y pensar que lo único que los convocaría a reunirse sería la comida, pero ¿quién cocinaría, cómo conseguirían alimentos? En primera instancia colaboraron con donaciones “La vieja esquina”, “La nona”, “El tenedor”, “La barra”, etc. y otros, a quienes desde este espacio agradecemos esta generosidad. La comisión también aportó su trabajo, dos señoras del grupo preparaba la comida en tremendas ollas en la cocina de una de ellas y se iban turnando. El menú había que prepararlo… pero como buenas amas de casa conocían las comidas sabrosas y con abundantes vitaminas. Una vez lista, la llevaban en el baúl de un coche y en la pista de hielo, en la intersección de las calles Pérez y Tres de Caballería, se juntaban y ahí mismo se repartía la comida, para asombro de los beneficiados. Esto se hizo en ese lugar durante un año, con días de calor, lluvia, viento y nieve. Los vecinos de la pista de hielo no apoyaron que siguiera siendo el sitio de reunión, así que este grupo tuvo que retirarse. La municipalidad tomó conciencia de que este grupo existía y dio un espacio en calle Rohde, en el comedor Pili Frugoni, para prepararles la comida. Además, se les habilitó un baño donde pueden higienizarse. Luego recibieron la donación de un lavarropas usado, en buenas condiciones, donde las mismas voluntarias lavan la ropa de los beneficiarios. Este comedor municipal pone los alimentos y funciona los días laborables, de 12 a 13, y los feriados quedan a cargo de las voluntarias la preparación de la comida y la atención del comedor. Anteriormente a la medida tomada por la municipalidad, en la iglesia adventista, su pastor Manuel González les había cedido al grupo un baño para que se higienizaran y a un beneficiario que se quedara un tiempo a dormir en esa propiedad. Las reuniones de las voluntarias se hacían ahí, también los cumpleaños de los indigentes, Navidad, Año Nuevo, etc. Es justo mencionar a la familia del señor Federico Koessler, que ayudó durante un año en su casa a un amigo alcohólico, dándole cariño, protección y comida. ¡Muchas gracias a la esposa de Federico que colaboró ampliamente en todo! Me comentó Susana Bardi, presidenta de la comisión, que este grupo que se ha formado se llama “Nuestros Amigos” y se está tramitando la personería jurídica para formar una ONG. La gente a la que se ayuda tiene carencias afectivas, maltratos, violencia familiar, etc. Son muchos los logros obtenidos: tienen el elemento material, espiritual, acompañamiento y en la mesa se sienten como en familia, naciendo un mutuo afecto. Esta tarea no termina ahí, además se los acompaña al control de salud, a realizar trámites, a gestionar documentos. Nuestra compañía los fortalece y no se sienten solos y desamparados. El grupo de voluntarios siempre está completo y cuando por razones de trabajo o residencia alguno se retira, Dios nos manda enseguida un reemplazante. “Si bien la tarea es desgastante y los resultados no son siempre los esperados, porque les resulta difícil salir de la adicción, nos sentimos totalmente orgullosas de hacer este servicio, ya que se recibe mucho más de lo que se da. Dios nos privilegia al darnos este camino”. Éstas son las palabras de Susana. Deseo agregar que se reciben donaciones de ropa, zapatos, ropa interior y medias de hombre. Cuando tuve conocimiento de este grupo, pensé enseguida que no tenía que permanecer oculto, pues es una obra de amor que conmueve al corazón y al alma. El voluntariado está integrado por personas que ofrecen su amor, dedicación, tiempo, sin esperar recompensa. Si nos ponemos a pensar, ¿cuántos de nosotros podríamos integrar ese grupo?, ¿muchos?, ¿pocos? En lo profundo de nuestro corazón creo que siempre se mantiene una luz encendida que alguna vez nos guiará a esa generosidad. ¿Será hoy, mañana o un día en que ya estaremos preparados para amar al prójimo sin reservas? Para mí es un deber mencionar a todos los que forman este grupo que trabaja actualmente: Sandra Pamich, Ester Adin, Ricardo Verra, Virginia Lanusse, Nora Costoya, Mónica West, Leo Monkes, Carlos Fabi, José Ortiz, Moni Carbone, Andrés Fernández, Mónica de la Fuente, Susana Bardi y Gladys Peña. Estoy conmovida por todo lo que ustedes, voluntarias, dan, por vuestra generosidad y amor al prójimo. Le pido disculpas a toda la comisión porque tal vez no he sido lo suficientemente explícita en mi relato. Gracias por todo lo que hacen y les deseo el mayor de los éxitos en esta gestión. Elba Hassler, DNI 9.736.556 San Martín de los Andes

Elba Hassler, DNI 9.736.556 San Martín de los Andes


¡Que Dios me inspire para que este relato sea justo y ameno! ¡Grato es a mi espíritu!, digo bien, grato porque hace ya mucho tiempo que quería escribir algo de lo bueno que tiene la vida. No todos son errores y malicia, hay mucha más gente de la que pensamos que da su amor al prójimo sin pedir ninguna devolución. Eso es el amor: entrega sin reintegro... Éste es el caso de este grupo que hoy presento, el cual llega a estas páginas por relatos de quienes dan a conocer sus obras de amor, luego de mucha insistencia para publicarlo. Las personas que conforman esta primera ayuda son Paula Alessandro y Sandra Pamich. Una de ellas recibió el mensaje no terrenal de tender su mano a los alcohólicos, en situación de calle, y fue a raíz de ello que convocaron a sumarse a partir de septiembre del 2008, a través de la radio y vía mail. A la cita asistieron de ocho a diez personas y en ese momento comenzaron a trabajar... Fue difícil acercarse al grupo al que querían ayudar. Y pensar que lo único que los convocaría a reunirse sería la comida, pero ¿quién cocinaría, cómo conseguirían alimentos? En primera instancia colaboraron con donaciones “La vieja esquina”, “La nona”, “El tenedor”, “La barra”, etc. y otros, a quienes desde este espacio agradecemos esta generosidad. La comisión también aportó su trabajo, dos señoras del grupo preparaba la comida en tremendas ollas en la cocina de una de ellas y se iban turnando. El menú había que prepararlo... pero como buenas amas de casa conocían las comidas sabrosas y con abundantes vitaminas. Una vez lista, la llevaban en el baúl de un coche y en la pista de hielo, en la intersección de las calles Pérez y Tres de Caballería, se juntaban y ahí mismo se repartía la comida, para asombro de los beneficiados. Esto se hizo en ese lugar durante un año, con días de calor, lluvia, viento y nieve. Los vecinos de la pista de hielo no apoyaron que siguiera siendo el sitio de reunión, así que este grupo tuvo que retirarse. La municipalidad tomó conciencia de que este grupo existía y dio un espacio en calle Rohde, en el comedor Pili Frugoni, para prepararles la comida. Además, se les habilitó un baño donde pueden higienizarse. Luego recibieron la donación de un lavarropas usado, en buenas condiciones, donde las mismas voluntarias lavan la ropa de los beneficiarios. Este comedor municipal pone los alimentos y funciona los días laborables, de 12 a 13, y los feriados quedan a cargo de las voluntarias la preparación de la comida y la atención del comedor. Anteriormente a la medida tomada por la municipalidad, en la iglesia adventista, su pastor Manuel González les había cedido al grupo un baño para que se higienizaran y a un beneficiario que se quedara un tiempo a dormir en esa propiedad. Las reuniones de las voluntarias se hacían ahí, también los cumpleaños de los indigentes, Navidad, Año Nuevo, etc. Es justo mencionar a la familia del señor Federico Koessler, que ayudó durante un año en su casa a un amigo alcohólico, dándole cariño, protección y comida. ¡Muchas gracias a la esposa de Federico que colaboró ampliamente en todo! Me comentó Susana Bardi, presidenta de la comisión, que este grupo que se ha formado se llama “Nuestros Amigos” y se está tramitando la personería jurídica para formar una ONG. La gente a la que se ayuda tiene carencias afectivas, maltratos, violencia familiar, etc. Son muchos los logros obtenidos: tienen el elemento material, espiritual, acompañamiento y en la mesa se sienten como en familia, naciendo un mutuo afecto. Esta tarea no termina ahí, además se los acompaña al control de salud, a realizar trámites, a gestionar documentos. Nuestra compañía los fortalece y no se sienten solos y desamparados. El grupo de voluntarios siempre está completo y cuando por razones de trabajo o residencia alguno se retira, Dios nos manda enseguida un reemplazante. “Si bien la tarea es desgastante y los resultados no son siempre los esperados, porque les resulta difícil salir de la adicción, nos sentimos totalmente orgullosas de hacer este servicio, ya que se recibe mucho más de lo que se da. Dios nos privilegia al darnos este camino”. Éstas son las palabras de Susana. Deseo agregar que se reciben donaciones de ropa, zapatos, ropa interior y medias de hombre. Cuando tuve conocimiento de este grupo, pensé enseguida que no tenía que permanecer oculto, pues es una obra de amor que conmueve al corazón y al alma. El voluntariado está integrado por personas que ofrecen su amor, dedicación, tiempo, sin esperar recompensa. Si nos ponemos a pensar, ¿cuántos de nosotros podríamos integrar ese grupo?, ¿muchos?, ¿pocos? En lo profundo de nuestro corazón creo que siempre se mantiene una luz encendida que alguna vez nos guiará a esa generosidad. ¿Será hoy, mañana o un día en que ya estaremos preparados para amar al prójimo sin reservas? Para mí es un deber mencionar a todos los que forman este grupo que trabaja actualmente: Sandra Pamich, Ester Adin, Ricardo Verra, Virginia Lanusse, Nora Costoya, Mónica West, Leo Monkes, Carlos Fabi, José Ortiz, Moni Carbone, Andrés Fernández, Mónica de la Fuente, Susana Bardi y Gladys Peña. Estoy conmovida por todo lo que ustedes, voluntarias, dan, por vuestra generosidad y amor al prójimo. Le pido disculpas a toda la comisión porque tal vez no he sido lo suficientemente explícita en mi relato. Gracias por todo lo que hacen y les deseo el mayor de los éxitos en esta gestión. Elba Hassler, DNI 9.736.556 San Martín de los Andes

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