Opinión publicada

Los invitamos a leer los artículos de “Un gobierno con dos presidentes interinos”, de Joaquín Morales Solá, y “El populismo patológico del país”, por Daniel Gustavo Montamat.



Para Joaquín Morales Sola, en La Nación, Cristina Kirchner “fue edificando un gabinete que depende exclusivamente de ella. Es ella o la parálisis. Todo el sistema del poder gira alrededor de la Presidenta. Esa manera de gobernar la colocó en una centralidad política con pocos antecedentes en la historia. Los líderes parlamentarios del oficialismo, por ejemplo, carecen de iniciativa propia. La iniciativa es de la Presidenta. El Gobierno intentó trasladar el método a la Justicia para conducir los tiempos y las decisiones de los jueces. Lo consiguió muchas veces, aunque con notables excepciones. Nadie puede negar que el sistema le sirvió a Cristina Kirchner para construir una monumental maquinaria de poder, que conduce ella casi en absoluta soledad. Chocó sólo con el último domingo de elecciones, en las primarias de agosto, cuando ya no decidía el poder, sino la gente común. Pero volvió a tropezar el sábado con otro obstáculo indomable: la salud.Aquél método de exacerbado centralismo dejó de ser benéfico para sus intereses políticos y se está convirtiendo en un escollo para sus intereses personales. Cristina Kirchner se encontró, al final del día, con los límites físicos que tiene cualquier ser humano”. Para leer el artículo completo, hacé clic.

Daniel Gustavo Montamat en La Nación considera que “el populismo argentino es patológico (tomando en cuenta la evolución social y la experiencia comparada) porque, pese a sus recurrentes fracasos, persiste como un fenómeno social dominante, que de lejos se desvía del tipo medio de normalidad asociado a otras sociedades semejantes de la región y del mundo. Nuestra desmesura populista devino un fenómeno patológico por factores institucionales y económicos que lo retroalimentan. Desde 1983 hemos recuperado la democracia, pero seguimos teniendo una deuda con la República. Frente a las crisis cíclicas, ya no hay lugar para turnos militares, pero persiste la inclinación social a la búsqueda de un caudillo que ordene la situación ejerciendo un poder concentrado y sin controles. Esta inercia social es funcional a la vocación autoritaria de desequilibrar el funcionamiento de los poderes del Estado, paralizar a los partidos políticos y silenciar a la prensa independiente. La democracia “delegativa” resultante es simbiótica con el uso discrecional de los recursos públicos y con la apropiación del Estado por el gobierno. Aquello de que “el peronismo asegura gobernabilidad”, sentencia que propalan más los independientes que los propios peronistas, explicita la resignación del inconsciente colectivo a convivir con una democracia plebiscitaria, empática al populismo, pero distante de la democracia republicana de la alternancia y de los consensos”. Para leer el artículo completo, hacé clic.


Comentarios


Opinión publicada