La gobernabilidad condicionada
El provincialismo consolida su autonomía económica y política en un país fragmentado, donde los liderazgos reconfiguran el mapa del poder nacional. Neuquén pretende ser un centro de poder propio, apoyado en Vaca Muerta, la obra pública provincial y una estrategia de equilibrio frente a la Nación.
La reciente configuración política de la Argentina confirma lo que Luis Karamaneff e Iván Jacobsohn, doctores en Ciencia Política, definen como un “archipiélago de gobernabilidad condicionada”, en el que la Nación depende cada vez más de las negociaciones con provincias que construyeron su propio andamiaje institucional y económico.
Lo que se arriesga en la legislativa
Neuquén aparece como un caso paradigmático: un territorio que, al amparo de la renta hidrocarburífera, desarrolló autonomía política y financiera.
El provincialismo neuquino, sintetizado en la alianza La Neuquinidad, que conduce Rolando Figueroa, representa una expresión concreta de los “múltiples centros de poder” descriptos por los autores citados.
Mientras el ciclo electoral de 2023 arrasó con gran parte de los partidos locales frente al empuje de La Libertad Avanza, Figueroa logró consolidar su espacio, ubicarse segundo en la provincia el 26 de octubre de este año y obtener representación modesta en ambas cámaras del Congreso.
Fragmentación geográfica electoral
Neuquén se convirtió en una “isla económica” dentro del país. Los indicadores lo confirman: crecimiento sostenido del empleo privado, exportaciones en ascenso gracias a Vaca Muerta y una masa de regalías que permitió reactivar obras paralizadas por la Nación y emprender un ambicioso plan vial sin precedentes.
Esta dinámica provincial se alinea como una “fragmentación geográfica de las preferencias electorales”, donde las jurisdicciones más prósperas o autónomas consolidan liderazgos que operan al margen de las grandes coaliciones nacionales.
La estrategia política de Figueroa responde a una lógica de equidistancia calculada y hasta incómoda.
Su discurso mantiene un tono prudente respecto del gobierno de Javier Milei: afirma no acompañar la derogación de derechos laborales, al tiempo que exhibe -con el gesto del pulgar cerrado- el “cero aporte” de la Nación en materia de obra pública, sin judicializar los reclamos como otras jurisdicciones.
Esta narrativa refuerza la idea de un Estado provincial capaz de sostener por sí mismo el desarrollo económico y social. Los sectores kirchneristas que confluyeron en La Neuquinidad subrayan precisamente esa centralidad estatal en contraste con la retirada de la Nación.
Sin embargo, Figueroa no cortó los puentes con el poder central. Su relación con Santiago Caputo, integrante del denominado “triángulo de hierro” del gobierno nacional, muestra una diplomacia de baja intensidad, pero de resultados concretos: la incorporación de modificaciones en los pliegos de las represas, la revisión de la Ley Bases -que devolvía la propiedad del subsuelo a la Nación- y el reconocimiento parcial de los gastos que Neuquén afrontó en el combate del incendio del valle de Magdalena.
A la vez, el vínculo con La Libertad Avanza presenta matices. La senadora electa Nadia Márquez, referente evangélica del espacio de Milei, evitó confrontar con Figueroa y reivindica su liderazgo como ejemplo de renovación política provincial.
Esta coincidencia pragmática refuerza la hipótesis de que, en un escenario donde el gobierno nacional buscará apoyos entre los provincialismos moderados, Neuquén podría ocupar un lugar, modesto pero relevante, en la nueva arquitectura del poder federal.
En suma, sobre esas bases se avecina una reconfiguración del elenco gobernante para poner en valor las fortalezas y encubrir las debilidades con el norte en la próxima elección provincial.
La franquicia del nombre de la alianza tendrá una ampliación de condiciones que, es probable, causen más ruido que el portazo de dos legisladores del bloque Comunidad en la Legislatura.
En un país que, como advierten Karamaneff y Jacobsohn, se asemeja a un archipiélago de poderes dispersos, la provincia emerge como el fragmento que echó la vida a andar.
Lo que se arriesga en la legislativa
La reciente configuración política de la Argentina confirma lo que Luis Karamaneff e Iván Jacobsohn, doctores en Ciencia Política, definen como un “archipiélago de gobernabilidad condicionada”, en el que la Nación depende cada vez más de las negociaciones con provincias que construyeron su propio andamiaje institucional y económico.
Registrate gratis
Disfrutá de nuestros contenidos y entretenimiento
Suscribite por $1500 ¿Ya estás suscripto? Ingresá ahora
Comentarios