El precio del futuro

El acuerdo entre Neuquén e YPF para desarrollar cinco bloques gasíferos destinados a exportar Gas Natural Licuado abrió una discusión que excede los porcentajes de regalías. La inversión proyectada ronda los 25.000 millones de dólares y vuelve a plantear una pregunta histórica: cuánto debe quedarse la provincia por sus recursos y cuánto debe ceder para atraer inversiones.

Por Mario Rojas

Claudio Larraza es el intendente de Plaza Huincul (gentileza Municipalidad de Plaza Huincul)

Claudio Larraza es el intendente de Plaza Huincul (gentileza Municipalidad de Plaza Huincul)

Treinta años después de la pueblada que marcó a fuego a Cutral Co y Plaza Huincul tras la privatización de YPF, la comarca petrolera vuelve a ubicarse en el centro de una decisión estratégica para el futuro energético de la provincia. El proyecto de Gas Natural Licuado (GNL) que impulsa Neuquén junto con YPF promete una transformación económica de escala global, pero también abrió una intensa discusión política sobre la distribución de la renta hidrocarburífera.

La iniciativa prevé desarrollar cinco bloques gasíferos ubicados al norte de Cutral Co y Plaza Huincul para abastecer un sistema de exportación que llevará el gas hasta la costa rionegrina, donde será procesado y embarcado hacia mercados internacionales. La magnitud del emprendimiento, valuado en unos 25.000 millones de dólares, lo convierte en uno de los proyectos más ambiciosos de la historia reciente de la Patagonia.

El principal punto de debate gira en torno al esquema de regalías acordado entre la provincia e YPF. El convenio establece una alícuota variable del 12% cuando el precio internacional supere los 20 dólares por millón de BTU, del 10% cuando oscile entre 16 y 20 dólares y del 7,5% cuando se ubique por debajo de ese valor.


Las críticas y la discusión política

Los cuestionamientos llegaron principalmente desde sectores del peronismo kirchnerista, encabezados por el exsecretario de Energía Darío Martínez. La crítica central apunta a que la provincia resigna ingresos en favor de compañías que, por su dimensión económica, no necesitarían incentivos adicionales para invertir.

A esa postura se sumaron organizaciones sindicales estatales, que consideran contradictorio reducir la participación provincial en la renta de los hidrocarburos mientras persisten demandas en áreas sensibles como educación, salud e infraestructura. El planteo encuentra eco en una parte de la opinión pública que observa con cautela cualquier reducción de ingresos para el Estado.

Sin embargo, desde el gobierno provincial sostienen que la discusión no puede limitarse al porcentaje de regalías. La administración de Rolando Figueroa argumenta que el desafío consiste en generar condiciones competitivas para atraer inversiones privadas capaces de financiar un desarrollo de largo plazo.


La otra cara de la renta petrolera

Durante la defensa pública del acuerdo, el gobernador puso el foco en la distribución efectiva de los recursos que genera la actividad hidrocarburífera. Según explicó, las regalías se calculan luego de descontar las retenciones a las exportaciones, tributo que queda íntegramente en manos del Estado nacional.

A ello se suman los impuestos nacionales que gravan la actividad económica y que representan una porción sustancial de la renta generada por Vaca Muerta. Parte de esos fondos regresa a las provincias a través de la coparticipación federal, aunque Neuquén recibe una participación reducida dentro del esquema nacional de reparto.

La discusión adquiere relevancia en un contexto donde el propio debate fiscal argentino muestra una fuerte concentración de recursos en la Nación. Los principales tributos nacionales explican la mayor parte de la recaudación del país, mientras provincias y municipios participan de manera mucho más limitada en la distribución de esos ingresos.


El desafío de transformar recursos en desarrollo

La discusión sobre el GNL trasciende los tecnicismos fiscales y se conecta con una cuestión de fondo: cómo convertir la riqueza energética en crecimiento económico sostenible. El desafío no consiste únicamente en producir más gas, sino en garantizar que los beneficios lleguen a las comunidades donde se genera esa riqueza.

En ese sentido, Cutral Co y Plaza Huincul representan mucho más que una referencia geográfica dentro del proyecto. Las ciudades que hace tres décadas padecieron el impacto social de la privatización de YPF observan ahora la posibilidad de convertirse nuevamente en protagonistas de una etapa de expansión energética.

El debate legislativo que se avecina será, en definitiva, una discusión sobre el futuro. La pregunta que atraviesa la polémica no es solamente cuánto recibirá Neuquén en concepto de regalías, sino de qué manera la provincia aprovechará una oportunidad histórica para transformar sus recursos naturales en empleo, infraestructura y desarrollo para las próximas generaciones.


Treinta años después de la pueblada que marcó a fuego a Cutral Co y Plaza Huincul tras la privatización de YPF, la comarca petrolera vuelve a ubicarse en el centro de una decisión estratégica para el futuro energético de la provincia. El proyecto de Gas Natural Licuado (GNL) que impulsa Neuquén junto con YPF promete una transformación económica de escala global, pero también abrió una intensa discusión política sobre la distribución de la renta hidrocarburífera.

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