El superávit de Rolo y la crisis que llega

Neuquén no son solamente los empleados provinciales y eso se vio esta semana con los despidos que ocurrieron en el híper Chango Mas. Ya quisiera Figueroa que la Legislatura funcionara como en Río Negro: Weretilneck envió los peajes casi un mes más tarde y ya los tiene aprobados.

Las imágenes de conflicto que trajo Misiones en los últimos días, con docentes y policías en las calles y tomando edificios públicos para reclamar incrementos salariales, es acaso un pantallazo de lo que puede llegar a venir por la retirada del gobierno nacional en medio de una fuerte crisis económica.

La administración de Javier Milei recortó en un 20% real las transferencias automáticas a las provincias (coparticipación y leyes especiales) en el primer cuatrimestre y en un 84% las no automáticas. Son las que al presidente le gusta llamar la caja de los gobernadores aunque, en su mayoría, son partidas para hospitales, educación (como lo era el Fonid), infraestructura y equipamiento.

No es que haya una preocupación inmediata de un estallido de protestas para Neuquén, cuyos estatales están contenidos con acuerdos anuales que les garantizan actualizaciones atadas a la inflación. Figueroa cerró su primer trimestre con superávit financiero sostenido por las regalías de Vaca Muerta y achicando partidas que no fueron justamente las salariales.

Pero Neuquén no son solamente los empleados provinciales y eso se vio esta semana con los despidos en el hipermercado Chango Mas, un coletazo de lo que se repitió en varias sucursales del país. Se suman a las desvinculaciones en organismos nacionales que dejaron o dejarán vacías varias oficinas del interior, como las de Correo Argentino.

Los problemas están, falta ver aún hasta dónde llegan.

El gobernador, por ahora, sigue enfocado en reactivar obra pública, principalmente en rutas, algo que seguramente entusiasmará más a los neuquinos que el sobrevendido plan de regionalización. El jueves confirmó que la CAF, un organismo multilateral de crédito, le autorizó financiamiento por 237 millones de dólares de los cuales 100 millones usará este año. La mitad de esos fondos los destinará al pavimento del tramo Rahue de la Ruta 23 y al de Mamuil Malal.

Esta semana seguramente avanzará la ley de peajes que presentó en la Legislatura para cobrarle al tránsito pesado en cuatro rutas del circuito petrolero. Ya quisiera Figueroa que la de Neuquén funcionara como en Río Negro: su par Alberto Weretilneck envió su proyecto a los diputados casi un mes más tarde y ya lo tiene aprobado.

Del lado rionegrino también tienen sancionada la ley de canon de agua para cobrarle a las concesionarias hidroeléctricas, proyecto que van a apurar en los próximos días los legisladores neuquinos para llevarlo a sesión.

Eso sí, que haya salido antes la propuesta de Weretilneck no quiere decir que fue mejor. La ley fijó el valor de cobro atado a la tarifa eléctrica, mientras que en Neuquén se definió un monto por metro cúbico de agua turbinado. Las proyecciones indican que Río Negro podría recaudar 5 millones de dólares al año frente a más de 15.000 millones que podrían ingresar de este lado del puente.

Más allá de esas diferencias, los gobernadores de ambas provincias van en espejo con sus iniciativas como pocas veces se dio.

Esta semana también presentaron a Vialidad Nacional su propuesta para el traspaso de las rutas 22, 231, 242 y 151, en los tramos que recorren sus territorios, para ocuparse de su administración y mantenimiento. Esas vías también estarían incluidas en el futuro régimen de peajes.

Durante la discusión del proyecto el martes, el diputado Guillermo Monzani, exsecretario de Obras Públicas de “Pechi” Quiroga, consideró que no va a ser más que “una curita”, porque el volumen de tránsito que circula por esas vías “a gatas” llega a 16.000 vehículos diarios. Apuntó que es algo que sirve en autopistas como las de Buenos Aires.

¿Es un acierto o un error la jugada de los gobernadores? Entre los cero pesos que está dispuesto a poner el gobierno de Milei y lo poco que puedan aportar Figueroa y Weretilneck, la preferencia parece clara. Pero el resultado, como en los 90, apunta a provincias cada vez con más responsabilidades, cada vez con menos plata.


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