Nuevo juez de la “masacre del laboratorio” ordena crear banco de huellas

Redacción

Por Redacción

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CIPOLLETTI (AC).- El juez de instrucción de Roca Maximiliano Camarda, quien ahora tiene la causa por la llamada “masacre del laboratorio” de Cipolletti, envió un oficio a la secretaría de Seguridad y Justicia de Río Negro y solicitó que se arbitren los medios necesarios para la creación de un banco de huellas palmares de toda la población carcelaria. Con esta medida intentarán encontrar al hombre que huyó con una botella de ácido en la mano y que se cruzó en bicicleta con al menos dos testigos después del triple asesinato. Ese sujeto nunca fue identificado pero dejó su rastro en el lugar donde se cometió el hecho. David Sandoval fue primero absuelto y luego condenado por los asesinatos de Mónica García (bioquímica), Carmen Marcovecchio (psicóloga) y Alejandra Carbajales (paciente). El caso llegó a la Corte Suprema, que ordenó anular las actuaciones sobre la base del principio de que nadie puede ser juzgado dos veces por un mismo hecho. Una huella de Sandoval apareció en el laboratorio pero la Justicia ya no puede volver a procesarlo. Se sabe que fueron dos los autores y la huella palmar de uno de ellos fue encontrada en una mesada. Es por eso que Ricardo Cejas, uno de los viudos, se constituyó en querellante para impulsar de nuevo la investigación. Su abogado Marcelo Hertzriken Velasco mantuvo primero un encuentro con el nuevo juez de la causa y después le presentó un pedido para la creación del banco de huellas, reclamado desde hace años. Según informó el abogado, exhibiendo el oficio correspondiente, Camarda le envió a la secretaría de Seguridad la orden de crear el banco de huellas. En el mismo escrito el magistrado solicita a título de colaboración la toma de una muestra similar en las unidades penitenciarias de Neuquén. La masacre ocurrió el 23 de mayo del 2002 en un laboratorio de análisis clínicos del centro de Cipolletti. Las personas que ingresaron golpearon, acuchillaron, dispararon con un arma de fuego y rociaron con ácido a cuatro mujeres, de las que sólo una sobrevivió. Uno de los criminales cruzó un par de palabras con la hija de una de las víctimas, escapó en bicicleta y casi fue arrollado por un auto.


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