La derrota de Lula es un hecho
El ascenso de Flavio Bolsonaro en las últimas encuestas es de hecho una pérdida para el bloque de poder consolidado detrás del actual presidente de Brasil. Los malestares estructurales subsisten.

Brasil, entre el orden y el regreso.
1. Las elites “de la democracia” erosionan la democracia
Lula es el candidato favorito con apoyo transversal para mantener su presidencia en Brasil. Flávio Bolsonaro, hijo de Jair Bolsonaro, compite con cierto viento en contra pero su base social parece resistir. Su ascenso en las encuestas demuestra que las elites detrás del gobierno de Lula fracasaron en escuchar y tratar malestares estructurales. Esos malestares que tanto en América Latina como en el mundo la derecha transforma en votos.
La relativa fortaleza de Bolsonaro es por sí mismo una derrota de las elites brasileñas. Son las elites brasileñas las que son responsables de esta coyuntura polarizada que ellas incentivaron y provocaron. A cierto hartazgo político que es transnacional, la complejidad de un país realmente federal y las heridas cruzadas de los últimos diez años en la política autóctona de Brasil crean las condiciones para un resultado abierto.
Después de todo un complejo proceso político y judicial, la vitalidad del bolsonarismo habla de la persistencia de fuerzas sociales que resisten la nueva hegemonía más allá de sus beneficios económicos.
La intervención de Trump puede ayudar a Lula. Sucedió en México 2018 y en Canadá en el 2025. Después de los dichos de campaña de Trump sobre los mexicanos eso favoreció a López Obrador a ganar su presidencia. El año pasado cuando comenzó hablar de su plan de “anexar Canadá” eso fortaleció categóricamente a Mark Carney, actual Primer Ministro canadiense.
El golpe constitucional de Dilma en 2016 y las traiciones cruzadas en el corazón de su elite gobernante ese año fueron la causa. La presidencia de Jair Bolsonaro (2019-2023), su consecuencia. Diez años después la situación empeoró. Parte del oficialismo se puso en un Estado de superioridad moral ante un contexto apocalíptico de desesperanza colectiva que la derecha distópica escucha y sintoniza de cerca en el barro de las emociones negativas, con contención religiosa y presencia en la base social. La izquierda identitaria cultiva, genera los traumas, resentimientos, miedos y malestares que la derecha cosecha con votos.
En nuestras tierras, el gobierno de Milei es otra consecuencia. Las elites de los cuarenta años de democracia son la causa de Milei. La inefectividad de la oposición, su subordinación a los planes oficialistas, su colaboración pública o privada, su incapacidad para frenar sus iniciativas lo demuestran. Milei es un síntoma de los problemas estructurales que van más allá del Presidente y no se irán ante su partida. Milei no es la fuente de los problemas que nos llevaron a donde estamos aunque pueda servir de chivo expiatorio, lo que promete más problemas.
Otro que sufrirá una derrota será Trump. Su derrota electoral en Noviembre quizás se deba a su propia torpeza estratégica y económica, más que a la sólida alternativa demócrata. Sin embargo, esa derrota no le quitará la iniciativa presidencial, sus golpes de efectos, no le impedirá un cambio de régimen político a mitad de su mandato. Mucho está por suceder en el plano internacional. La cuestión Malvinas lo demuestra.
2. Las elites generan sus propias contraelites
Eso aplica a Trump, Bolsonaro o Milei. Fue Hillary Clinton la que subestimó y decidió polarizar con Trump como estrategia. Fueron las elites demócratas detrás de Biden las que hicieron todo para facilitarle la vuelta a un Trump recargado. Es la clase gobernante argentina la que primero subestimó, después colaboró y ahora parece hasta interesada en la reelección de Milei.
La exclusión de Lula del proceso político fue una decisión de la elite política y judicial brasileña. Ellas facilitaron la llegada de Jair Bolsonaro en 2019. Hoy su postura es bien diferente pero los malestares que hablan en el bolsonarismo subsisten y hasta prometen empeorar.
Lula puede ganar la elección y mantener la nueva hegemonía fortalecida. Sin embargo, la transformación de su pueblo parece profunda. Una mutación que la sociedad argentina también está sufriendo con dolor en el cuerpo. Las elites parecen no estar a la altura de los desafíos existenciales de sus sociedades.
En caso contrario, si se consolida un bloque continental de nuevas derechas que incluya a Brasil, estaremos ante una encrucijada que las abandónicas clases dirigentes no quisieron evitar. Las elites burocráticas “de la democracia” son las que estuvieron erosionando sostenidamente a la propia democracia.
* Abogado y Profesor de Derecho Constitucional.
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